En nombre de mi familia, de parte de mi propia abuelita -libre, ya, de la esclavitud corpórea- y desde lo más profundo de mi corazón, gracias a todos los que os habéis acordado de nosotros en estos momentos de profundo dolor.

Gracias a los que nos habéis abrazado por medio de vuestros cariñosos comentarios y a los que lo habéis hecho desde el silencio, la solidaridad espiritual e, incluso, la oración.

Este espacio, poco a poco, irá recuperando su ritmo diario de publicación, si es que los cielos me permiten arribar a Barcelona, de nuevo.

Confío en continuar reencontrándoos por estas líneas, con frecuencia, aunque se produzca algún que otro cambio necesario e importante en el blog.

Desde un nuevo amanecer canario, os reenvío el cariño recibido, multiplicado y agradecido.