UN VIAJE DE PESADILLA...
Mi gozo en un pozo. Una vez conseguido el asiento deseado, el 31C, está visto que no puede tenerse todo.
Cuando ya me veía disfrutando de un vuelo en absoluta soledad, con ambos asientos a mi izquierda vacíos, comienza a resonar a mi espalda una especie de enjambre de chillonas voces femeninas parloteando y parloteando sin decir nada. Al instante, un desfile de mujeres de todas las edades, tamaños y colores, comienza a desfilar por el estrecho pasillo del avión. Saludan a diestra y siniestra y cuando me ven ahí sentada, me escrutan sin disimular lo más mínimo. Sus miradas me gritan que me sienten como una total invasora, mientras que se preguntan cómo he podido llegar a formar parte de su territorio viajero.
Al final se me adosan a la izquierda dos chiquitas -lo de chiquita no le pega demasiado a una de ellas que pasa del metro ochenta- peninsulares de entre 25 y 30 años, que se debaten entre chácharas varias: que si mi traje de novia era perfecto; que si yo cuando me case quiero un Lorenzo Caprile y cuanto más caro, mejor; que si hay unos masajes maravillosos con los que bajas cuatro kilos en ocho sesiones...Bla, bla, bla, bla, bla. De más está decir que, personalmente, las hacía subir veinte kilos a cada una: ¡qué repelentes me han caído siempre las flacuchentas de metro setenta y 55 kilos que no cesan de hablar de que están gordísimas! ¡¡¡Al paredón con ellas!!!
Vamos, que el vuelo que se me antojaba maravilloso al disfrutar de toda una fila de asientos para mí solita, se ha tornado en tres horas anhelando la lobotomización obligatoria de según qué cerebros. Lo mejor de todo es que, por lo que contemplo que "repasa" uno de los pocos varones que acompaña a esta manada de cotorras humanas deben tratarse de miembros participantes de alguna convención médica que se celebrará en mi islita: metástasis, endocrinología y demás términos médicos pululan por el plasma del caballerote en cuestión. ¡Dios me libre de caer en manos de semejantes matasanos! Tengo que mirar qué es "ZOL". No cesa de aparecer por la pantalla del médico con gónadas.
Comienza el desfile de seres bípedos al baño. Todos igual. Todos juntitos. Todos esperan siempre a que pasen los auxiliares de vuelo con el carro de las vituallas para, luego, abalanzarse dentro del par de minúsculos cuartos de baño volantes...
Hay algo mucho peor que ser testigo de la constante e incansable convención de las charlatanas y es el tener que soportar cada una de sus palabras sin que salga nada de sus bocas que, realmente, merezca ser oído y escuchado: ¡ cuánto le gusta a la gente hablar y hablar, dándole a la lengua sin necesidad alguna de ello!
Mejor me paso un rato a los "autodefinidos" y doy buena cuenta de mi bolsita de frutas deshidratadas. Después de todo...¡para lo que hay que oir!
(Texto escrito el 14/04/2009 durante el vuelo Bcn-Tfe Norte)













odys dijo
Jajaja, muy bueno, los viajes en avión pueden convertirse en una auténtica pesadilla :-)
18 Abril 2009 | 12:50 AM