FELIZ VIAJE, MISHITA...
Acabo de quedarme sola en casa y quiero, desde la distancia, despedirme de ti como mejor sé hacerlo: escribiendo sentimientos. Sentimientos que rebosan mi alma y anegan mi piel de lágrimas ante tu definitiva pérdida.
Tu muerte, en la tarde de ayer, nos sobrecogió pese a que todos la esperábamos. Nunca se está lo suficientemente preparado como para aceptar, sin más, la colosal ausencia que se nos sienta al lado cuando un ser amado continúa viaje, más allá de lo que somos. Nunca estamos preparados para afrontar que una parte de nosotros mismos muere con cada una de esas muertes que sentimos propias, porque como dice el divino poema de Cortez: "lo que amamos lo consideramos nuestra propiedad".
Inmediatamente después de enterarme de tu fallecimiento, tras saborear hasta la última gota de amarga hiel que me supuso tener que decirte adiós estando a casi tres mil kilómetros de ti, con los ojos hinchados de tanto llorar, la garganta rota a causa de mis mudos lamentos y con la cabeza a punto de estallarme por la tensión y por casi no haber dormido en 48 horas, me adentré en la semipenumbra del cuarto de invitados. Allí, en una de sus estanterías, guardo mis álbumes de fotos tinerfeñas y, a la primera, di contigo y con todas esas imágenes tuyas de peque, que tanto me gustan pese a su pésima calidad fotográfica.
Poco a poco, a través de ellas, fue pasando la película de nuestras vidas por delante de mi triste mirada y la magia de tu existencia con nosotros, consiguió crear una leve sonrisa, plena de ternura y de alegría, en mi ajado rostro y en mi apenada alma.

¿Qué va a ser ahora de tu idolatrado mono de peluche? Lo convertiste en tu amante, amigo y compañero. Me lo traje de Nueva York, en enero del 96. Fue un regalo que los Reyes Magos me dejaron sobre la cama del hotel al pasar en la Gran Manzana esa fiesta tan especial. En cuanto regresé a Tenerife lo instalé sobre mi cama y en cuanto apareciste en mi vida y lo viste, nació todo un flechazo. Te lanzaste sobre él, lo lamiste y pasó a ser de tu propiedad. Tanto, que incluso dormías entre sus patas y más tarde, cuando te convertiste en adulto, ese gorila de trapo pasó a ser "tu pareja de hecho". No querías gata alguna, sólo a tu mono aviador neoyorkino. De hecho tuvimos una preciosa gatita en casa durante tres meses y nada, tu corazón, tu cuerpo y tus hormonas sólo querían deseaban y necesitaban a tu silente amado de peluche.
Esas mismas hormonas que hace alrededor de 72 horas decidieron parar, bloqueando así la función de tus riñones y llevarte hasta una muerte que, según me han dicho hoy, parecías presentir por tu conducta desde hace una semana en que, aun haciendo vida normal, te empeñabas en buscar escondites y refugios donde medio esconderte.

¿Qué va a ser de mami que dormía contigo cada noche? ¿Qué va a ser de ella cuando se tumbe en el sofá del cuarto de la tele, para sestear y no sienta tu peso sobre su cadera? ¿Qué va a ser de mamá cuando caiga en la cuenta de que la vieja escupidera plástica ya no necesita llenarse cada día, porque tú no estarás allí para beber del vetusto recipiente que convertiste en tu bebedero preferido?
Una ventosa y fría tarde de un abril incipiente te llevamos hasta tu nuevo hogar. Esa casa que paseaste arriba y abajo una y otra vez y que tanto te gustaba. Vuelvo a sonreir al recordar cómo te gustaba tumbarte, absolutamente "escarranchado" (despatarrado) sobre el respaldo de tu sillón del salón.
Hace unos minutos papi me lo repetía por teléfono, llorando, una y otra vez:
-"Es que lo veo por todos sitios, es que miro el sillón y lo veo acostado sobre él".

¿Qué va a ser de papá cuando no corras tras él pidiéndole que te ponga más pienso? ¿Qué va a ser de él cuando eche en falta los arañazos que le producías al jugar juntos? ¿Qué va a ser de mi papi cuando no saltes hasta sus muslos para dormitar pegadito a su calor?
Siempre que me alejo de mis animales para poner mucha tierra de por medio, en el momento exacto de salir evito miraros. El día que viajo procuro mostrarme un tanto fría y distante. Es un claro mecanismo de autodefensa para no sufrir más de los estrictamente necesario. Por eso el día antes de mi marcha procuro pasarlo en casa, sin salir, disfrutando de mis amados, humanos o no. Sin embargo, en esta última ocasión, al irme de Tenerife, cuando ya estaba en el zaguán cerrando la puerta con llave, tuve que volver a entrar porque me dejaba las gafas de sol. Me tropecé contigo por el pasillo, rumbo a mi dormitorio. Sentado, tan elegante como siempre, me miraste y yo sucumbí a ese mirar tuyo y descendiendo del seguro pilar del aislamiento sentimental, te miré y te dije que fueras bueno, que te cuidaras, que te quería y que pronto volveríamos a vernos.
Ahora eso ya es imposible. Esperaste a que ellos dos fueran a visitarte ayer por la mañana, a la clínica. Les reconociste, les miraste, incluso les ronroneaste cuando, de forma leve, acariciaron tu lomo. Luego, pasadas unas horas, decidiste que era el momento de irte y te fuiste sin más. Ahora tu cuerpo va camino de ser quemado y tus cenizas reposarán en mi cuarto, en el estante sagrado, junto a las urnas de Luna y de Lara, al lado de la foto de Misha I, rodeadas de mis budas, santos, rosarios, velas, inciensos, pirámides, amuletos y más enternecedores objetos y recuerdos.

¿Qué va a ser de mí cuando vuelva a traspasar el umbral del hogar paterno y no aparezcas, curioso y maullando, loco por saludarme? ¿Qué va a ser de mí cuando por las noches no arañes la madera de mi puerta al escuchar el tecleo de mis dedos escribiendo? ¿Qué va a ser de mí cuando me quede días sola en casa y no pueda disfrutar de tu compañía y cariño? ¿Qué va a ser de mí cuando vaya al supermercado y ya no existan motivos para pararme frente a tus latas de comida? ¿Qué va a ser de mí cuando repita insistentemente el silbido con el que te llamaba y no aparezcas, ráudo y al trote, desde el otro lado de la vivienda?
¿Qué va a ser de mí cuando sé que una parte esencial de mi vida se ha ido contigo y tardaré demasiado tiempo en recuperarla?
Pese a todo, sigue tu andar más allá de los sueños, Misha. No te ancles a nosotros y continúa siendo tú, allá por donde vayas. Hoy nos toca llorarte y eso es lo que hacemos porque así lo sentimos.
Me había dicho a mí misma, al sentarme frente al ordenador, que no derramaría ni una lágrima durante esta despedida, puesto que mereces la más bella de las sonrisas. Pero me ha sido imposible. Mis mejillas empapadas me gritan que ya no estás ¡y se me hace tan duro!
Te quiero, Misha. Te amamos, gatito nuestro. Gracias por ser como fuiste por aquí abajo. Gracias por llenar nuestras vidas de luz, alegrías, cariño, complicidad, lecciones y compañía. Gracias por cuidar de ellos tan bien como hiciste durante mis constantes ausencias. Saluda a Bastet de mi parte y dale gracias a ella también por escuchar mis ruegos y plegarias y procurarte una despedida plácida, serena, consciente y rápida de este mundo.
Cuídate mucho. Saluda a todos los que te precedieron. Sed felices y hacedme un hueco para que el día en que yo me vaya sí pueda regalarte la mejor de las sonrisas al veros de nuevo y comprobar, una vez más, que la muerte es, en realidad, lo mejor de la vida.
(Misha II: San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, 03/02/1996 - Ibídem, 15/08/2008)



































































































ramrockmanchesterunited dijo
Lo siento mucho Clito, lo siento de verdad.
Besos.
16 Agosto 2008 | 03:10 PM