DÍAS EXTRAÑOS
Son días extraños.
Puede que esté somatizando todo lo sucedido en estas últimas semanas o puede que no se trate de eso, pero son días extraños.
Los mareos comienzan a convertirse en una constante desde hace casi 36 horas. Me siento extrañamente cansada y el cuerpo sólo me pide dos cosas: dormir y comer a todas horas.
No son mareos por culpa de desconocidas náuseas, no. Ya os digo que siento un voraz apetito de forma continua que me ha llevado a subir dos kilos en 10 días ![]()
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. Son mareos tan extraños como lo están siendo estos días: me pesan los ojos, me cuesta respirar, las cefaleas se suceden junto a los ratos de frío y a los acaloramientos repentinos, fijar la vista, a veces me resulta una heroicidad...¡Al final estaré premenopáusica!
Son días extraños, como lo está siendo el tiempo meteorológico.
Ahora mismo, mientras me desparramo por estas líneas, las nubes cubren los cielos barceloneses, mientras los agitados toldos verdes de las casas de enfrente me avisan de que podría aproximarse una tormenta que descargue su hatillo lleno de truenos, rayos y lluviosos goterones, dentro de un par de horas. Y, sin embargo, la gente continúa yendo y viniendo en mangas de camisa, vestida de corto y oliendo a rancio bronceador. Es como si la gran mayoría de personas quisiera anclarse a un verano moribundo y seguir existiendo gracias a los robados estertores de la arenosa sombrilla y de la descolorida y salada paella de chiringuito de playa.
Debería sentirme pletórica y feliz por la temporada estival que acaba y por la llegada de un próximo otoño que comienza a adivinarse en el amarillear de las verdes hojas mecidas al viento. Pero el mareo y el abotargamiento me dominan. Son días extraños.

Dormir y dormir...Ahora mismo, me echaría en la cama a mi espalda y sé que me quedaría frita en un santiamén. Llevo un par de noches soñando cosas extrañas. Pesadillas de las que nunca despierto -es lo normal en mí- a no ser que algo externo al propio sueño y a mí misma lo haga o que yo misma dé por resuelta y acabada la acción del viaje onírico dentro de la propia pesadilla.
Vuelvo a frotar mis manos contra mi cara. Como el bebé agotado que, acto seguido, se recuesta contra el respaldo de su cochito de paseo y, poco a poco, se deja invadir por el descanso. Ese roce de yemas contra mis cansados párpados y contra mi doliente cabeza, me reconforta y aplaca el dolor y el mareo.
¿Menopausia? ¿Tristeza? ¿Embarazo? ¿Cansancio? ¿Cambio de estación? ¿Tumor cerebral? ¿Deseos incumplidos? ¿Sueños por hacer realidad? ¿Astenia otoñal? ¿Empacho de sentimientos? ¿Necesidad de acortar distancias? ¿Nostalgia de cantar con mi abuela? ¿Ansiedad mal canalizada? ¿Soledad no buscada?
Puede que en el párrafo anterior se halle, indirectamente, la respuesta a lo que me sucede o tal vez no sea así...

Algún reconvertido troll que desconozco, pero del que estoy segura de que no ha de poseer aspecto nórdico, ha dejado frente a mi puerta la nueva revista de Ikea. Parece mentira que hasta mi umbral se asome la magia sueca bajo el aspecto de publicitario y grueso folleto.
Quienes me conocen bien saben de mi pasión por los objetos que ofertan entre sus páginas. Siempre que puedo me doy un salto hasta sus almacenes y me traigo algún capricho por leve que éste sea. En mi última visita larga a mi islita, al pasar por la caja registradora obligatoria, antes de arribar a la "casi república independiente de mi casa", la señorita cobradora me dijo, solícita, que si yo lo deseaba o necesitaba, me preparaba en un periquete un recibo concreto. Pensaba que todos aquellos "machangos" y peluches serían para decorar alguna guardería o boutique infantil. Cuando le expliqué entre risas que no hacía falta, que eran para mí y para mi amor de vidas porque los coleccionamos, se sumó a mis carcajadas y sentido del humor, confesando que a ella también le apasionaban.
Tengo la revista sueca en versión catalana sobre mis muslos. ¡Cuánto me gusta el olor de las hojas de papel no entreabiertas! ¿Verdad que las libretas, libros, blocs y álbumes nuevos emiten un aroma especial? Siempre digo que el día que me toque el euromillón hago que me abran Ikea para mi solita durante todo un domingo.
Los mareos y el sueño atrasado me arrastran a sucumbir a la tentación de tumbarme mientras hojeo el nuevo mobiliario de temporada. Sé que no aguantaré mucho despierta. Sé que Morfeo vendrá raudo a poseerme por entera. Pero, después de todo, vivir también implica dejarse vencer por lo que nos resulta más tentador en determinados momentos, ¿no? Dobleguemos del todo, entonces, a la voluntad perdida...
Lo dicho: son días extraños.















ciudadanakeing dijo
Descansa Clito. Pronto darás con la solución pero de momento, descansa.
Un beso
10 Septiembre 2008 | 04:23 AM