CARTA ABIERTA PARA TI (II)
02/09/2008 - QUERIDA ABUELA:-------------------------------------------
El ruidoso motor izquierdo de este MD83 de Spanair vuelve a lograr que reabra mi cuaderno de notas y pensamientos.
Durante estos casi cuatro días en Tenerife, sin tu cuerpo, pero con tu alma revoloteando a nuestra vera, me he visto incapaz de entrelazar palabras escritas sobre inexistentes líneas angulares. Me siento tan agotada, tan triste, tan desolada, sabiendo que ya nunca más cantaremos al unísono "Dormida en el bosque", que ni el ejercicio de escribir se me ha antojado, siquiera, necesario o placentero.
Mientras me elevo entre las nubes, gracias a un avión últimamente muy criticado por desgracias que la memoria colectiva se empeña en mantener aún calientes en las retinas de todos, intento buscarte con los ojos corpóreos y no te encuentro.
El viaje parece que será agitado. La turbulencias se apoderan de esta máquina, casi sobrehumana, mientras Eolo se carcajea de la prepotencia de los hombres y nos maneja a diestra y a siniestra, arriba y abajo, a su libre antojo y sin orden alguno. He de parar de escribir o me marearé por culpa de tantos saltos y sacudidas.
Te quiero, abuela...
Parece que los dioses se muestran un tanto generosos y, más o menos, volvemos a recuperar la compostura y la tranquilidad sobre la autopista celeste.

Bastet no ha parido aún, abuela, pero me da que tiene que estar a punto. ¡Quién te vería con tanto bicharraco en casa! Tú, que siempre decías que los animalitos debían disponer de terreno y de campo por el que correr y disfrutar porque, si no, en casa, daban mucha lata. Todavía recuerdo perfectamente aquella mañana de un sábado de hace más de 25 años, en que papi apareció con Misha-1 en brazos, tras verle por tercer día consecutivo, refugiado en el garaje. Conociéndome tan bien como me conoces, sabías que si yo lo veía ya no habría marcha atrás y le medio increpaste a tu yerno un "¡estás loco!", que me hizo correr hasta el pasillo y abrir los ojos como platos al observar a ese precioso y peludo siamés que, finalmente, nos acompañó durante más de diez años y que se convirtió en mi primera mascota "seria". Os hicístéis íntimos y le llamabas durante las tardes de frío para que, sentado sobre tus rodillas, te aportase calor y cariño.
Tengo la impresión de que Misha-1 ha vuelto bajo la forma de Bastet. Como él, se hallaba abandonada en la calle. Como él cuando le encontramos, ha de rondar los 12 meses de edad. Su mirada y expresiones son exactas pese a no parecerse en nada físicamente y realiza determinados actos atípicos en un minino, idénticos a los de Misha-1.
Te caería bien Bastet. Es independiente, elegante, inteligente, discreta, serena y muy silenciosa.
Ando un tanto preocupada por mami porque aún no se ha roto. Cuando llegué a tu velatorio, el pasado viernes, tras recorrer casi 3000 kilómetros, ambas nos fundimos en un largo, desgarrador, íntimo y doliente abrazo en el que lágrimas y lamentos pasaron a ser protagonistas de la escena. Tras esos momentos ha estado aguantándose y, al contrario que yo, no se ha permitido a sí misma dejarse llevar por las tristeza y los pesarosos sentimientos que tu adiós nos procura...¡Y eso que te fuiste cantando!
Dicen que a las cuatro y media de la mañana cantabas a todo pulmón, acostada en tu cama, esas tonadas y antiguas leyendas que una vez me enseñaste y que confío, algún día, poder transmitirle a María o a Eduardo, esos niños míos, no nacidos aún, pero tan reales y vivos como podemos serlo y estarlo tú y yo.
A las cuatro y media cantabas y a las siete, cuando fueron a despertarte para llevarte a la ducha, como cada mañana, te hallaron muerta.
Debiste fallecer mientras dormías. Se te paró ese corazón tan rico, alegre, amoroso, entregado, presuroso y cálido que te latía dentro del pecho.
Mami se había pasado los últimos años pidiéndole a Papá-Pepe que cuando viniera a buscarte, para correr a su lado, juntos de nuevo, fuese así: en tu lecho, mientras, tranquila, descansabas. Y de ese modo lo ha hecho.
Comienzo a emocionarme, abuela. Menos mal que cuando noto que el lagrimal se me inunda, me basta con girar mi cabeza 45 grados y observar los pies descalzos del impresentable a mi diestra. Del asco se me corta la emoción y se abren paso en mí, la vergüenza ajena y la náusea.
Me encantó la misa que te dedicamos en la iglesia de mi conventito amado. Antes de la celebración fui a visitar un rato a la Madre y a las Hermanas. ¡Cómo lloré junto a mis monjitas tu pérdida! ¡Cuánta paz, cuánto amor y cuánta esperanza me regalaron con sólo compartir abrazos, momentos y silencios con ellas! Te habrían encantado.
Siempre me decías, con respecto a las religiosas de mi cole, que nunca me enseñarían nada malo y, sin embargo, comparadas con estas mujeres enclaustradas durante decenios, aquéllas adquieren la apariencia, las formas y los modos de feos, zafios y aterradores orcos.
En cuanto traspaso los fuertes muros de la clausura, me siento renacer. Es como si la paz, el recogimiento, la ilusión, la fe, la fuerza, la alegría y el amor comenzasen a acariciar a mi corazón, a mi mente y a mi cuerpo. Como le dije a sor María Cleofé, mi querida y simpática superiora, tal vez acabe mis días entre esas recias murallas. Ella, bondadosa, sabia, aguda, simpática y sincera, como siempre, me contestó con un "nunca se sabe, mi niña. A mí la llamada me llegó en tercias y a ti tal vez te llegue a nonas".
Por mi parte lo tengo clarísimo: si no existiese mi amor de vidas, ahora mismo estaría haciendo lo necesario para convertirme en la segunda novicia del precioso convento lagunero de Santa Catalina de Siena.

Me gustó verte antes de darte sepultura. Puedes estar tranquila: estabas guapita, relajada y serena. Claro que, quien tuvo, retuvo y a ti te llamaban en tus tiempos mozos "la Lollo" por tu parecido con la guapísima actriz italiana Gina Lollobrigida.
Me pregunto cómo habrá sido tu reencuentro con Papá-Pepe, con tus padres y con la que fue tu mejor amiga, tía Pepita, quien me hizo las veces de tercera abuela.
Pararé un poco. La emoción empieza a ahogarme y el chancletero descalzo se ha tapado con una manta, así que ya no dispongo de la patética y asqueante visión de sus pezuñas desnudas para mantenerme tranquila, fría y "centrada".
Durante estos cuatro días he recopilado fotos tuyas y nuestras. Me he traído unas cuantas conmigo. Las llevo en mi cartera. Otras, las he dejado en Tenerife. Dentro de un par de semanas volveré para allá, manteniendo los planes trazados hace meses. Entonces dispondré de tiempo para elaborar un cuadro collage con recuerdos inmortales de ambas. Quiero que ese mar de fotos presida una de las paredes del que será mi nuevo hogar tinerfeño dentro de unos cuantos meses.
Se me harán muy duros estos futuros días en la islita, a solas, acompañada únicamente por Lupo, Bastet y sus retoños -para entonces, si todo sale como deseamos, los peques tendrán algo más de dos semanas de vida- y sin poder ir a llevarte la cena, ni tu adorado cafecito, como siempre hacía.
Fuiste, eres y serás mucho más que una simple abuela. La vida me premió -vete tú a saber por qué- con la fortuna de poseer dos madres y tú eres una de ellas.
Tú me llevabas a la doble sesión de guiñol cada mes de mayo...
Aferrada a tu diligente mano, me colaba a la hora de comprar las entradas para ver, por enésima vez la inolvidable "Siete novias para siete hermanos"...
Fue tu firma la que presidió los boletines de notas de aquel año en que la enfermedad alejó a mami de nuestras vidas y de la suya propia...
Eran tus ojos los que velaban mi dormitar cuando la fiebre y los ataques volvían a arrinconarme contra las arrugadas sábanas...
Era tu cubilete verde el que sonaba y hacía mover las fichas durante las incontables y amenas partidas de parchís...
Fueron los magníficos sabores por ti preparados quienes dieron formas a mi cuerpo, nutrieron mi espíritu de aromas y recuerdos y me invitaron a ser tu aprendiz de cocinas, ollas y fuegos...
Eran tus labios los que me besaban al entrar y salir del colegio...
Y ahora, cuando dicen que ya no estás, no me hace falta nadar en el océano azul de los sueños.
Porque no te hundiste en él.

Porque no te llevo dentro. No.
No me hacen falta subterfugios tales, ni ensoñaciones, ni ruegos.
No, mi querida abuela.
No, porque no están en lo cierto.
No, porque es pegadita a mí, real, tranquila y feliz, como hoy yo te siento.
Te adoro, abuela.


































































































parisbarna dijo
Ei hola! Como estás Clito?
Ahora a recordarla tal como lo haces, ella te seguirá cuidando, guiando donde este. Un abrazo muy fuerte.
4 Septiembre 2008 | 01:14 AM