La Coctelera

clitoris

27 Julio 2009

¡VÉRTIGO!

Además de una muy buena película dirigida por el genio de  Alfred Hitchcock, el vértigo es una sensación impresionante e inolvidable que desconozco si has sentido, realmente, alguna vez. Y digo realmente porque no me refiero a ese simpático salto estomacal que te revuelve por dentro cuando, por ejemplo, montas en la noria de la feria. No. Hablo de verdadero vértigo que te impide moverte, agita y/o corta tu respiración, te eriza el vello y provoca una absoluta taquicardia en tu corazón. Yo lo he experimentado dos veces.

La primera fue en tiempos casi antediluvianos , cuando contaba con 14 añitos y visitaba Barcelona por vez primera. Osada y aventurera, como siempre, decidí subir a pie las torres de la Sagrada Familia, junto a mi padre. Uno a uno, los escalones fueron vencidos por nuestras personas hasta encontrarnos arriba del todo. Disfrutamos de una vista espectacular y me hinché a sacar fotos con mi camara de entonces. Todo era perfecto hasta que comenzamos el descenso, de nuevo, a pie.

No sé si en la actualidad el sistema será el mismo, puesto que aún no me he atrevido a volver a visitar tan magnífica obra de Gaudí, pese a llevar viviendo en Barcelona casi ocho años, pero por entonces las escaleras de caracol no disponían siquiera de una baranda con pasamanos. Así que, al bajar, mi vista discurría entre el tremendo vacío del hueco de la escalera y unos socavones bestiales que decoran las torres y que hacen las veces de respiraderos y tragaluces. Entre eso y lo alto, estrecho y corto de cada escalón, mi mente sólo pensaba en que si uno resbalaba no habría escapatoria posible: o te caías al vacío por un lado o te escurrías por un tragaluz, practicando puenting sin cuerda. Fue justo en ese momento cuando llegó el vértigo.

Ni para arriba, ni para abajo. Ni a la derecha, ni a la izquierda. Allí me quedé, más clavada que una estaca en el corazón de un vampiro, incapaz de dar ni medio paso mientras empezaban a temblarme piernas y muslos. Delante, mi padre. Detrás, la típica manada de guiris ávidos de mucho más... ¡Y la niña sin moverse! Todavía hoy recuerdo, perfectamente, lo mal que lo pasé. Gracias a los cielos mi padre conservó la calma y fue animándome a dar pasito a pasito hasta alcanzar el corredor exterior situado entre las torres. Allí, dándome el aire, logré recuperar algo de valentía que me lanzó a volver a bajar los pétreos escalones.

Por las caras que tenían mi madre y mi abuela cuando llegamos abajo, debimos tardar más en realizar el descenso que en correr una maratón. Creo que no he sudado tanto en toda mi vida, de la fatiga tan enorme. Y lo mejor de todo es que nunca antes había sentido tal vértigo, pese a haber subido a lugares peores como la Torre Eiffel, la de Pizza o el mirador más alto de San Pedro, en El Vaticano.

Durante años no volví a experimentar una sensación así hasta un verano en Nueva York. Creo que hizo justo 15 años de esto hace un par de semanas.

En aquella ocasión había viajado hasta la Gran Manzana, de nuevo junto a mi padre y, además, junto a mi primo pequeño y, claro, teníamos que subir con el enano -debía contar con unos 11 años por entonces- hasta el piso 116 de las tristemente desaparecidas Torres Gemelas, como poco.

Una vez en dicho piso, hallándonos en el mirador interior y para no perder la costumbre, empezamos a sacar fotos y a grabar videos de las increíbles vistas que a tanta altura podíamos disfrutar. Al poco, mi primo vio los asientos panorámicos. Para que te hagas una idea -con ayuda de la foto lo podrás imaginar mucho mejor- dichos asientos estaban colocados por debajo del propio suelo del piso. Pegados a los inmensos ventanales -pero pegados, pegados, pegados- si te sentabas en ellos, pareciera que en realidad te sentabas al borde de la pared con las piernas en el vacío, puesto que los pies descansaban precisamente sobre más cristales. ¿Adivinas quién se sentó en uno de ellos con su primito?

 

 

Lo mejor de todo fue que, como no podía ser de otra manera, al poquito de ubicarme en dicho "asiento colgante" mi primo me hizo la típica gracieta de empujarme contra los gruesos vidrios. El angelito no tardó ni medio segundo en constatar que me agarrotaba el vértigo y, claro, todo su afán se centró en empujarme más y más contra el acristalado vacío. Me costó un triunfo volver a subir el par de escalones que me devolvían hasta el "suelo firme".

Sin embargo, adoro mirar por la ventanilla del avión cuando viajo, tengo unas ganas locas de montar en globo y de, a poder ser, experimentar lo que ha de sentirse al practicar el vuelo sin motor. Sin duda, también en esto, soy más rara que un político filántropo.

Y a todas éstas, tú te debes estar preguntando a qué viene todo este rollo vertiginoso que te cuento. Pues es muy simple. Mira aquí abajo:

 

 

 

 

 

Se trata de "The Ledge", una atracción consistente en un mirador transparente sito a 412 metros de altura. Concretamente se encuentra en la Torre Sears, el rascacielos más alto de EEUU, situado, a su vez, en la ciudad de Chicago y, en cuanto di con él por casualidad, el vértigo se sentó a mi vera.

La plataforma de cristal transparente da la impresión de encontrarse suspendida en el aire, pero, en realidad, sus muros acristalados de cuatro centímetros de grosor se hallan perfectamente anclados.

El popular mirador se inauguró hace unas cuantas semanas y desde entonces atrae en los días despejados a unos 25.000 visitantes que, previo pago de 15 dólares (unos 11 euros), suben en ascensor hasta el piso 103 (el edificio tiene 110 plantas)...Alguien se está forrando gracias al vértigo ajeno o a la carencia de él.

Los arquitectos se plantearon crear un mirador al aire libre, similar al del Empire State Building de Nueva York, pero el intenso viento que sopla en Chicago les hizo desistir de la idea y optaron por una plataforma cerrada.

Me gustaría visitar Chicago algún año de éstos y tengo más que claro que, en ese caso, me auparé hasta "The Ledge"...Otra cosa será ver cómo me bajo de allí o, lo que es peor: cómo me bajan de allí.  Eso sí, si sigues por aquí, ten por seguro que te lo contaré.

servido por Clítoris 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Luis el Vampiro

Luis el Vampiro dijo

A mi me da vértigo las alturas,pero cosa curiosa,no siempre,para que suceda tienen que haber cierto requisito y es sentir que realmente no estoy seguro.

Por ejemplo en el The Ledge nunca me sucedería por que se que estoy pisando en firme y que es seguro,en cambio otra cosa muy distinta es estar en el techo inclinado de un edificio,ver los coches y a las personas como hormigas y saber que un error mio o una ráfaga de aire fuerte me puede precipitar al abismo.

Cuando estoy en posesion del miedo a las alturas,no solamente se me engarrotan los musculos si no que mi cuerpo tiende a lanzarce,no se por que sucede eso,pero esa es lo mas peligroso,que sientes que te vas a caer de verdad y el mismo cuerpo como que te traiciona.

En Epcot uno de los parques del mundo de Disney en Orlando Florida existe una atracion llamada Soarin que es maravillosa y da un vertigo seguro por que te sientes realmente en el aire,pero aun asi la esperiencia es fabulosa.

simula un vuelo con ala delta pacífico sobre el Golden State de California.

Abróchate el cinturón de seguridad en el multi-planeador de pasajeros y se levantara 40 pies en el aire.
Un domo de proyección IMAX envuelve 180 grados a tu alrededor, por lo que está envuelto por el impresionante paisaje.
Cámaras especiales en aviones y helicópteros capturan muchos de los disparos y el ala se mueve de la misma manera que la aeronave, por lo que te sientes como si estuvieras volando mientras se deslizan sobre esas maravillosas vistas y lugares como:

* San Francisco
* Golden Gate Bridge
* Redwood Creek
* Napa Valley
* Monterey
* Lake Tahoe
* Yosemite National Park
* Camarillo
* Anaza-Borrego Desert State Park
* San Diego
* Malibu
* Los Angeles
Obtener una vista de pájaro en un torneo de golf PGA West, una exhibición de esquí y snowboard, y flotar por encima de los vaqueros a caballo.
Sientes el viento en tu cabello. El aire se llena con el aroma de naranjos, perennes y la brisa del mar.
Tus pies estan libre. Bien abajo tan cerca de la olas del Océano Pacífico, que piensas que los dedos de los pies se moja.
Luego regresas al cielo y sigues en Soarin 'a una fantástica final de fuegos artificiales que estallan en colores sensacionales a su alrededor.
Sencillamente maravilloso!! te lo recomiendo

27 Julio 2009 | 05:15 AM

Ra

Ra dijo

Bonitas vistas, pero te aseguro que yo no me siento en ese lugar ni de coña. Yo la verdad es que vertigo como tal no lo he sentido pero he de reconocer que para eso de las alturas soy un poco cagueta, jejejeje.

Un besazo

27 Julio 2009 | 08:42 PM

Irrintzi

Irrintzi dijo

El vértigo es un fenómeno muy interesante. También se le llama "mal de altura", porque suele ser una sensación que se experimenta cuando uno se encuentra muy alto (en sentido físico, quiero decir -aunque quizá también en otros sentidos: así, se habla del "vértigo del poder", por ej.-).

En cualquier caso, su interés reside en su carácter ambivalente. El vértigo se experimenta solo cuando uno se halla a una gran altura sobre el nivel del suelo sin ningún elemento de protección, pero desaparece milagrosamente cuando uno se encuentra a la misma altura pero hay algo que le hace sentirse protegido. La altura es idéntica: lo que cambia es la sensación de "seguridad" (por tanto, no tiene un fundamento objetivo, sino subjetivo).

Es lógico que uno sienta vértigo cuando, por ejemplo, se encuentra al borde de un alto acantilado frente al mar (porque se da cuenta de que cualquier causa ajena a su voluntad -un golpe de viento, un resbalón accidental, el empujón de algún "bromista"- podría arrojarlo al vacío), mientras que uno dejar de sentirlo cuando se halla, pongamos por caso, en la terraza de un rascacielos cuyo perímetro está rodeado por una sólida barandilla (aquí no hay nada que temer: todo está controlado).

Bah! -dirán algunos-, la explicación es sencilla: en el primer caso, la sensación de vértigo proviene de que nos sentimos en peligro porque nos encontramos indefensos; en el segundo, la falta de esa sensación deriva de que el "elemento de protección" nos hace sentir seguros.

Pero la cosa no es tan sencilla. Hay una hipótesis mucho más profunda e interesente sobre el vértigo...La da el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre (no confundir con el actor, también francés, Jean Paul Belmondo, por más que ambos fueran "feos") en su monumental y abstrusa obra "El Ser y la Nada". En ella, Sartre sostiene que la sensación de vértigo que nos embarga cuando nos encontramos a una gran altura sobre el suelo sin protección alguna no proviene del TEMOR A CAERSE al vacío por una causa INVOLUNTARIA, sino, muy al contrario, del miedo a DEJARSE ARRASTRAR AL VACÍO VOLUNTARIAMENTE. Y ello, porque, según él, el Ser "se sostiene a pulso" sobre la Nada, lo cual implica un esfuerzo y, por tanto, siempre está tentado de dejarse llevar por la comodidad y caer de nuevo en esa absorbente nada. Por tanto, la sensación de vértigo proviene, no del miedo a un accidente externo a nosotros, sino del sentimiento interno de nuestra propia LIBERTAD: estamos en lo alto del acantilado y solo de nosotros depende decidir si queremos continuar ahí o dar un paso adelante y arrojarnos al mar: el vértigo deriva, pues, de una instánea y repentina toma de conciencia de que somos absolutamente libres para elegir entre ser o no ser, lo que implica una gran responsabilidad (de hecho el filósofo francés concebía la libertad en un sentido negativo, como lo prueba su frase: "el hombre es un ser CONDENADO a la libertad).

Pero dejándonos ya de tediosos "filosofemas", por lo que a mí respecta, la máxima sensación "física" de vértigo de toda mi vida la experimenté una noche en el Parque de Atracciones de Madrid, cuando se me ocurrió la genial idea de subirme a un artilugio -cuyo nombre no recuerdo en este momento- que te remonta lentamente a unos 100 metros de altura y luego te suelta de repente proyectándote hacia el suelo en "caída libre" durante unos segundos interminables: sentí, literalmente, como si me muriese, como si el estómago se me saliera a través del esófago, como si mi alma abandonara mi cuerpo saliéndome por la garganta... (al hilo de ésto, es curioso cómo ni la Santa Inquisión, tan imaginativa a la hora de crear instrumentos de tortura -y no pretendo con ello herir los sentimientos religiosos de nadie...- haya sido capaz de inventar artilugios tan tortuosos como los que existen en los actuales Parques de Atracciones...).

Sin embargo, debo confesar que el clímax de la sensación de vértigo en su dimensión "psíquica" -de una intensidad y profundidad infinitamente superior a la "física"- lo he sufrido en las ocasiones en que he estado...ENAMORADO.

27 Julio 2009 | 11:21 PM

Clítoris

Clítoris dijo

Luis, me has recordado un sueño repetitivo que tenía hace ya muchos años. Iba caminando por unos enormes puentes sobre el océano. No había tráfico. Yo estaba sola y los puentes además de muy largos eran muy, muy anchos. Sin embargo, sin saber el motivo, me resbalaba hacia los lados. Nunca me caí, pero acababa arrastrándome y luchando por agarrarme al suelo para no resbalar hacia los lados y car al mar.

Suena genial esa atracción que dices. Lo más parecido que he vivido es asistir a proyecciones en un cine IMAX de aquí, Barcelona, con una pantalla de tamaño colosal. Y hace ya muchos años, en la Exposición Universal del Sevilla 92, también disfruté de una especie de cubo IMAX, donde me lo pasé chupi, jeje.

Un abrazo y cuidado con arreglar tejados:(;).

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Ra, pues a mí las alturas me encantan, salvo en contadas excepciones como las más arriba expuestas;).
Un besito, preciosa:).

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Irrintizi, yo no diría que el mal de altura y el vértigo son lo mismo. Es más, el vértigo es una de las características del mal de altura, pero éste es mucho más complejo ya que viene acompañado de problemas circulatorios, dificultad para respirar, dolor de cabeza, etc.
En cuanto a que el vértigo sólo se sienta estando a gran altura, tampoco me muestro de acuerdo contigo porque muchísima gente puede sufrirlo por problemas de oído o de cervicales, encontrándose a ras del suelo o, por ejemplo, en mi primera visita a la Gran Manzana, me sucedió que los primeros días me mareaba el hecho de, situada en el suelo, doblar el cuello para ver la parte más alta de los rascacielos.

Eso sí: totalmente de acuerdo en que tanto Sartre como Belmondo eran feos, jeje. Claro que lo de la belleza es tan subjetivo...

Gracias por la explicación de Sartre, no la conocía y me ha parecido la mar de interesante aunque no comulgue con parte de ella;).

En cuanto al Parque de Atracciones madrileño, siempre que fui era la encargada del guardarropa. Vamos, que no me subía en nada y me quedaba abajo con los bolsos, mochilas, chaquetas y demás ropajes de los otros, mientras ellos sufrían a gusto y yo me partía de risa, tranquilita, observándoles desde la lejanía.

Y ahora sigo, que mejor edito ya esto no se me vaya a colgar este ordenador que anda peor que Fraga en una maratón;).

29 Julio 2009 | 04:30 PM

Clítoris

Clítoris dijo

Como decíamos ayer...Vamos, que se colgó justo al momentito de editar el comentario anterior. Menos mal que soy más previsora cada día, jeje.

¿Por dónde iba?...¡Ah, sí!

Con respecto a la mal llamada -criterio personal- Santa Inquisición, Irrintxi, puede que le apetezca pasarse por los siguientes enlaces:

http://clitoris.lacoctelera.net/post/2006/02/19/los-monograficos-...-

http://clitoris.lacoctelera.net/post/2006/03/26/los-monograficos-...-

http://clitoris.lacoctelera.net/post/2006/03/26/los-monograficos-...-

Tal vez su lectura le resulte interesante.

Y ya en relación a su último párrafo, yo prefiero la TOTALIDAD del AMOR DE PAREJA, es decir: gustar+desear+querer+enamorar+amar...Sentirme enamorada está bien, pero me resulta tan pobre con respecto a la globalidad de dicho sentimiento...

29 Julio 2009 | 05:55 PM

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