CON ESTRELLA O ESTRELLADOS

¿Qué tal, amiguitos humanos? Por aquí, como podéis observar andamos un tanto somnolientos. Tal vez se deba a lo bien que se está en casa y a los agudos cambios de temperatura que estamos soportando por estos lares, pero lo cierto es que, tanto mi amita como yo, andamos durmiéndonos por los rincones. Eso sí, en mi caso, siempre, sobre mi cálida y coqueta manta canina.

La cuestión es que, aprovechando que mi amita tiene el día semicomatoso y desganado, no he podido dejar de encaramarme hasta el teclado para, así, poder compartir con todos vosotros un par de inquietudes varias que me reconcome por dentro. Y es que, después de observar la imagen que acompaña a este texto y que pude ojear entre las páginas virtuales del diario "20 Minutos", no ceso de preguntarme por qué he tenido yo la gran suerte de que mi amita diese conmigo, mientras que miles de otros seres, sufren, abandonados, perdidos y errantes sobre los gélidos y solitarios caminos.

Mi amita dice que la casualidad no existe y que todo sucede por alguna razón concreta, aunque desconozcamos la naturaleza de dicha causa. Asevera que todo se rige por los principios de la causalidad y del eterno cambio. Yo la miro, la escucho y vuelvo a preguntarme por qué mi vida es tan plena, plácida y alegre, cuando otros millones de perros, gatos y resto de bichos -incluído el propio ser humano- se limitan a sobrevivir y a sobrellevar, lo mejor que pueden, cada día y cada noche. Bueno, me pregunto eso y también qué querrá decir eso de "casualidad" y "causalidad".

Se aproximan fechas festivas. Si no recuerdo mal, se aproxima el mes en que más regalos se entregan, se compran y se reciben. Es más: yo mismo fui un regalo "cumpleañero-navideño" que mi amito le hizo a mi amita el año pasado. Serán días en que vosotros, los bichos dominantes (por ahora, jeje, que todo se andará: ¡a por ellos, bacterias peludas!) transformaréis a decenas de miles de otros animalitos en preciosos y mágicos presentes. Lo malo es que muchos de ellos serán lanzados a las calles en cuanto crezcan y llegue el verano. ¿Alguien me puede explicar esta conducta humana? La entiendo menos que eso de "casualidad" y "causalidad".

¡Huy, la amita me llama! Creo que llega la hora del ataque cosquillero vespetino y de jugar a mordernos y a perseguirnos. ¡Si encima agarra la botella vacía de plástico y me la lanza, ya es que me da el telele!

Afortunadamente nací con estrella...
Ojalá los estrellados puedan, algún día, disfrutar al recorrer sus propios caminos.
¡Sed felices y ayudad a serlo a los que no saben o no pueden serlo!