Viajando contigo aprendí a ser yo misma. Juntas, de tu mano, descubrí nuevos paisajes, paladeé desconocidos sabores y me sorprendí con lejanas costumbres.

Viajando conmigo recorriste tu propia vida. Unida a mí te sentías válida, importante y amada. Convertida en mi sombra eras, en realidad, una sabia maestra.

Hoy ha sido mamá la que, de nuevo, ha hecho un viaje para poder llegar a abrazarnos. Montada en un bamboleante avión ha recorrido miles de kilómetros para fundirnos en carcajadas, ternura, sueños y deseos. ¡Tantas veces tú también lo hiciste en el pasado!

Hoy ha sido ella, tu hija, la que te ha traído sin tú siquiera saberlo. O tal vez sí.

Cuando hace casi cinco meses tuviste que dejarnos para continuar con tu eterno peregrinar de existencias, corrí hasta su lado para, pegadas la una a la otra, dar sepultura a tus restos orgánicos aferradas al más amargo de los dolores y a la más bella de las presencias: la tuya.

En esos días, asalté los álbumes de fotos en busca de tangibles instantes únicos que, inolvidables como son, pudiesen arrancarme la sonrisa más preciosa y dedicártela en tu nuevo y recién iniciado viaje. De ese modo, me hice con una serie de imágenes gracias a las que, una vez más, tu voz, tu olor, tus caricias, tu ímpetu, tu carácter, tus tacones y tu carmín se fundieron con mis amorosas lágrimas.

Sin embargo, despistada en el laberinto de la pena, traspapelé el sobre donde había metido nuestras fotografías y por más que busqué y rebusqué durante esa semana -y en viajes posteriores- no tuve la suerte de dar con él.

Ayer, tras saberte sentada a los pies de mi cama, mientras mamá deshacía maletas transformadas en regalos, ricas vituallas y arrugadas ropas, un pequeño álbum de fotos llegó hasta mis manos. Pensé que se trataba sólo de las imágenes que ya esperaba y que sabía que me traía. Sin embargo, presurosa como eras, saltaste entre mis dedos y mis ojos se abrieron como platos al contemplarte.

-¡¡¡Mami, las encontraste!!!, -exclamé llena de alegría.

-Estaban en el despacho, en un sobre. Lo llevarías en la mano, lo dejaste para ojear algo y luego te olvidaste de cogerlo - me contestó.

Y seguramente fue así. Pero ahora, gracias a ella y a los cielos, has vuelto a volar hasta mí y contigo vuelan mi vida, mis sentimientos y cada uno de los besos que nos regalamos bajo la forma cristalina de cada una de estas lágrimas. Lágrimas que trazan caminos sobre mis mejillas, a la hora de escribir estas líneas.

Lágrimas de AMOR. Caminos eternos. Vívidos caminos que, como siempre, recorreremos amándonos las tres...Eternamente juntas.