Y trajo regalitos para todos los habitantes de esta casa, incluyendo a mis padres que llevan por aquí, ya, unos cuantos días y que, lamentablemente, vuelan hoy, de regreso, hasta mi amada Isla Picuda.

No me puedo quejar, puesto que este año, el abuelo gordinflón de largas barbas blancas me ha dejado cuatro lindas sorpresas:

.- Un nuevo, plateado y bonito reloj de pulsera con el que intentar atrapar eso que llamamos tiempo y que, personalmente, no creo que exista.

.-Una larga, cálida y lanuda chaqueta para las frías tardes de invierno.

.- Mi primer ordenador portátil -a compartir con mi amor de vidas-. Uno de estos tan modernos, que parece casi de juguete, por lo pequeño de su tamaño y su peso tan ligero. Características que lo transforman en la herramienta perfecta para trabajar desde la calentita cama o mientras disfruto del cómodo sofá. Portátil que, a partir de ahora, me acompañará, también, en todos los viajes que me queden por delante.

.- Un jersey de cuello alto, finito y abrigado al mismo tiempo, para proteger mi garganta de las bajas temperaturas con que nos va a sorprender (un año más) mi adorado y recién nacido invierno.

¿Y tú? ¿Fuiste bueno/a durante el 2008? ¿El mágico San Nicolás te ha dejado alguna sorpresita a los pies del abeto navideño? Cuenta, cuentaaaaaaaa, que me mata la curiosidad, jeje.

¡Hasta el próximo año, mi querido viejo mágico! Gracias por los regalos recibidos. Confío en saber superarme a mí misma y, así, poder volver a guiñarte un ojo en la próxima Navidad!