MIS ARTÍCULOS AJENOS:
Hoy traigo hasta vosotros un artículo con el que di hace ya unas cuantas semanas, entre las hojas virtuales del periódico catalán "La Vanguardia".
Trata sobre uno de los mayores estafadores vivos que puedan existir sobre la faz de esta pelota azul. O al menos, así catalogo yo, desde siempre, a Sai Baba.
Me reí mucho con las formas irónicas de su autor y con la maravillosa descripción que hace de todo lo que aconteció ante sus ojos en Puttaparthi. Espero que, al menos te haga sonreir a ti también y te lleve a investigar más sobre este personaje, si es que aún no lo conocías.
Sai Baba, el ocaso de un dios menor

Jordi Joan Baños/www.lavanguardia.es
Hemos venido a avistar a dios en Puttaparthi, como decenas de millares cada día. Y un adepto rapado, de mirada azul cielo, nos lo confirma: "Ahora mismo el único dios sobre la Tierra es Sai Baba. Lo podéis ver a las cinco de la tarde". Hoy como hace cuarenta años.
Una peregrina española -llamémosla Enriqueta- nos acompaña a Puttaparthi. Lugar que, como su nombre indica, no está precisamente cerca. A no ser que uno se encuentre en la ejemplar fundación de Vicente Ferrer -a quien deseamos una pronta recuperación- en Anantapur, situada a un par de horas. De hecho, una de las universidades de Sai Baba linda con el campus del Rural Development Trust de Ferrer. Y es que Sathya Sai Baba no es un milagrero al uso: por si acaso construye hasta hospitales.
El "dios viviente" cuenta con millones de seguidores, no solo en el sur de India, donde su imagen es ubicua, sino en Occidente y Rusia. Un hospital mastodóntico y rosado es un aviso de que llegamos a Saibabaland. El efecto Walt Disney se intensifica en la avenida de edificios desmesurados -siempre remachados por una flor de loto- como una escuela de música con dos guitarras a modo de columnas, un espectacular gimnasio y otro enorme y singular hospital (cuenta con una más en Bangalore, en cuyas cercanías está su ashram de verano -tiene un tercero).
En esta parte hay un montón de tiendas cuya única mercancía -en realidad, la única mercancía en Puttaparthi- son imágenes del Baba -más joven- en múltiples objetos. Pensiones y restaurantes vegetarianos han proliferado para este singular turismo, contemplativo donde los haya. En su museo, Sai Baba se pone a la altura de Buda, Jesús... o Mahoma, que habría profetizado su advenimiento. Este se habría producido como reencarnación de Sai Baba de Shardi -un santón popular en el norte- a su vez un avatar de Shiva, de quien Sathya Sai Baba sería "el avatar más completo desde Krishna".
Junto a su ashram se tuvo que construir un "diosódromo" para su benéfica contemplación. Un híbrido entre párking y salón de banquetes chino, que mezcla enormes farolillos con lámparas de lágrimas. Antes mortal que sencillo. En la sesión de tarde, la hectárea y pico tarda dos horas en llenarse. Abrumadora mayoría india -pequeños empresarios de lejos, pobres de más cerca. Algún padre ruso con su niño deficiente. Y un joven yanqui todavía emocionado por una mañanera interacción -verbal- con la deidad: "Lo que cuenta no es que sea dios o no, pero sí, lo es".
Y entonces se pide silencio y aparece Él. Ya no pasea calladamente su presencia entre la multitud, sino que es empujado en una silla de ruedas reconvertida en tronomóvil dorado. Da un enorme rodeo por una pasarela para que nadie se pierda el "darshan" o contemplación. A su paso, el gentío no puede contenerse y se alza como una ola. Sai Baba, octogenario, viste aún como Fofó, encarnado, pero su peinado afro se ha convertido en una escarola a la intemperie. Para el no adepto, deja un halo deprimente.
Un grupo de mozos de su escuela le danza el Ramayana, de espaldas a la muchedumbre. Pero los ojillos de este ceniciento dios menor parecen ya más pendientes de su reencarnación, que ha anunciado para ocho años después de "desencarnar". Sai Baba Trust no debe preocuparse. El maestro ya ha escogido a su futura madre. Su paraíso no se irá al infierno. El show se acaba, pero mañana hay más.
Enriqueta se deshace en comentarios sobre su habilidad para materializar objetos. "Aunque cada vez le cuesta más regurgitar huevos de oro", lamenta. Su especialidad es el vibhuti, la ceniza sagrada que hace brotar de sus dedos de prestidigitador -su truco ha sido filmado. A Enriqueta, que asegura que su joven marido -el rapado al cero del principio- es "un extraterrestre" y su nieto "un lama", la han convencido para cambiar su medicación contra la diabetes por un pellizco de vibhuti. Y a trocar un piso en Baleares por otro en Puttaparthi. Auténtica prestidigitación.

Un émulo de Jesús observa al nuevo "mesías" desde una distancia prudencial. Hace bien. Son muchas las acusaciones de abuso y pederastia que recaen sobre Sai Baba, por supuesta afición a untar perineos y penes con aceites, sin duda sagrados. Cuatro alumnos intentaron asesinarlo, pero fueron acribillados. El intocable es Él. Primeros ministros y presidentes le han rendido pleitesía.
Sai Baba tiene ventaja sobre otras divinidades: "Es el primer Congreso Mundial de Devotos en el que la encarnación está presente" -declaró una vez- "pero sigan adorando a su Dios y se darán cuenta de que se están acercando a Mí". De hecho, cómo discordar de ideas ecuménicas y fraternales tan vagas y simples como "Ama a todos, sirve a todos" (no "sírvete de todos").
Si bien Sai Baba dispone de aeropuerto, parece apoyar medios de transporte no contaminantes. "Trazó un cuadrado en el aire y le dijo a un inglés que lo cruzara. De repente estaba en su cuarto de Londres", nos comunica el marido extraterrestre.
Pero su popularidad declina al mismo paso que su salud -se le pegan las sábanas y raras veces ofrece el "darshan" matinal, que ya no llena el aforo. No hace mucho, para hacer remontar su ascendiente, Sai Baba llamó a sus fans al aeródromo: Iba a aparecer en la luna. Pero nada. Lo único visible fue el ocaso del dios. Y una vez más, la falsedad de sus profecías, como la que vaticinaba que en 2001 ya habría convertido a dos tercios de la humanidad. Aunque algunos, bastantes menos, le deban el agua corriente -porque el azar dispuso el pueblo a medio camino de las propiedades del Baba- y universidades de pago en un secarral.


































































































odys dijo
Hola Clito, ya había oído hablar de este personaje, aunque no de una forma tan chistosamente irónica como nos lo presenta aquí Jordi J Baños. Una delicia de texto, y todo un fenómeno digno de estudio, tanto el dios menor como el tropel de quienes le adoran, financian y secundan.
Gracias, me he reído un rato :D
Besos de buenas noches.
30 Abril 2009 | 12:42 AM