Querido Michael:
No sé qué más decirte tras esta tarde-noche abrazados, contemplando el maravilloso memorial que tus familiares y amigos te han ofrecido y han compartido con más de medio mundo.
Sabes que me hubiese encantado poder estar allí, acompañándote, acompañándoles, pero en realidad no me ha hecho falta cruzar un océano para vivirte, porque te he sentido pegado a mí durante todo el tiempo.
Sonreías frente a mí al contemplar cómo las lágrimas surcaban mis mejillas y me hacías cosquillas en un intento de arrancarme una pueril carcajada. Se parecían estas lágrimas a aquéllas, hace tanto compartidas, cuando, en mi adolescencia, mi sempieterna soledad se aferraba a mi cintura y, entonces, mi sombra huía en tu busca, hasta nuestra tierra de Nunca Jamás.
Estas últimas horas las hemos vuelto a pasar juntos, en compañía, mientras de fondo suena tu voz, danzan tus pies y se entrelazan nuestras almas. Hoy, cuando de forma oficial los tuyos te hemos dicho adiós y te hemos animado a continuar por el camino de baldosas amarillas, hasta descubrir tu propio Oz, consigo sonreir al saberte feliz. Porque sí, así es, así te noto: pleno, radiante y entregado a esta nueva andadura existencial, donde andas empeñado en enseñar tu paso lunar a un atareado Vicente Ferrer, que se te adelantó en el viaje.
Sonreíste frente a mí cuando el llanto se aferró a mi garganta al contemplar a tu pequeño Prince Michael, sosteniendo entre sus pequeñitas manos un muñeco confeccionado a tu imagen y semejanza.
Sonríes ahora, mientras escribo estas líneas y te asomas, inquieto, curioso y divertido, sobre mi redondo hombro derecho para espiar lo que mis dedos teclean y tu alma ya sabe de antemano que iba a escribir.
Por ello tampoco yo quiero dejar de sonreir. Porque como tú mismo decías y defendías, la sonrisa es uno de los mayores tesoros que tenemos, si no el mayor. La sonrisa es alegría, pureza, fuerza, transparencia, naturalidad, generosidad, confianza, AMOR. Por eso, hoy sonrío mientras las lágrimas vuelven a surcar mi rostro al recordarte, al recordarnos, y presionas mi hombro con tu silenciosa presencia en mí.

Anoche me hiciste un maravilloso regalo. Hace casi 24 horas que me guiaste hasta un lugar en la red que me desveló aún más los entresijos de tu espíritu. Allí, como bien sabes, me topé con todos tus textos, relatos, cuentos y narraciones editados hasta ahora y volví a sucumbir ante tamaño sortilegio mágico. Así que, hoy, con tu permiso -o sin él- voy a traer hasta aquí una de esas historias que tu corazón relató a través de tus dedos y que tu mente plasmó sobre un papel, a saber cuándo.
Mi penúltimo deseo de hoy es que todos los que escudriñen estos renglones descubran también al Michael que me enamoró cuando yo debía contar 11 ó 12 años. Un Michael que puede que, por entonces, no viviese aún en ti de forma consciente, pero que te dio la existencia que hace menos de dos semanas abandonaste. Hoy quiero que seas tú mismo el que roce cada uno de los corazones de los lectores que por aquí se aventuren. Hoy, son tus propias palabras las que adornarán sobremanera este humilde blog.
Pero antes, permíteme regalarte algo...
No, hoy no vas a "trabajar". Hoy no vas a bailar, ni a cantar en este espacio virtual. No. En esta ocasión quiero regalarte tu canción favorita en boca de tu hermano Jermaine. Vuelvo a traértela, aunque hace pocas horas que la escuchaste en directo, mientras te emocionabas y, entonces, era yo la que emergía de entre mi propio torrente de lágrimas para llenarte de cosquillas, creadoras de incontenibles carcajadas.
Sonríe, Michael.
Sonrío, Michael.
Sonríamos, Michael.
¿Que cuál es mi último deseo? Cuando nos encontremos en "Nunca Jamás", te lo cuento.
Gracias.
Te quiero.
Hasta pronto, mi eterno niño.



(Fuente: http://www.lacortedelreydelpop.com/dancingthedream.htm )

















parisbarna dijo
Ei hola!
Uno de tus ídolos se ha ido aunque ha dejado muchas buenas canciones y más cosas para recordarle, lo siento mucho!
Descanse en paz.
Un abrazo guapa y buenas noches fresquitas!!! mua!
8 Julio 2009 | 12:38 AM