Ayer me sucedió algo de eso que la gran mayoría cataloga como "casualidad", mi amor de vidas define como "sincronía" y yo llamo, simplemente, "magia".

Ayer estaba llorando por culpa de unos correos electrónicos que me enviaron personas a las que quiero y que sentí fríos, gélidos, secos, heladores. Una vez más, sin comerlo ni beberlo, cuando más me daba y de la mejor forma, un gesto que viví de la manera más adusta, me arrastró hacia un torrente de sensaciones amargas, de tristes sentimientos, de incontrolable dolor.

Y entonces, justo cuando las lágrimas comenzaban a empapar el teclado bajo mis dedos, otro nuevo mail me sacudió el alma, abrazó mi corazón, acarició a mi mente y provocó el nacimiento de una sonrisa de agradecimiento en mi rostro y del rubor más íntimo dentro de mi propio ser, por reaccionar aún de formas tan infantiles, caprichosas y egoístas, sin disponer de reales motivos de peso como para ello.

Hoy, tras comprobar la autenticidad de esta historia, he decidido traértela hasta aquí. Puede que tú también llores o te enfades en ocasiones por mil y una tonterías. Puede, incluso, que. ahora mismo, el dolor o la rabia estén llenando con un desolador vacío tu mundo interior.

Por eso, hoy, vengo a regalarte una historia real de AMOR y DOLOR.

KATIE KIRKPATRICK: SU HISTORIA

Katie Kirkpatrick, tiene 21 años y toma su medicación diaria unos minutos antes de dejarse caer en el sueño momentáneo que le provoca la morfina, mientras yace sentada en en salón de la casa de sus padres en Metamora. Katie tiene cáncer de pulmón y es 11 de enero.

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Katie pasa por delante de su foto preferida. La foto de cuando fue coronada Reina en la East High School de Lapeer. La imagen reposa sobre la mesa de la sala de estar de la casa de sus padres en Metamora. Sigue ahí y seguirá siempre. Continúa siendo 11 de Enero.

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Katie, a la izquierda, y Nick Godwin a la derecha, de 23 años, esperan a que venga la enfermera para que Katie empiece el tratamiento en el McLaren Regional Medical Center en Flint. Nick Godwin trabaja en el turno de noche como ayudante del Sheriff en el condado de Lapeer.  Katie está agotada ya que el dolor no le ha dejado dormir. Nick también lo está ya que acaba de salir del trabajo. Es la mañana del 12 de Enero.


Tan sólo el hecho de respirar se le hace muy difícil a Katie y necesita recibir oxígeno. El dolor en su espalda es tan intenso que logra atravesar la pared de morfina que se supone que está ahí para impedirlo. Sus órganos se están viendo muy afectados. Katie y Nick están enamorados desde que se conocieron en 11º grado.

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Nick no puede evitar quedarse dormido mientras su novia está siendo tratada por vía intravenosa.


La intención es drenar la acumulación de líquidos que la enfermedad le produce.

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Niki Kirkpatrick, a la derecha, se dejar ir en sus pensamientos. Ha tomado una excedencia en el trabajo para poder cuidar a su hija, ya que ha llegado un momento en que Katie necesita asistencia continua. El sufrimiento de Katie es patente en su rostro aún estando bajo los efectos de la morfina.

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Katie, delante del espejo, se pone sus pendientes.

Faltan pocos minutos para cruzar el pasillo de la iglesia que le llevará al altar de la iglesia de Cristo en Hazel Park. Una vez allí contraerá matrimonio con Nick.

Estamos a 15 de Enero.

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Los novios tuvieron que verse acompañados de un invitado non grato durante toda la ceremonia y posterior fiesta: su botella de oxígeno.


La otra pareja de la foto son los padres de Nick, emocionados con el casamiento del hijo con la mujer de la que se enamoró desde la adolescencia.

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Katie no quería dejar que la enfermedad parase su vida antes de tiempo. La esperanza y su fe le hacían creer que tenía un futuro. 

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Katie, sentada en una silla de ruedas y con la botella de oxígeno, durante la fiesta de celebración posterior a su enlace, escuchando como el ya su marido y unos amigos le dedican una canción.

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Katie descansa unos momentos durante la fiesta de después de la ceremonia. El banquete se celebró en el Boulder Point Golf Club and Banquet Center en Oxford.


Katie estaba agotada. Su cara estaba tan blanca como su vestido de novia.

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 Katie y Nick disfrutan del momento, aprovechando unos segundos que se han quedado a solas.

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Fue una maravillosa boda celebrada el sábado 15 de enero del año 2005.


Katie moriría 5 días después.


Ver a esta preciosa chica, tan debilitada, vestida de novia y con esa maravillosa sonrisa en sus labios me hace pensar que la felicidad siempre está a nuestro alcance, dure cuanto dure, así que dejemos de complicarnos la vida con tonterías absurdas. 

 La vida es corta, disfrútala como si fuera tu primer día... 

Perdona rápidamente, besa apasionadamente, ama verdaderamente, ríe incontrolablemente
y siempre, siempre, siempre, sonríe por extraño que sea el motivo del que dispongas
en ese instante para sonreir.
La vida no tiene por qué ser la fiesta que esperábamos,
pero mientras estemos aquí, debemos sonreír y dar gracias...
 


En memoria de Katie, su viudo, padres, suegros y amigos.

En memoria de mi abuelo materno y de mi gran amiga Jacin, a quienes un cáncer nos los arrebató en la flor de sus vidas.

En recuerdo de toda aquella persona que haya sido golpeada por el cáncer o que esté luchando contra este terrible mal.   

 

Ruth, muchas gracias por enviarme la historia de Katie y por hacerme sonreir a través de su enseñanza.