A veces llegan cartas...
Anteayer llegaron a casa nuevas noticias de Subadra Kumari.
Subadra tiene ya 16 añitos, aunque aparenta tres o cuatro menos y vive en Angammana, una comunidad sita en Sri Lanka, ese país tan precioso y tan castigado por tantas guerras cruentas y tantas luchas internas. Luchas que nos tenían el corazón en un puño al pensar en la seguridad de esta niñita y de sus seres queridos.
Subadra es la ahijada de mi amor de vidas y siempre que recibimos fotos y cartas suyas, gracias a la perfecta planificación de la ONG Plan España, sonreímos, nos emocionamos e imaginamos cómo serán sus vidas en ese otro lado de este mundo nuestro.
Subadra nos ha vuelto a enviar una foto individual suya y otra en la que aparece junto con su mami, una mujer a la que debo sacar un puñado de años y que, sin embargo, parece mi madre, pese a verse sana, contenta y relajada. Está claro: no es lo mismo envejecer en el primer mundo europeo que en la antigua Ceilán. Ambas sonríen a la cámara, aunque no podéis disfrutar de sus maravillosas sonrisas porque he preferido salvaguardar su intimidad, al no disponer de permiso suyo a la hora de publicar las imágenes.
Me hizo mucha gracia el retrato en solitario de Subadra. Como véis, aparece manteniendo entre sus manos un cómic. Es como si supiese, adivinase o acaso sintiese que su padrino es un "devoracómics" y que guarda alguna que otra colección de "colorines" -así los llamamos en mi islita- bajo siete llaves.
A veces sueño despierta con poder ir a visitarlas. Creo que a mi amor de vidas le daría cierto reparo hacerlo. ¡Esa eterna timidez suya!
Ahora me paso los días mirando el buzón. La misiva de Subadra significa que, en breve, es más que posible que reciba últimas novedades de mi propia ahijada, mi querida Imán, una jovencita egipcia a la que me encantaría llegar a abrazar un año de éstos. ¡Quién sabe! Cosas más raras suceden y me ocurren, día sí, día también. Además, Egipto es uno de esos destinos que no puedo dejar de pisar.
Gracias, Plan España por permitirnos soñar, a la vez que ayudamos a quienes más lo necesitan.
¿Y tú? ¿A qué esperas para regalar felicidad, salud, estudios, posibilidades, seguridad y alegría por casi nada?
¡Anímate y lánzate a apadrinar!
¡Con muy poco puedes hacer muchas cosas!


































































































giverny dijo
Te comprendo perfectamente porque yo también tengo un nene apadrinado desde hace unos cuatro años, cada vez que llegan sus fotos, sus dibujos y sus cartas es una enorme alegría. Me uno a ti para qué los amigos se animaen ha apadrinar, muchos granitos de arena hacen una playa:-)
Besos.
18 Junio 2009 | 06:25 PM