UNOS SE VAN...
...Y OTROS VIENEN
Tras la definitiva marcha de mi segunda madre -¡cuánto te lloramos y echamos de menos, abuelita querida!- y de mi precioso Misha 2, la vida ha vuelto a inundar nuestras existencias por medio de bichejos recién llegados.
Como todos sabéis, ayer fue el cumpleaños de mi amor de vidas. 36 septiembres le cayeron encima y quería que los recordase de un modo tierno, feliz e inolvidable después de tantos sufrimientos pasados últimamente. Así que me decidí a aumentar el número de nuestras mascotas barcelonesas y el viernes por la tarde me lo llevé conmigo y con Rocky a la nueva tienda de animales que han abierto muy cerca de casa.
-"Escoge dos tortugas de agua" -le dije, mientras ese mágico niño que lleva dentro volvía a asomarse, cómplice, desde sus maravillosos y enormes ojos verdes.
Tras seleccionar a la primera, la que había escogido en segundo lugar se le escapó al chico de la tienda de entre los dedos y agarró a otra.
Compramos la comida correspondiente, una tortuguera, intercambiamos experiencias -en el pasado crié a otras dos tortugas acuáticas que se convirtieron con el tiempo en sendos platos de postre andantes- con el dependiente y nos vinimos a casa.
Una vez bien instaladas las enanas verdes, nos acercamos hasta el super ya que aún me faltaban algunos ingredientes para la tarta vegana de chocolate que le preparé.

Cuando volvíamos de regreso a casa, me dijo lo que yo ya estaba esperando desde hacía un buen rato:
-"Tengo que comentarte algo. Creo que tengo que ir también a por la otra tortuguita, la que se le escapó" -me explicó con cierto aire de preocupación ante mi posible respuesta.
¡Cómo si no me conociera aún!
Así que apresuramos nuestros pasos no fuera a ser que cerrasen la tienda y, tras dejar las bolsas de la compra medio tiradas sobre el poyo de la cocina, volvimos para allá.
Dimos con "Herney" (así le hemos bautizado) y lo trajimos junto a Sexton y a Corky y por aquí andan, haciendo de "castellers" de sangre fría, jalando camarones y mirándonos curiosos.
Su amito y yo tenemos la manía de leer libros conjuntamente, además de las lecturas que disfrutemos ambos por separado. Sus tres nombres corresponden a los de otros tantos personajes protagonistas de la novela con la que pasamos el rato ahora mismo. Que, ¿cuál es?
Jeje, descúbrelo si te apetece.
Pero esto no es todo. Ayer, a las 08:45 horas peninsulares sonó el teléfono. Llamaba mi madre desde Tenerife: ¡Bastet estaba de parto y ya había traído a dos retoños al mundo! Al final han sido cuatro los gatitos que han nacido en este mundo de locos.
No os los puedo enseñar de momento porque, como ya os he indicado en alguna que otra ocasión, mis padres andan en continua guerra con la tecnología. Por tanto, si los cielos y la compañía aérea me lo permiten, seré yo misma quien me harte de fotografiarlos dentro de un par de semanas y, entonces, sí que os marearé con imágenes de los pequeños maulladores.
Me han dicho que son bastante oscuritos, grandes y que están muy gorditos. A ver cómo va transcurriendo todo.
La rueda de la vida no cesa de girar y en cada uno de sus giros nos enseña que la única constante es el eterno cambio. Aprendamos y disfrutemos, pues, de cada una de las sorpresas con que nuestro propio existir nos premia y enriquece.













Andrés 2.0 dijo
Jiji, estaba seguro de que tenían que estar al caer los gatitos. Y enhorabuena por las tortugas también. La rueda de la vida gira y gira...
(por cierto... ¿"La conspiración" de dan Brown?
8 Septiembre 2008 | 10:25 AM