MI PROPIO HOMENAJE A TI, DANI JARQUE.

Domingo por la tarde. Son casi las ocho y el día comienza a caer. Empiezo a escribirte desconociendo cómo ni cuándo terminaré. Girando el cuello hacia la izquierda, dejo que mis ojos se pierdan entre el verdor de la plaza. Varias personas pasean por ella. Una chica le lanza a su pastor alemán lo que, desde aquí, parece un palo. El perro, enloquecido, corre a buscarlo una y otra vez. Yo vago, sin embargo, entre el recuerdo alegre de hace sólo siete días, cuando celebrábamos la inauguración de nuestro nuevo estadio y el presente desgarrador actual, empeñado en abofetearme, una y otra vez, con la tristeza de tu ausencia.
Todo parece seguir igual. Una bicicleta alquilada vuelve a reposar, anclada al poste frente a la biblioteca. La piscina se adivina vacía porque sus aguas se mantienen en calma. Una paloma remonta el vuelo frente a los pies cansados de una pareja de ancianos. Sólo mi bandera perica, con un negro crespón en el centro, parece gritarle a la sierra que algo ha cambiado. Mecida por un más que fresco viento anunciador de tormentas, intenta llamar la atención de los viandantes. Viandantes que, enfrascados en sus prisas, sus problemas y sus propios yos, no reparan en elevar su mentón hasta llegar a alcanzarla con sus miradas.
Lunes al mediodía. La plaza sigue siendo transitada por ciudadanos sin nombre. Ahora mismo, en la preciosa Toscana, un forense examina tu cuerpo mortal. Mientras, en tu casa de Castelldefels los tuyos, destrozados por tu marcha, intentan aferrarse a la idea de que todo lo vivido no es más que una horripilante pesadilla de la que despertarán de pronto, cuando aparezcas, sonriente, como siempre, abriendo la puerta del hogar. Pero eso no sucederá.
El canturreo de mis periquitos, Fito y Coji, vuelve a trasladarme hasta esa sensación de que todo continúa igual. Es raro. Todos nos iremos algún día, igual que todos llegamos aquí en un determinado momento y, sin embargo, todo permanece inalterable. Los toldos verdes prosiguen con su leve ondear bajo los castigadores rayos solares de un tórrido agosto. Las torres eléctricas interrumpen el sensual dibujo de la montaña, como siempre hacen. El ruido molesto de los motores logra alzarse, infatigable, hasta mi alta ventana, como cada día. El cambio no existe y sin embargo, tú ya no estás.

Tú ya no estarás recogiéndote el pelo, frente a la puerta contraria, a la espera de que Luis centre desde la esquina el mejor de los balones. Ya no estarás para gastarle a Coro las bromas que siempre os hacíais. Ya no estarás arrasando al futbolín junto a Iniesta, tu rival en colores y, sin embargo, tan grande amigo tuyo. Ya no podrás ruborizarte más ante la pregunta indiscreta del periodista de turno. Tú ya no romperás el juego atacante al robarle el balón al mejor delantero centro del mundo.
Lunes noche, casi madrugada del martes. Parece que mañana podremos, por fin, rendirte el tributo que te mereces. Dentro de unas horas me acercaré hasta nuestro estadio donde mi espíritu te despedirá y acompañará, entristecido, a tu desconsolada familia, a tus apenados amigos y al resto del equipo que ahora anda perdido. Somos pollos a quienes nos han arrancado la cabeza de cuajo y continuamos caminando pero ya sin saber a dónde.
La luces de las casas se asemejan a llamas de votivas velas. Iluminan la oscuridad reinante, aquí y allá, transformadas en versos de una silente letanía que repite tu nombre una y otra vez. El ciprés de la plaza, tan solitario como ya es habitual en él, permanece impertérrito, sin mover ni la más mínima rama. Las aspas del ventilador rotan a mi espalda, como siempre. Todo sigue igual. La noche avanza. Los sueños regresan. Las sábanas se desperezan antes de acoger a la marea de cuerpos que comienzan a acecharlas. En la tele, a mi derecha, en una película que no me importa, en un canal que ni sé cuál es, el llanto de un bebé recién nacido reclama mi atención. Nuevas vidas se abren paso. Otros, seguís viajes. La rueda existencial no cesa de girar en esta eternidad que nos observa, nos crea, nos da vidas y nos mata. Sí, todo sigue igual, pero tú ya no estarás.
Hasta dentro de unas horas, Dani.
(Continuará...)

































































































huellasperdidas dijo
Me enteré de la noticia en mi pueblo... joder, ya se que este tipo de cosas pasan sin explicación, pero igualmente no es justo que todo un deportista como Dani se vaya asi de repente de un ataque al corazón... lo siento mucho de veras... es simplemente muy triste... descanse en paz Dani Jarque y da fuerzas a tus compañeros y familia en los momentos duros, porque ellos no se van a olvidar de ti.
11 Agosto 2009 | 02:17 AM