MUERTOS DE PRIMERA, VIVOS DE SEGUNDA.
Gaia ha vuelto a desperezarse y la superficie terrestre ha temblado una vez más, demostrándonos que ejercemos el mismo dominio real sobre ella que el que puede ostentar un piojo montado a lomos de un elefante. Sin embargo, en esta ocasión, sus movimientos nos han sorprendido por sucederse en el llamado primer mundo. Aquí mismo. A la vuelta de la esquina. En la vieja Europa y en mi amada Italia.
Hace alrededor de 24 horas que la preciosa bota mediterránea experimentaba en carnes propias una gran zancadilla geológica que ha provocado el caos, el terror, la muerte y la destrucción sobre gran parte de su anatomía y en lo más hondo de sus vecinos y pobladores.
Son riadas y riadas de italianos los que cualquiera puede tropezarse, todos los días, si pasea por las Ramblas barcelonesas. La proximidad física que mantiene Cataluña con el país de la mozzarella provoca que, en cuanto les es posible, los tataranietos de Rómulo y Remo se embutan en un avión para venir a visitarnos. Estoy segura de que hoy, tras lo ocurrido en su madre patria, sus carcajadas y risas sonarán mucho más apagadas.
A la hora de redactar este artículo, las cifras de fallecidos por el terremoto de 5,8 grados en la escala Richter giran entre 150 y 200. A tan terribles pérdidas hay que sumar, además, que alrededor de 100.000 personas se han quedado sin un techo bajo el que cobijarse. Sin duda, esta Semana Santa será una de las más tristes para nuestros hermanos italianos y, desde aquí, quiero sumarme a su pena y a su duelo. Sin embargo, todo ello no quita que ese número de inesperados muertos sea ínfimo comparado con esas otras 25.000 personas -datos oficiales de la FAO- que, cada día, mueren sobre esta preciosa pelota azul por culpa del hambre, de la miseria y de todas las enfermedades que tan lamentable existencia conlleva.
25.000 murieron ayer. 25.000 están muriendo hoy. 25.000 morirán mañana. Y, así, un día tras otro hasta...¿cuándo? ¿Por qué sus muertes no nos sobrecogen mientras que las imágenes del destrozo italiano nos ponen los vellos de punta? ¿Demagogia? Tal vez. ¿Realidad? ¡Aplastante!
Quizá se deba, precisamente, a eso, a lo inesperado de la tragedia sucedida a 80 kilómetros de Roma, mientras que, en cambio, ya vivimos acostumbrados a esos 25.000 que se dejan la vida entre el polvo, las moscas y la inmundicia más atroz. ¿Acaso el ser humano puede acostumbrarse a mirar hacia otro lado cuando 25.000 rostros como éste cierran sus párpados para siempre?

O tal vez la causa de que no nos sobrecojan radique en que, por culpa de haberse convertido en una "rutina", sus sufrimientos ya no "venden" para los grandes monstruos audiovisuales internacionales.
Resulta muy poco políticamente correcto enseñar la patética supervivencia de los más pobres por las teles de medio mundo, cuando las familias "ricas" se sientan a zampar sus tres platitos de comida y su dulce y sabroso postre diario. Y, claro, en este mundo nuestro, todo lo que no aparezca escrito en la prensa, dicho en la radio o mostrado gracias a la caja tonta, es como si no existiera.
Pero así es: 25.000 muertos por día, 6.000.000 de niños menores de 5 años muertos por año y 840.000.000 de desnutridos en el período comprendido entre 1998 y el año 2000. Esas son las cifras reales, constatables y veraces de las que, algún día, tendremos, TODOS, que rendir cuentas, por más que miremos hacia otro lado.
Hoy mis velas diarias volverán a encenderse un día más.
Hoy, mis oraciones se elevarán, también, por el sufrimiento italiano.
Descansen en paz....Pobres de nosotros.

































































































solitha dijo
Me uno a tu oración, nena...
Algo de lo que me da mucha tristeza... Ver a un niño en esas condiciones.
Besithos, nena...
Linda nochecitha.
*:)
Di.
7 Abril 2009 | 12:51 AM