VUELO DE CALOR...
Calor asfixiante. Así puede definirse lo que sentimos todos los que nos encontramos embutidos en este vuelo de Air Europa, rumbo a Barcelona. Claro que, siendo hoy San Jordi, esto es como viajar sentada sobre las ardientes mandíbulas de ese feroz dragón, ignorante de que sus monstruosas correrías acabarán en breve tiempo.
Cada vez me cuesta más separarme de mi isla. Cada día se me hace más triste alejarme de mi lava, de mi brisa, de mi oscuro y profundo Atlántico...Ojalá se pueda materializar en las próximas semanas el deseo que tantos meses llevamos preparando. A veces sueño, incluso dormida, conque ya, por fin, puedo gritároslo a través de estos mismos renglones, a manos llenas. Tal vez este viaje sea el último de muchos y, al mismo tiempo, el primero de los que conformarán una nueva etapa de nuestras vidas.
Los motores de este dragón metálico, Boeing 737-800, rugen y rugen incansables mientras muchos de sus pasajeros comen, otros dormitan, algunos leen y la rubia teñida ocupante del 30D, escribe en su pequeña libreta de desordenadas ideas.
A medida que avanza la salchicha planeadora, el espacio se acrecienta entre mí y mis monjitas. Allá quedaron, sonrientes, felices y atareadas entre las seguras y altas paredes de su anciano convento. Casi seis horas de charlas, mimos, carcajadas, reflexiones, alegrías, confidencias, sabores, recuerdos y oraciones hemos compartido en esta ocasión, repartidas en sendas visitas. En mi maleta, desde las más negra oscuridad consigue alcanzarme la mágica luz de los nísperos que ayer mismo recogieron, con todo cariño, del viejo árbol de su huerto. Frutos nacidos entre las ramas que crecen gracias a una tierra de siglos, donde yacen los restos mortales de tantas mujeres que, un día, decidieron entregar su existencia a la oración y a la fe que marcó cada uno de sus días y cada una de sus noches.

El auxiliar de vuelo es guapetón. Me recuerda a un híbrido entre Juan Antonio Pizzi -aquel argentino que gastó sus futboleras botas ebtre el CD Tenerife y el otro equipo de la ciudad de Barcelona) y mi padre, de joven. Desconozco la razón por la que cuando encuentro parecidos físicos, siempre me sucede que lo que veo es una mezcla entre un par de personas, como poco. Dicen que soy un hacha clavando parecidos. Igual, en realidad soy un híbrido entre un hacha y un martillo.
Creo que éste es mi primer viaje sin reloj que me marque el tiempo -eso que no creo que exista- sobre mi muñeca izquierda. No sé qué le sucedió a mi "pijorrero" Viceroy, regalo de mis padres. Después de llevar atada a él varios años, hace dos días que, sin motivo aparente, se paró cuando marcaba las 19:11. ¿O serían las 07:11? ¿Cómo saberlo en un reloj de esfera que no suele mirarse cuando funciona correctamente y que no deja de escudriñarse cuando sus agujas se mueren? La cuestión es que, tras pararse, ha optado, incluso por llenarse de vapor y humedad cuando hemos entrado juntos a la ducha. Como siempre. Como antes. Así que, ahora, me paso el tiempo inexistente espiando las muñecas ajenas, en busca de algún antebrazo que me chive el instante en que me encuentro.

Las nueve y cinco, marca el reloj del gafotas que se sienta justo delante mío y que, mientras permanece en pie, esperando a que desalojen al menos uno de los dos baños de la clase turista, no cesa de mirarme ni de intentar saber qué es lo que escribo, tan entregada, sobre las pequeñas cuadrículas de papel. Todavía nos restan un par de horas de sauna volante y de inimaginables hedores nacientes en axilas ajenas: ¿cómo es posible que a tanta gente no le guste darse buenos y jabonosos restregones, mientras la cálida agüita recorre sus cuerpos por entero? Creo que, si me fuese posible, me pasaría media vida en la ducha o en la bañera.
Será mejor intentar dormir un rato. Puede que de este modo me libre de los pisotones del pesado del gafotas que me ha triturado los dedos por dos veces y, encima, no ha dicho ni mu a la hora de disculparse. Eso sí: espiar lo que escribo sí que parece entretenerle. Ojalá lea lo maleducado que es: sí, tú, escribo de ti, gafotas de ojos verdes y camiseta arrugada de algodón, que ocupas el asiento 29D. ¡Oh, qué, lástima, ha vuelto a sentarse!
Lo dicho, toca dormitar o, si no, el buitre del 31C acabará por entablar conversación de una vez por todas, tras dos intentonas frustradas haciéndome la sueca, la finlandesa y hasta la noruega al contemplar sus sonrisas y acercamientos. Quizá soñando convierta en realidad, y de una vez por todas, este ensueño de futuro que vine a pulir y a dar forma hasta Tenerife, hace cosa de diez días.
(Texto escrito el 23/04/2009 durante el vuelo Tenerife Norte - Barcelona)


































































































Ra dijo
A ver si consigues tu objetivo y nos lo cuentas que, por lo menos a mi, ya me tienes intrigada. En cuanto al vuelo, menos mal que no es un transoceanico sino era para ponerse a disparar con el bote de desodorante a todo el mundo.
Un besazo
28 Abril 2009 | 11:16 AM