UNA "NUEVA TENDENCIA" LLEGA A BARCELONA
Caminar sin zapatos, parece estar convirtiéndose en una nueva forma de vida en todo el mundo

Lo confieso: me quedé ojoplática perdida al leer esta "última moda", hace ya unos cuantos días, entre las paginas virtuales de "El Periódico de Catalunya". Y es que a una le encanta caminar descalza por casa desde siempre. Se me hace imposible no evocar aquel "ponte las babuchas", constante, de mi amada abuela, persiguiéndome en cuanto me pillaba con los pies descalzos. Es más, a la hora de escribir, me resulta condición sine qua nom descalzarme y pegar mis talones desnudos a los fríos azulejos. Si no lo hago así, las Musas no vienen a verme.
Dicen que produce sensaciones placenteras, difíciles de explicar si no se prueba y que es una experiencia muy grata pese a las miradas despectivas de las que son víctimas los practicantes de tan "novedoso uso". Y es que caminar descalzo sobre el asfalto, parece convertirte en un bicho raro, cuando, en realidad, sería lo natural. Por lo visto existen famosos que ya suelen ir descalzos, en público, cuando pueden. Tal es el caso de los hollywoodienses Uma Thurman, Eva Longoria, Nicole Kidman o Hugh Jackman. Pero hoy os traigo hasta estas línas el caso de tres ciudadanos anónimos barceloneses que siempre que pueden dejan los zapatos en casa.
Y, pese a que el ir descalzo no entiende de estaciones, la chocante imagen acabado el verano será más difícil de ver en la capital catalana. La razón, explicaba Juan Pedro en "El Periódico", no es otra que el hecho de que entre los miles de visitantes que llegan de vacaciones a Barcelona, muchos proceden de países donde esta práctica está más extendida. Sobre todo en ciudades de Nueva Zelanda y Australia se puede ver a familias con los pies desnudos realizando actividades propias de la vida cotidiana. Lo mismo ocurre en la costa Este de EEUU y en Centroeuropa. Para este profesor de educación física que lleva más de la mitad de sus 43 años prescindiendo del calzado, la mejor época es ahora, en otoño, y en primavera. «Que llueva no es problema, es muy agradable, pero puede ser peligroso si entras con el talón en los pasos cebra por si resbalas. En verano, te las has de ingeniar para hallar una sombra», explica. «Lo probé cuando era adolescente y lo dejé de hacer unos años porque mi madre no lo entendió. Luego volví a hacerlo y hasta ahora. No se puede explicar. Se siente todo lo que hay en el suelo, texturas, matices... En contra de lo que parezca, no te haces heridas», cuenta. Juan Pedro se define como «un tío normal de clase media». Su mujer y su hijo pequeño sólo van descalzos en casa.
La explicación de Juan Pedro es coincidente entre los testimonios que participan en grupos de descalzos que hay en internet. Uno de los moderadores del de Yahoo, Israel, recuerda cómo empezó: «Era una tarde de domingo. Tenía 13 años y desde hacía tiempo experimentaba un vivo deseo de hacerlo. Busqué un lugar donde dejar los zapatos escondidos, no lejos de casa, y me fui sin rumbo por Barcelona. Fue una de las experiencias más gratas que he vivido, aunque dura, porque al principio duele». Este barcelonés de 49 años procura ir descalzo en su vida cotidiana, aunque reconoce que topa con la dificultad de que su entorno familiar, incluida su mujer, ni comprende ni acepta la práctica. Otro problema es que en muchos sitios no les permiten entrar.
En cuanto a la higiene, dicen que no es un problema. «Es cierto que los pies se ensucian, y mucho, pero luego los lavas como te lavas las manos. Y nunca tienes problemas de hongos», aseguran ambos. De hecho, Sol, otro barcelonés que desde hace tres años va descalzo, apunta a beneficios terapéuticos: «Es como un masaje constante, se activa la circulación y la columna se posiciona bien desapareciendo los dolores de espalda». Y aunque dice que esta práctica va en aumento en Barcelona, este músico de 55 años lamenta que «falta mucho para llegar al nivel de otros países industrializados».
Por cierto, ¿os había comentado que no soporto los pies? ¡Los odio! Me parecen repulsivos y ni los toco ni permito que me los rocen. De hecho, quien desee agarrarme los pies corre el riesgo de quedarse si dientes puesto que mi reacción es siempre la misma: patadon al canto.
Sólo de imaginarme salir a la calle en una ciudad y ver a todo el mundo descalzo me entran nauseas. Ya véis, por un lado adoro andar descalza en privado y, por otro, en cuanto piso la calle me calzo con zapto cerrado, aunque estemos en agosto. Y es que, como decía mi amada abuela: "mi niña, eres el colmo de la contradicción"...Será porque yo lo valgo.![]()
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julianlennontorreslemus dijo
No deberia pero como que me da un poco de asco, es interesante no sabia que tenia esta barrera mental acerca de andar descalzo en la calle. Ojala que no prospere esa moda
15 Octubre 2009 | 04:51 PM