29/08/2008 - QUERIDA ABUELA:
-----------------------------

Nunca me ha costado tanto abrir mi libreta de notas como hoy. Embutida, ya, en este cilindro volador, es el vacío más gélido quien ocupa todo mi interior. Por una vez en la vida la azafata de tierra me ha dado el 31C, el asiento solicitado y viajo, absolutamente sola, en la última fila de un avión ocupado por sólo la mitad del pasaje.

Estoy entera. Tal vez sea más presumida de lo que creo y el miedo al ridículo me haya dado las fuerzas necesarias como para viajar, imperturbable, sola y desolada, en pos del peor dolor, el de la despedida definitiva.

Sabía que tendría que llegar. Algo en mi interior me decía que sería pronto. Tu estado físico era cada vez más débil, pero ya sabes que, cuando amamos de verdad, suponemos que estos momentos no llegarán todavía... Pero han llegado.

Cuando sonó el teléfono, a eso de las 9 de la mañana, hallándonos absolutamente fritos, me enfadé pensando que se trataría de alguna telepromoción de esas que tan poco nos gustan. Al abrir los ojos, vi que no se trataba de eso. Llamaban desde casa, desde Tenerife. Ya está -pensé-, Bastet se ha puesto de parto...Y descolgué con una sonrisa.

Desde el otro lado de la línea y del mundo, la voz rota de mami me decía "estate tranquilita, mi vida, pero abuelita se murió". Desde ese instante sé lo que se siente cuando te asestan un hachazo del todo inesperado.

No supe reaccionar. Lo único que quería era irme hasta el aeropuerto y volar lo antes posible hasta tu lado. ¡Qué absurdo!, ¿verdad? Ambas sabemos que andas pegadita a mí, como siempre estuviste. Eras mi sombra y yo la luz que te guiaba. Ahora, al contrario, soy yo la oscuridad que admira la luminosidad de esta estrella rutilante en que te has convertido.

La auxiliar de cabina me ha interrumpido. Disculpándose y posando su mano izquierda sobre mi hombro derecho -ya sabes que no llevo muy bien que me soben desconocidos- me ha dicho que todos los asientos de delante están vacíos, que si quiero cambiarme de sitio no hay problema. ¡Ni loca me cambio para ir tres horas pegada a las jaurías de chancleteros, con camisetas sin mangas, que pululan por aquí!

Vamos a despegar, luego seguiré contándote cositas. Recuerda que me gusta orar mientras nos elevamos hacia esos cielos por los que ya se oyen los ecos de tus rápidos y femeninos tacones.

Hay cola. Tenemos delante otros cuatro aparatos sobre la pista de rodadura. Aún tardaremos al menos diez minutos en situarnos sobre la pista de despegue.

Por fin empezamos a rodar...

Te he sentido tan pegadita a mí, agarrando mi mano, que no he podido dejar de derramar unas cuantas lágrimas durante el despegue. El comandante es canario. No sé, me suena su voz. Igual se trata de alguien conocido, pero su nombre no me dice nada.

Ya a nivel de crucero, me he cambiado de asiento y me he adosado a la ventanilla, mirando hacia abajo. De forma exacta a como me contabas que hacía en aquel primer vuelo de mi vida, hace 37 años, cuando surcaba las nubes rumbo a Sevilla, ¡cómo no, contigo!

Mientras nos elevábamos con absoluta tranquilidad, mientras mis mejillas se humedecían tras el parapeto de las sombreadas gafas de sol, regresaba hasta mis oídos tu jovial y cantarina voz repitiéndome eso de "no llores, mi niña, que tú vales mucho, más que todo Santa Cruz junto, más que un saco de oro molido"...Pero no puedo, abuela. No puedo, ni quiero, evitar que todo lo que me has dado rebose en mi alma bajo la forma de sagradas lágrimas de AMOR.

Tú eras la que me despertaba cada día con ese repetitivo y rutinario "ya es la hora", que tan poco me gustaba por entonces y que tanto echo de menos siempre. Era en tu cuarto de baño donde me lavaba la cara y me duchaba. Era sobre tu gran cama sobre la que reposaba -sin la más leve arruga- mi uniforme azul y blanco y eran tus gavetas las que guardaban mi lencería y calcetines.

Contigo desayunaba y comía, enfrascada en mis lecturas de siempre y eran tus manos las que peinaban y dominaban a mi rebelde melena.

Sé que todo aquello quedó muy lejos, pero, hasta hoy, nos pertenecía a ambas. Sin embargo, desde esta mañana, sólo quedo yo para continuar conservando dichos recuerdos mágicos.

Me he comprado una chocolatina en El Prat y me la estoy comiendo. Es lo único que he podido tragar desde hace 18 horas.

-"Que no se entere tu madre", me susurrabas cuando, llevándole la contraria, le comprabas alguna golosina a tu pequeña gordita. Luego, ya en casa, conociéndome a la perfección todos y cada uno de tus escondites plenos de cosas ricas, te sisaba algún que otro pellizco con el fin de que no notases su falta. Ambas teníamos claro que la otra lo sabía todo y ninguna de las dos dijimos nada jamás. No hacía falta, con sólo mirarnos nos comprendíamos y amábamos.

Acaba de venirme mamá a la mente. Ahora se ha convertido en una niña que ha quedado huérfana. Cuando falleció tu marido, yo no pude ayudaros de manera consciente porque era bastante pequeña. Pero hoy sí. Hoy necesito, quiero y deseo poder daros lo mejor de mí.

Intentaré quedarme a solas contigo durante la próxima madrugada. Quiero que ellos descansen algo y quiero acompañarte y guiarte en tu tránsito hacia tu nueva existencia. Deseo que podamos sentirnos sin testigos. Gentes que, a pesar de su reconfortante apoyo y de su cariñosa compañía, me sobrarán en esos instantes.

Pararé un rato. Comienzo a derrumbarme y es muy pronto como para ello.

45 minutos y, si los cielos lo quieren, aterrizaré en nuestra isla linda. Ya queda menos para acompañarte, rendirte los honores que mereces y fundirme en un abrazo con mami.

He de ser fuerte por ella.

He de ser fuerte por ti.

Te quiero, abuela. Hasta dentro de un ratito.