FEBRERO Y SUS CARNESTOLENDAS
Inmersos ya en este nuevo mes de febrero, no puedo dejar de evocar mis tiempos mozos. Tiempos en que las frescas tardes invernales se llenaban con ensueños a base de lentejuelas, colorines, pinturas y telas.
Canarias es una de esas tierras en las que el carnaval se desparrama en todo su esplendor por calles, hogares y madrugadas.
Tenerife, mi amada isla, es, concretamente, uno de los lugares más importantes, a nivel mundial, con respecto a la celebración de la algarabía de "Don Carnal". Y digo Tenerife en su totalidad porque no sólo es en Santa Cruz -su capital- donde se rinde culto a tan afamados festejos. Para nada. Tras los bailes, desfiles, cosos, concursos y cabalgatas de la ciudad que me vio nacer, llegan las fiestas carnavaleras de todos y cada uno de los municipios que pueblan la preciosa "Isla Picuda". Carnavales tan divertidos -o más aún- como los otros, los que ostentan el título de Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Es en estos días cuando vuelvo a reencontrarme con aquella adolescente risueña, enamoradiza, soñadora, rolliza y "marchosa" que una vez fui.
Es ahora cuando vuelvo a abrazarme con ella y, como por arte de magia, mis pasos vuelven a andar sobre los ya desaparecidos adoquines de la Calle del Castillo en busca de los grandes almacenes textiles.
Ávidos de sedas, rasos, brillos, fieltros, plumas, pinturas, complementos, artículos de broma, gorros, pestañas postizas, carcajadas, bromas, ligues, bailes, diversión, color, calor, encuentros y desencuentros los chicharreros se lanzan a gastarse las últimas perritas que lograron esconderle a la empinadísima y traidora cuesta de enero.
Que si consigue una peluca rosada, que si la pieza esa de rombos queda mejor que la de lunares, que si no encuentro la varita mágica por ningún lado, que si estos zapatos me aprietan, que si compra varias medias que de nada se rompen, que si ojo con las alergias y las pinturas baratas, que si tú coses las faldas y yo os maquillo en mi casa, que si, que si...¡Qué sí! ¡Qué el carnaval ya está aquí!

Muchos me cuentan que los carnavales no son como los de antes, como estos que recuerdo de un modo tan nítido durante los meses de febrero. Me hacen gracia estos comentarios. Son idénticos a los que hacían mis padres hace 25 años y antes de ellos mis abuelos. No es que el alma del carnaval cambie. No se trata de que varíe el divertimento. Somos nosotros, los hombres y mujeres que damos forma -y formas- a la fiesta los que cambiamos por dentro...Y por fuera.
Atrás quedaron los nervios de imaginar que, inmersos en la batucada, te toparás con el amor de tus sueños. Lejos están ya los años en que alargar los últimos minutos antes de la vuelta a casa, por culpa del toque de queda paterno, se transformaba en todo un viaje en el tiempo. Casi olvidados están el dolor de pies y el estimulante cansancio de ver amanecer bailando entre maquillajes maltrechos, ricos churros y un más que reconfortante chocolate caliente.
No somos los que fuimos, aunque siempre seamos los que somos. Los años, la vida y las circunstancias nos cambian y provocan que lo que hoy siguen experimentando los adolescentes nos parezca diametralmente diferente a lo que nosotros vivimos entonces. Pero no.
Estoy segura de que, salvando las distancias lógicas de décadas, modas y usos diferentes, las chiquillas vuelven a llenarse de mariposas cuando el payaso de nariz roja las toma por la cintura para moverse a ritmos salseros.
Sé que las calles volverán a llenarse de serpentinas y confetis, de colillas y vasos plásticos, de chufas y manzanas de caramelo.
La feria volverá a atracar en los muelles del puerto y los cañones de luces volverán a romper las grises y tupidas nubes que, en más de una ocasión, dejarán caer su manto de agua como en un intento natural de limpiar la ciudad de tantas gentes, aromas y ruidos.
Todo sigue igual que siempre. Mientras, el cambio es lo único constante.
Las candidatas a Reina del Carnaval santacrucero tienen que andar ya con los nervios puestos, tras meses de gimnasio, decenas de picotazos por culpa de las apresuradas manos de modistas y sastres, mil y una pruebas de maquillaje y tras desechar centenares de postizos capilares.
Comparsas y murgas estarán ensayando en sus modestos locales horas y horas de bailes y cánticos, ultimando coreografías y letras, terminando de pagar los diseños y disfraces del año pasado y casi empeñándose para abonar el coste de los actuales.
Muchos sueñan con que arranque de una vez el carnaval de las calles. Otros emigrarán fuera de su barrio, para poder conciliar el sueño al ser uno de los más castigados con orquestas y bullicio, con risas, carreras y bailes.
Otro año más me encuentro lejos de las luces, los colores, las ilusiones y los trajes. Por suerte para mí, la televisión digital por cable me tenderá una mano casi mágica a la que me aferraré, trayéndome mil y una visiones, concursos y actos hasta la tenue intimidad de mi cuarto.
Mi carnaval ya está aquí y, desde este mismo espacio, yo te lo iré narrando.



































































































colegui dijo
Muy buenas....
Jo, la verdad que tengo unas ganas de ir...tremendas... Pero claro en este caso, iria a la isla de al lado, a Gran Canaria, que son mucho mejores, por lo que me han dicho mis amigos de allí. Porque las de Tenerife son las más famosas de todas las islas...no?
Espero que al menos, lo pases muy bien en carnaval...vale....?
Un besote...y Amén...
Pd. Sin rencor, no?
3 Febrero 2009 | 08:27 PM