BASTET LLEGA A CASA...
Quienes me conocen bien, saben que mi vida se ha visto marcada, desde siempre, por situaciones que unos definen como extrañas, otros como mágicas, algunos como sorprendentes, muchos como increíbles y que yo prefiero definir como naturales. No se trata de que yo crea en la magia. No. Simplemente no me hace falta creer en ella porque la siento, la veo, la vivo, la reconozco y la agradezco siempre que se hace presente ante mis ojos. Por eso no creo en ella, simplemente convivo con ella.
No pienso que yo sea un ser excepcional. Al contrario. Todos podemos disfrutar de la magia que llevamos dentro y de la que es ajena a nosotros mismos y que, sin embargo, nos rodea por entero, en todo momento y circunstancia. Sin embargo, sí que es cierto que en este mundo actual, en el que el empirismo más extremo se ha convertido en la fe de la mayoría de los inmortales mortales, a pocos humanos he conocido capaces de aceptar esa magia con absoluta naturalidad.
La gran mayoría de las personas se limita a ver casualidades donde sólo existe causalidad. Y digo "se limita" porque así es: desterrar la magia de lo causal en pos de una inexistente, caótica y absurda casualidad, limita a las personas y a sus propias capacidades mágicas.
Hoy os voy a narrar lo que nos ha sucedido en menos de 18 horas. Luego, de vosotros dependerá que en estas vivencias observéis mágicos efectos productos de otras tantas mágicas causas concadenadas o, por lo contrario, vulgares y simples casualidades. En todo caso, desde estas mismas líneas os apremio a no temeros a vosotros mismos, ni a todo aquello que alberguéis en vuestro interior y que escondéis por miedos, vergüenzas o dudas ante el qué dirán los demás. No temáis sentir, ver, conocer, saber, descubrir, reconocer y vivir más allá de los límites que la razón nos marca. Sed vosotros siempre, caiga quien caiga y caiga lo que caiga.
Y ahora, sin más, paso a narraros la mágica historia de la recién llegada "Bastet"...

Todos los que me seguís, sabéis que hace un par de días falleció, casi de un modo inesperado, mi querido Misha, tras pasar casi doce años y medio formando parte de mi familia. Su muerte nos sumió en un gran dolor y nos sentimos muy tristes y apesadumbrados. Sobre todo mis padres, que sí que han convivido, día tras día, junto a él durante todo este tiempo y que sé que, de manera constante, siguen esperando que aparezca por el pasillo, rumbo a su comedero o que salte sobre sus rodillas mientras ven la tele un rato.
Misha murió en la tarde del viernes. Aunque no nos lo comunicaron hasta la mañana del sábado, dos llamadas perdidas sin mensaje realizadas desde el centro veterinario a mi móvil y a mi casa tinerfeña, nos hicieron ponernos en lo peor y, lamentablemente, así fue.
El sábado lo pasé entre dolores de cabeza, lágrimas, soledad, escritos, fotos, recuerdos, llamadas telefónicas, caricias a Rocky y velas a Bastet para que ayudase a Misha en su tránsito inmortal. Sobre las cinco de la tarde me tumbé un rato para ver si lograba conciliar el sueño tras haber dormido sólo ocho horas de las últimas 72. Rápidamente me quedé dormida.
Al despertar, pasadas las 19:30 horas, no recordaba mis sueños, lo que es muy extraño en mí, ya que suelo recordarlos con una tremenda nitidez, pero sí que me levanté con la clara sensación de que Misha ya se había ido del todo y que se encontraba pleno, feliz, tranquilo y perfectamente. Sonreí por ello, pese al dolor que aún me taladra por dentro y encendí una nueva velita de agradecimiento a la Diosa Gata.
Pasó un rato y acabé sentada donde ahora estoy, frente al ordenador. Sin saber por qué y sintiendo incluso un cierto cargo de conciencia al tomar mis actos como una especie de deslealtad hacia el propio Misha, me descubrí a mí misma buscando y rebuscando gatitos para adoptar en Tenerife. Recordé que mi madre se hallaba en la fase de "no quiero más animales" y que mi padre me había dicho que si tenía que venir otro gatito que esperase al menos tres meses para que a Misha le diese tiempo de reencarnarse. Con ambos comentarios, volví a sonreir al recordarlo.
Estuve un par de horas viendo fotos y fotos de gatitos maravillosos, pero ninguno me llamaba del modo en que sé que me ha de llamar el elegido para convivir con nosotros. Mi voz interior me susurró entonces dos cositas: que no forzase nada, porque me agotaba psíquicamente y porque si tenía que aparecer el minino en cuestión aparecería por sí mismo, y, por otro lado, me hizo ver que no sería gato, sino una gatita la que llegaría hasta nuestras vidas. Esto último me sorprendió sobremanera porque nunca hemos tenido gatas, sino gatos machos. Sin embargo, volví a sonreir ante la posibilidad de que otra fémina pasase a formar parte de nuestro hogar.
Cuando llegó mi amor de vidas de su trabajo -un poco más temprano de lo habitual- nos encaminamos a sacar a Rocky al parque para dar nuestro diario paseo nocturno. Encontrándonos ya en su plaza central, bajo las palmeras canariensis, de pronto vi que mi amor de vidas miraba hacia el cielo, abría mucho los ojos y señalaba diciéndome que mirase la luna. Con todo lo de Misha lo había olvidado por completo: desde los cielos, un increíble eclipse lunar nos saludaba. La Luna, recortada por la propia sombra terrestre, se había transformado en una mágica sonrisa gatuna, plena de rojiza y espectacular iridiscencia. Al instante recordé la sagrada influencia de Bastet sobre los eclipses, aunque sean eclipses solares, puesto que a partir del año 1000 a. C. se la relacionó con el culto a Ra. Y, de nuevo, sonreí.
Proseguimos con nuestro pasear rutinario y cuando ya estábamos de regreso, desandando lo andado, de pronto un maullido agudo y estruendoso nos hizo girarnos. Nos miramos y volvió a repetirse una y otra vez. Era el típico maullido de una cría perdida llamando a su madre. Lo más extraño es que parecía proceder de lo alto, como si al mismo tiempo pudiese tratarse de un ave nocturna. No me iba a quedar con las dudas y nos encaminamos hacia el lugar desde donde parecían nacer tales maullidos.
Se movía, se alejaba, se acercaba y no dábamos con el gato en cuestión. Vimos un par de gatos callejeros -uno de ellos perfectamente acostado sobre el sillín de una moto aparcada- pero no logramos dar con quien había maullado de tal forma y que, ahora, se había callado por completo. Retomamos el camino de vuelta a casa y le comenté a mi amor de vidas que había pasado bastante tiempo mirando las webs de albergues y refugios de animales tinerfeños y que sentía que, en esta ocasión, llegaría hasta nosotros una gatita, pero que no debía forzar su venida buscando por todos lados.
Pasó la noche. Llegó la mañana y el recuerdo de Misha continuó abrazándome y llenándome de emociones.

Una vez mi amor de vidas se marchó a su trabajo recordé que había quedado en llamar a mi padre al móvil. Iban a darle la comida a mi abuela y, de este modo, podría charlar un poco con ella y provocarle un par de curativas y sanas carcajadas con mis tonterías y bromas. Se me había hecho un poco tarde, pero llamé. Tuve que insistir tres veces. Cuando descolgó me dijo que estaba conduciendo, que ya habían salido de la residencia geriátrica y que tenían una noticia alegre que darme en cuanto estuviesen en casa. La voz de mi padre parecía otra, tras tres días de lamentos y lloros. Les dije que, perfecto, que les esperaba. Sin embargo, dentro de mí, ya conocía la noticia que iban a darme.
A los pocos minutos sonó el teléfono. Era mi madre. Sonriente, me dijo que no podía imaginarme lo que había pasado. Rápidamente le repliqué: "pues que ya tenéis a Bastet en casa". No entendió nada y me preguntó que qué estaba diciendo. Continué con un: "ya tenéis un gatito en casa, ¿no?". No hizo falta que me contestase. Un "miauuuuuuu" mimoso y, joven, ensordecedor y mágico -como los del parque- se escuchó desde el otro lado del teléfono. Volví a sonreir y a emocionarme al pensar en Misha mientras mi madre añadía, atropelladamente, que era una gatita preciosa y mimosa.
Entre ambos me explicaron cómo se produjo tan singular encuentro...
Ayer por la mañana, al ir a misa a la parroquia del barrio, en cuanto llegaron a la plaza, una gata corrió hasta ellos. Maullaba y maullaba mimosa. Nunca la habían visto hasta entonces. Parecía joven, limpia y bien cuidada. Mi padre la acarició y mi madre le dijo que no lo hiciera, no fuera que les siguiera y entrase en la iglesia y la gente y el sacerdote se quejasen.
Una vez sentados en el banco correspondiente, mientras oraban, apareció de nuevo la gata y fue directa a ellos. De nuevo les maulló y mi padre tuvo que agarrarla y la sacó fuera diciéndole que fuera buena y que no podía estar dentro, que iban a celebrar la misa, bla, ba, bla, bla.
Al poco de comenzar con el ritual, la gata volvió a entrar, pero esta vez se puso a un lado del altar, mirándoles, echada y tranquila. El sacerdote -hasta entonces "odiado" por mi madre por sus amores hacia la COPE, cuando mis progenitores son fanáticos de la SER- interrumpió la celebración para comentar que no se molestase nadie por la presencia de la minina puesto que era otra criatura divina más y había que proteger, cuidar y amar a los animales, con lo que ya se ganó el beneplácito de mis papis hasta el fin de los tiempos.
Luego, al acabar la ceremonia, añadió que el bichito había aparecido un par de días antes y que por el buen aspecto que presentaba, tenía claro que alguien lo habría largado a la calle para irse "tranquilo" de veraneo. También les contó que la noche anterior había dormido dentro de la iglesia porque al cerrarla la vio dentro y le pareció bien dejarla allí, segura y a buen recaudo. Sin embargo, aún se preguntaba por dónde habría logrado salir puesto que por la mañana la había encontrado, relajada, en la plaza.
Una vez más, mis padres la acariciaron un poco. La gatita continuó maullando en la plaza mientras ellos se alejaban.
Una vez ya en casa, pasado un buen rato, mi padre dijo que volvía a la plaza a ver si seguía allí y, si le seguía se la quedarían. Pero en la plaza no estaba.
Dio un par de vueltas y no había rastro alguno de la gata. Cuando ya iba a irse, apareció de pronto y le maulló y le siguió de tal modo que, ahora mismo, dormita sobre la misma colcha azul -tejida por las manos de mi abuela- en que dormitaba Misha.
Mañana por la mañana la llevarán al veterinario para sus desparasitación, comenzar con las vacunas, mirar si viene con regalo (léase posible embarazo), registrarla, que le pongan el correspondiente chip y demás burocracias.
Mi madre me ha preguntado que qué nombre le ponemos. Le he dicho que cómo es capaz de preguntarme eso, que tendría que tenerlo más que claro:
-" Bastet, mamá, ella es Bastet"- le aclaré.

Me han dicho que debe rondar el año de vida, que se ha adaptado de maravilla a la casa, aunque se sorprende de determinadas cosas y que, "casualidades" de la vida, cuando la han visto beber lo ha hecho de exacta forma a como hacía Misha I, el antecesor de nuestro amado Misha. Ni corta ni perezosa ha metido su mano derecha dentro del bebedero y, transformando su garra en una especie de cuenco, ha llevado el necesario líquido hasta su boca y bigotes.
Mi padre, llorando, me ha repetido una y otra vez que se la envió Misha. Yo, recordando cómo Uro, hace años, me envió a Lara, asentí indicándole que esto debía hacer que amase todavía más a Mishita. Pobrecito, rompió a llorar como un niño.
Desconozco su cara y su mirada. Parece que es de varios colores, un tanto atigrada, aunque en patas cuello, barriga y pecho destaca un blanco níveo. Hoy por hoy, sólo conozco de ella su mimoso y tenaz maullido.
Mis papis y la tecnología se llevan fatal, así que van a sacarle unas cuantas fotos con la vieja cámara y me las enviarán vía correo postal. De todos modos, si todo va como está planeado, dentro de algo más de un mes viajaré hasta Tenerife. Entonces, podré presentaros a Bastet, tal y como ella y vosotros merecéis.
Los cielos son generosos. La vida es pura magia. Sólo hay que saber escuchar, estar atentos y saber aceptar, sin necesidad de entender, los designios del propio vivir.
Misha se dio cuenta de ello y, una vez más, nos regala la mejor de las sonrisas cuando más falta nos hacía.
Larga vida para Bastet. Feliz viaje para Misha.
Un cariñoso y mágico abrazo para todos vosotros por vuestro apoyo en estos duros momentos vividos.
Desde la parte más mágica de mi curioso, sensible y latente corazón, os envío un sonoro besote.
¡Gracias por estar ahí y sentiros aquí!














lo-que-hay dijo
Hola clitoris.
Después de la pérdida de Misha, la suerte te ha acompañado en una noche de eclipse solar encontrando a Bastet cerca de la iglesia, dentro de la magia que llevamos dentro.
Besos
17 Agosto 2008 | 07:18 PM