La Coctelera

clitoris

15 Julio 2008

MIS TEXTOS AJENOS:

(...)Una vez que el Abad y los demás monjes se hubieron alejado, el herbolario y mi maestro examinaron atentamente el cadáver, con la frialdad propia de los médicos.

-Ha muerto ahogado -dijo Severino-, de eso no hay duda. El rostro está hinchado, el vientre tenso...

-Pero no ha sido otro quien lo ha ahogado -observó Guillermo-, porque se habría resistido a la violencia del homicida y hubiésemos encontrado huellas de agua alrededor de la bañera. En cambio, todo estaba limpio y en orden, como si Berengario hubiese calentado el agua, hubiera llenado la bañera y se hubiese tendido en ella por su propia voluntad.

-Esto no me sorprende -dijo Severino-. Berengario sufría de convulsiones, y yo mismo le dije más de una vez que los baños tibios son buenos para calmar la excitación del cuerpo y del alma. En varias ocasiones me pidió autorización para entrar en los baños. Bien pudiera haber hecho eso esta noche...

-La anterior -observó Guillermo-, porque, como puedes ver, este cuerpo ha estado al menos un día en el agua...

-Es posible que haya sucedido la noche anterior -admitió Severino.

Guillermo lo puso parcialmente al tanto de los acontecimientos de aquella noche. No le dijo que habíamos entrado a escondidas en el scriptorium, pero, sin revelarle todos los detalles, le dijo que habíamos perseguido a una sombra misteriosa que nos había quitado un libro. Severino comprendió que Guillermo sólo le estaba contando parte de la verdad, pero no indagó más. Observó que la agitación de Berengario, suponiendo que fuese aquel ladrón misterioso, podía haberlo inducido a buscar la tranquilidad en un baño reconfortante.

Berengario, dijo, era de naturaleza muy sensible, a veces una contrariedad o una emoción le provocaban temblores, sudores fríos, se le ponían los ojos en blanco y caía al suelo escupiendo una baba blancuzca.

-En cualquier caso -dijo Guillermo-, antes de venir aquí estuvo en alguna otra parte, porque en los baños no he visto el libro que robó.

-Sí -confirmé con cierto orgullo-, he levantado la ropa que dejó junto a la bañera y no he visto huellas de ningún objeto voluminoso.

-Muy bien -dijo Guillermo sonriéndome-. Por tanto, estuvo en alguna otra parte. Después, podemos seguir suponiendo, para calmar su agitación, y quizá también para sustraerse a nuestra búsqueda, entró en los baños y se metió en el agua. Severino: ¿te parece que el mal que le aquejaba era suficiente para que perdiera el sentido y se ahogara?

-Quizá -respondió Severino dudando-. Por otra parte, si todo sucedió hace dos noches, podría haber habido agua alrededor de la bañera, y luego haberse secado. 0 sea que no podemos excluir la posibilidad de que lo hayan metido a la fuerza en el agua.

-No --dijo Guillermo-. ¿Alguna vez has visto que la víctima de un asesino se quite la ropa antes de que éste proceda a ahogarla?

Severino sacudió la cabeza, como si aquel argumento ya no fuese pertinente. Hacía un momento que estaba examinando las manos del cadáver:
-Esto sí que es curioso... ---dijo.

-¿Qué?

-El otro día observé las manos de Venancio, una vez que su cuerpo estuvo limpio de manchas de sangre, y observé un detalle al que no atribuí demasiada importancia. Las yemas de dos dedos de su mano derecha estaban oscuras, como manchadas por una sustancia de color negro. Igual que las yemas de estos dos dedos de Berengario, ¿ves? En este caso, aparecen también algunas huellas en el tercer dedo. En aquella ocasión pensé que Venancio había tocado tinta en el scriptorium.

-Muy interesante ---observó Guillermo pensativo, mientras examinaba mejor los dedos de Berengario. Empezaba a clarear, pero dentro la luz todavía era muy débil; se notaba que mi maestro echaba de menos sus lentes-. Muy interesante -repitió-. El índice y el pulgar están manchados en las yemas, el medio sólo en la parte interna, y mucho menos. Pero también hay huellas, más débiles, en la mano izquierda, al menos en el índice y el pulgar.

-Si sólo fuese la mano derecha, serían los dedos de alguien que sostiene una cosa pequeña, o una cosa larga y delgada...

-Como un estilo. 0 un alimento. 0 un insecto. 0 una serpiente. 0 una custodia. 0 un bastón. Demasiadas cosas. Pero como también hay signos en la otra mano, podría tratarse igualmente de una copa: la derecha la sostiene con firmeza mientras la izquierda colabora sin hacer tanta fuerza...

Ahora Severino estaba frotando levemente los dedos del muerto, pero el color oscuro no desaparecía. Observé que se había puesto un par de guantes: probablemente los utilizaba para manipular sustancias venenosas. Olfateaba, pero no olía nada.

-Podría mencionarte muchas sustancias vegetales (e incluso minerales) que dejan huellas de este tipo. Algunas letales, otras no. A veces los miniaturistas se ensucian los dedos con polvo de oro...

-Adelmo era miniaturista ---dijo Guillermo-. Supongo que al ver su cuerpo destrozado no se te ocurrió examinarle los dedos. Pero estos otros podrían haber tocado algo que perteneció a Adelmo.

-No sé qué decir --comentó Severino-. Dos muertos, ambos con los dedos negros. ¿Qué deduces de ello?

-No deduzco nada: nihil sequitur geminis ex particularibus unquam. Sería preciso reducir ambos casos a una regla común. Por ejemplo: existe una sustancia que ennegrece los dedos del que la toca...

Completé triunfante el silogismo:

-Venancio y Berengario tienen los dedos manchados de negro, iergo han tocado esa sustancia!

-Muy bien, Adso -dijo Guillermo---, lástima que tu silogismo no sea válido, porque aut semel aut itermn medium generaliter esto, y en el silogismo que acabas de completar el término medio no resulta nunca general. Signo de que no está bien elegida la premisa mayor. No debería decir: todos los que tocan cierta sustancia tienen los dedos negros, pues podrían existir personas que tuviesen los dedos negros sin haber to cado esa sustancia. Debería decir: todos aquellos y sólo aquellos que tienen los dedos negros han tocado sin duda determinada sustancia. Venancio, Berengario, etcétera. Con lo que tendríamos un Dar¡¡, o sea un impecable tercer silogismo de primera figura.

(Texto extraído de la novela "El nombre de la rosa", obra de Umberto Eco)

servido por Clítoris 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

julianlennontorreslemus

julianlennontorreslemus dijo

He visto ese libro por ahi muchas veces pero no me habia llamado la atencion, pero ya me despertaste la imaginacion a la primera oportunidad lo leo

15 Julio 2008 | 07:17 AM

Julia

Julia dijo

Vaya!, me he quedado con las ganas de saber que le ha pasado al ahogado!
Bueno tendré que leerme el libro.
Besitos

15 Julio 2008 | 08:42 AM

parisbarna

parisbarna dijo

Ei hola!
No me he leído el libro, pero la película la he visto unas cuantas veces, y Sean connery genial, genial!!
Ahora al leer el texto, me ha vuelto verlo de monje.
Ah! lo de ayer ya está, hoy estoy mejor.
Gracias, muaaaaaaaaaa!!

15 Julio 2008 | 03:26 PM

mariajesus

mariajesus dijo

Magnifica novela! Fantástica película que pasa a formar parte del cine de culto, amiga Clítoris esta vez te has superaro.

Un beso grandote.

15 Julio 2008 | 05:09 PM

la-teta-en-el-ojo

la-teta-en-el-ojo dijo

siempre tan intelectual!

saludos

La Teta

15 Julio 2008 | 09:24 PM

Juan Fco

Juan Fco dijo

Se que aquí no corresponde, pero te alegrará saber que he disfrutado mucho del concierto de LOREENA MCKENNITT, si puedes mándame un correo con tu dirección de hotmail, es que el anterior lo he perdido.

Toda una noche mágica y cargada de cosas muy bonitas, sobre todo el salir a la calle y contemplar la luna llena.

Muchos besos y espero que tu también disfrutes del concierto de esta gran y humilde artista.

-Alma Feliz, Libre, Bonita y Grande -

17 Julio 2008 | 12:58 AM

EL POESIMISTA

EL POESIMISTA dijo

que bueno el texto este ...
gracias por la colgadura clito,
un beso.
chema

17 Julio 2008 | 10:18 PM

clitoris

clitoris dijo

Julian, no dejes de leerlo, te encantará. Es una obra maestra de la narrativa histórica y de suspense. Ya me contarás;).

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Julia, te digo lo mismo que a Julian, así que no dejes de leerlo y luego me comentas qué te pareció. Besitos para los cuatro:).

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Parisbarna, pues lee el libro porque está veinte millones de veces mejor que la peli y eso que la cinta es otra maravilla;).
Celebro que estés animadita. Besitos:).

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María Jesús, ¿por qué será que presentía que te encantaría este texto?;).
Besitos, guapísima:).

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La teta ¿y esas gafas de buceo? ¿Pero no andas con abrigo y bufanda ahora mismo?;).
Saluditos:).

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Juan Francisco, el correo es elblogdeclito@hotmail.com. Luego me paso por tu espacio y te lo dejo de nuevo.
Creo que ya has visto que yo también lo pasé como una enana y, en parte, gracias a ti, jeje.

Un fuerte abrazo, alma bonita y grande:).

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El Poesimista, yo incluso diría "¡qué envidia de texto!";).
Otro beso para ti:).

21 Julio 2008 | 09:52 PM

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