10 VECES 10 Y, LUEGO, 10 VECES MÁS
10 horas sin ti...La espera.
10 días sin ti...Colgados del teléfono.
10 tardes sin ti...Recuerdos.
10 noches sin ti...Helada soledad.
10 meses sin ti...No quiero imaginarlos.
10 años sin ti...Un tercio de mi búsqueda.

10 horas contigo...Risas cómplices y serena alegría.
10 días contigo...La felicidad del compartirme.
10 tardes contigo...Silencios repletos de nosotros.
10 noches contigo...Soñando con tu piel, después de acariciarla.
10 meses contigo...Agarrados de las manos.
10 años contigo...Los que hoy celebramos.

Hace años, el amor que te sentía me hizo escribir unos renglones casi tan bellos como tu propia alma.
Hoy, cuando se cumplen 10 años del día en que nos conocimos, quiero volver a hacerlos tuyos, míos, nuestros.
Hoy deseo volver a susurrártelos sólo a ti.
Porque son tuyos. Porque eres tú. Porque siempre serás tú. Porque eternamente seremos nosotros.
Como siempre fue y será...

"Me gusta verte dormir, tranquilo, relajado, como el bebé que descansa sobre el regazo de una amorosa madre.
Me gusta espiar tus sueños y observar cómo el diurno e interrogador ojo continúa igual de vivaz pese al telón de piel y carne que ahora lo cubre.
Me gusta observar el hinchado de tu pecho: gradual y constante, como una cálida y casi eterna marea empeñada en remojar mis desnudos pies, una y otra vez.
Me gusta, sobre todo lo anteriormente recordado, escuchar tus incipientes gimoteos y cómo balbuceas inconexas sílabas, asemejándote a un cachorrillo indefenso y abandonado.
Es en esos momentos, cuando te susurro un casi inaudible "ven conmigo", cuando tu mano, casi en un acto reflejo inconsciente, busca acomodarse entre mi pecho y mis brazos, cuando todo tu cuerpo yacente, se aproxima buscando mi calor, cuando me siento, dueña y señora de una parte de esa entrega.
Es entonces cuando mi orden se transforma en súplica, en ruego, en una necesidad vital de parar el tiempo. Me niego a que continúe el odioso tic-tac de este segundero maldito. No quiero que la llegada del alba nos arroje a un nuevo día de aburridas rutinas, de sosos sinsabores y de apáticas costumbres.
¿Por qué no se me ha otorgado la capacidad de parar el transcurrir de los astros?
¿Por qué siendo parte y todo de la Diosa Madre no recordé en el momento de parirme a mí misma que el tiempo podía convertirse en el mayor enemigo dentro del mundo corpóreo al que me veía abocada?
Es en ese instante, cuando un tímido rayo de sol, después de viajar atravesando universos, se empeña en azotar mi mirada -hasta entonces subyugada por la magia de este rostro que un día decidió mirar en mi misma dirección y anclarse en la bahía de mi vida-, es ahí, en este segundo tan odioso como esperado, cuando rompo la inmovilidad que me atenazaba y cuando mis labios, como sépalos de un orgiástico cáliz, se entreabren sobre un pedazo de esa piel que siento como mía, aunque viva fuera de mi propio ser.
Y es este gesto, este leve roce de pieles y de humedades, esta caricia casi prohibida, este secreto choque de existencias, el que me vuelve a elevar hasta mi propio cielo, al que siempre pertenecí y del que jamás he salido, puesto que yo soy el Todo y Todo está en mí.

Ahora ya no importan rutinas, costumbres, sinsabores. Ahora el tiempo pasa de cruel enemigo a personaje anecdótico porque, como cada mañana, vuelvo a sentirme yo: suprema, eterna, invencible, diosa, madre y creadora.
Ahora me atrevo a mirar, descarada, al rayo que continúa, inflexible, sobre mi frente. Ahora le sonrío: al fin y al cabo, sin mi persona, continuaría siendo un simple haz de fotones y no habría testigo alguno ni de su calor ni de su poder.
Ahora acompaño con el ritmo de mis pensamientos al tic-tac acompasado que canturrea desde el reloj: tiempo amigo terrenal, ase fuerte mis manos y acompaña a ésta, tu dueña, en el transitar de su vivencia actual. Ahora ya nada existe ajeno a mí.
Ahora, amaneciendo juntos, ambos sabemos que SOMOS.
Ahora ya no existo ajena a nada.
Ahora, con la simplicidad de un suspiro, he recordado que Soy."
Quiero que sean tus ojos verdes los que me guíen más allá de esta vida.
Quiero que sea tu elegante mano la que apriete la mía cuando llegue el momento de mi partida.
Quiero que sea tu voz la última melodía que lleve conmigo cuando el viaje sea irremediable.
Quiero que sea tu olor quien me abrace y me acompañe cuando, más allá del arcoiris, me siente a esperarte, a los pies de nuestro frondoso Sabius, rodeada de todos nuestros bichos amados.










































































































fragola dijo
son siempre 10 motivos para estar con essa persona q lindo
19 Septiembre 2009 | 06:54 AM