"(...)-Y usted, señora, ¿qué estudios tiene?
-Soy licenciada en Ciencias Químicas.
-¿Se dedica usted a la investigación?
-Usted lo ha dicho, doctor. Pero no a la investigación científica, sino a otra muy distinta: soy detective diplomado.
-¡Ah! -exclamó con simulada sorpresa el médico-. ¡Qué profesión más fascinante!
Pero lo que verdaderamente pensaba es que no había tardado mucho la señora de Almenara en declarar uno de sus delirios: creerse lo que no era. Pretendió ahondar algo en este tema.
-Realmente fascinante... -insistió el doctor.
-En efecto: lo es -confirmó Alice Gould con energía y complacencia.
-Dígame algo de su profesión.
-¡Ah, doctor! Su pregunta es tan amplia como si yo le pidiera que me hablara usted de la Medicina...
-Reláteme alguna experiencia suya en el campo de la investigación privada. Seguramente serán muchas y del máximo interés.
-Cierto, doctor. Son muchas e interesantísimas. Pero todas están incursas en el secreto profesional.
-¿Conoce su marido el despacho donde usted trabaja?
-No.
-¡Es asombroso!
Alice Gould le miró dulcemente a los ojos.
-¿Puedo hacerle una pregunta, doctor?
-¡Hágala!
-¿Conoce su señora este despacho?
El médico se esforzó en no perder su compostura.
-Ciertamente, no.
-¡Es asombroso! -concluyó Alice Gould, sin extremar demasiado
su acento triunfal.
-Este lugar -comentó el doctor Ruipérez- ha de estar obligadamente rodeado de discreción. El respeto que debemos a los pacientes... La detective no le dejó concluir.
-No se esfuerce, doctor. También yo he de estar rodeada de discreción por el respeto que debo a mis clientes. Nuestras actividades se parecen en esto y en estar amparadas las dos por el secreto profesional.
-Bien, señora. Quedamos en qué su marido no conoce su despacho. Pero ¿sabe, al menos, a qué se dedica usted?
-No. No lo sabe.
-¿Usted se lo ha ocultado?
-De ningún modo. El no lo sabe porque se empeña en no saberlo. Por ésta y otras razones, creo sinceramente que es un débil mental.
-Muy interesante, muy interesante...(..)"

(Texto extraído de "Los renglones torcidos de Dios", obra de Torcuato Luca de Tena)