CALORES, CRISTALES,
MISTERIOS Y PASEOS

¿Qué hay de nuevo, gente? Aquí estoy, encaramado y tecleante en la sillita pese a estas altas temperaturas que me tienen todo el día "escarranchado" -del verbo canario "escarranchar"- por los suelos en busca del frescor perdido.

Si a esto le sumamos que me encuentro algo enfermo por culpa de unos malditos cristales de sales, que dicen que tengo en mi orina (no entiendo cómo es posible si lo único que hago con los recipientes de vidrio es lamerlos externamente), ya podéis suponer que esto del verano no es algo que me esté volviendo muy loco de contento, que digamos.

Mis amitos, que me quieren e idolatran -algo bueno debían tener esos dos - no paran de recoger muestras de mis distintas orinas, no cesan de darme unas pastillas que la amita intenta disimular con miga de pan masticada por ella misma, para que me la trague en un santiamén, y me vigilan casi de forma constante. Total, dos masas humanas (¡y qué masas, señores!) rondándome a diestra y siniestra y más grados ambientales que producen con tanto rozamiento y fricción de sus volúmenes por culpa de tanto movimiento. ¿Tardarán mucho en darse cuenta de que no es algo tan grave lo que me ocurre y pararán "quietitos" (esto también es made in Canarias) de una santa vez? Como sigan así, me voy a ver obligado a cometer un "amitosmicidio".

Menos mal que, como podéis observar en las fotos, me han llevado a la pelu, me han remojado la mar de bien y se han inventado un nuevo look estival que me mantiene más fresquito, presentable y cómodo.

Luciendo mis tres colmillos inferiores

En cuanto a Chispita, ha enviado un par de fotos nuevas que os enseño a continuación y nos ha comentado que anda la mar de feliz. Dice que ha descubierto que le encanta el romero, además de la compañía de Tibu y del resto de su nueva familia.

Se pasa el día echada a la sombra, remojándose por las altas temperaturas, mordisqueando sabrosas plantas y haciendo el vago que, por otro lado, es lo mejor que se puede y se debe hacer en tiempos estivales.

Pero el motivo principal para encaramarme hasta este teclado es el de mostraros mi lugar favorito: el parque frente a casa. Es allí a donde me llevan a pasear cada día.

Sobre todo me vuelven loco los paseos de madrugada. Pasada ya la medianoche, cuando el amito regresa a casa, nos metemos los tres en esa caja metálica que se mueve arriba y abajo, salimos a la calle, la cruzamos y ya está, pocos pasos más allá nos hallamos, por fin, en ese mágico parque.

Y no digo lo de mágico sólo por lo bello y grande que es, ni por lo bien cuidado que está. No. Lo digo porque su atmósfera encierra misterios varios. Mis amitos también lo notan y, por eso, la amita, hace unas noches con la cámara del móvil del amito -de mayor calidad que la suya propia- sacó una serie de imágenes.

Después de pasarlas por distintos filtros -a la amita esto de las nuevas tecnologías le divierte mucho- se dio cuenta de que había una imagen concreta en donde podían verse una serie de "extras" que a simple vista no estaban ahí a la hora de sacar las fotografías. Extras que yo no os voy a indicar para no influiros en vuestras miradas curiosas. Ni siquiera os voy a dirigir hacia la foto en cuestión: habréis de descubrirlo por vosotros mismos, si os apetece y disponéis de tiempo. Claro que, por otro lado, las imágenes se publican por estos lares en un formato muy pequeño, así que tendríais que disfrutar de una vista de lince para daros cuenta, jeje.

Sin más, espero que os guste "nuestro mágico parque". De día es el centro de reunión de niños, abuelos, estudiantes, perros, palomas, grupos de amigos, loros y paseantes. Por las noches se transforma en lo que veréis a continuación y en mucho más que eso...

¡Hasta pronto, amigos!

Me voy a seguir soñando con mis paseos por el parque...