¿TE DA PAVOR VOLAR EN AVIÓN?
Pocos recuerdos viajeros guardo que no vayan vinculados a un avión. Es más, los acontecimientos más importantes de mi vida, desde siempre, se han visto vinculados a un viaje en avión y a lo que eso implica. Por ejemplo, cuando nací mi padre se hallaba al otro lado del mundo por motivos profesionales y dependió de varios aviones y de enlazarlos convenientemente para lograr estrecharme entre sus brazos.
Cuentan que me pasé mi primer vuelo mirando por la ventanilla, abriendo los ojos como platos y diciendo de forma constante, muerta de risa: "avión, agua, pum". Contaba con menos de dos años de edad y la ruta que hacíamos era Tenerife Norte -entonces llamado Los Rodeos- Sevilla. Viajaba junto con mi abuela materna y mi tía bisabuela, la cual sentía verdadero terror a volar y supongo que le di a la pobre el viaje de su vida con esa letanía saliendo de mi boca sin cesar.
Luego vinieron Italia, Francia, Portugal, Inglaterra, Madrid, Galicia, Barcelona, Mallorca, Holanda, Alemania, Suiza, Estados Unidos, etc, etc, etc. Incontables traslados aéreos. Muchos por placer y centenas de ellos por obligaciones varias o por vivir lejos del hogar paterno. Y es que, de 38 añitos que llevo por aquí abajo, alrededor de quince los he vivido fuera de mi Tenerife amado.
Vivir en una isla en pleno Océano Atlántico te ofrece dos opciones: o te montas en un cacharro a reacción como el que se sube a un simple autobús, o vives de espaldas a la realidad de que existen miles de millas de saladas aguas que te separan del resto del mundo habitable y te niegas a salir de tu insular realidad diaria.
Conozco a alguien así. Conozco a una mujer tinerfeña que, aunque contando con familiares en Andalucía y Cataluña que siempre la empujan a ir a visitarles, se niega en rotundo por el miedo que le implica imaginarse, siquiera, sobrevolando el mundo embutida en un cilindro de metal.

Cuando la veo -gracias, claro está, a otro de mis viajes- y me lo recuerda, me parto de risa y le digo que me mire a mí, que no paro la pata de aquí para allá, que es raro el año en que no pillo, como poco, una docena de aviones y que, pese a ello, continúo dando la lata por el mundo de los vivientes.
Sin embargo, sí que es cierto algo que hoy te confesaré: a medida que más aviones tomo, más presente tengo que la muerte se sienta a mi vera en cada uno de esos traslados. Tengo clarísimo que es el medio de transporte más cómodo y rápido (pese a que las esperas en los aeropuertos se me hacen más tediosas cada vez) al mismo tiempo que el más seguro, pero, lo cierto es que las estadísticas juegan en mi contra.
Existe una circunstancia curiosa que no falla y que sólo conocen mis más íntimos y que hoy compartiré, también, contigo: cada vez que voy a volar, en la semana anterior a mi viaje, se estrella algún otro aparato. ¡Es que no falla! Da igual que se trate de un airbus o de una avioneta pequeña, pero alguno se la pega.
Desde siempre, profesionales del medio conocidos de mi familia e, incluso, el padre de mi amor de vidas, que hizo del volar su profesión, me han aconsejado que ocupase los últimos asientos del aparato, porque es justo, la cola, la zona más segura en caso de accidente. Así hice hasta ahora y continuaré haciéndolo aunque, según un último estudio de la Universidad de Greenwich con el que me tropecé hace unas semanitas por la versión digital del diario "El Mundo", ahora resulta que es la parte delantera la más segura de todas.
El estudio -supervisado por las autoridades de aviación civil británicas en 105 accidentes con más de 2.000 supervivientes- ha demostrado que los asientos más seguros a la hora de sufrir un accidente aéreo son los que se sitúan en la fila de las salidas de emergencia y las dos que la rodean: la de delante y la de detrás, según publica 'The Times'. Lo cual me dice que no lo hago mal del todo, puesto que siempre pido la última fila. Teniendo en cuenta que me suelen dar la penúltima -reservan los asientos últimos para uso de trabajadores de la propia compañía aérea- y que luego me cambio a los asientos no ocupados de detrás, con lo que tengo la puerta de cola a cosa de un metro más o menos, puedo darme con un canto en los dientes, ya que dicho estudio continúa subrayando que entre la segunda y la quinta fila alrededor de la salida de emergencia los pasajeros todavía tienen más posibilidades de escapar de un fuego, aunque la diferencia entre supervivientes y fallecidos es bastante corta.
Claro que, si la parte delantera de un avión también es más segura que la trasera y los pasajeros sentados en este lado tienen un 65% de posibilidades de escapar de un incendio, frente al porcentaje de los situados en la parte trasera, que se reduce a sólo un 53%, mejor me llevo un extintor metido en la oreja.
Eso sí, siempre pido pasillo y cuentan los cerebritos británicos que la posibilidad de supervivencia de los asientos de pasillo también es superior que las del resto: un 64% frente a un 58%. Por tanto, tengo dos de tres. Vamos, que igual me chamusco un tanto, pero que tengo muchas posibilidades de poder contar la experiencia del churrasco volante.
Conforme a las normas de seguridad internacionales del aire, los aviones deben realizar una prueba de evacuación para asegurar que cada persona a bordo puede salir en 90 segundos. Pero a la hora de la verdad, el estudio ha demostrado que esas pruebas no son del todo válidas, ya que asumieron que nadie a bordo tenía relación con otros pasajeros. El análisis del comportamiento en emergencias verdaderas ha demostrado que muchos pasajeros retrasaron su escape para ayudar a amigos o a parientes, mientras que los que viajaban con colegas parecían centrarse en su propia supervivencia y dirigirse directamente a la salida. Vamos, que la sangre tira más que los lazos afectivo-amistosos y que como te veas con un problema a bordo, pisas el cogote de todos los amiguetes y les saltas por encima.













ramrockmanchesterunited dijo
A mi no, la pena es que solo he tenido dos ocasiones de hacerlo y encima fué en los 70, con la KLM.
Y tal y como actualmente andan las cosas, me parece a mi que me quedaré con las ganas "ad eternun".
Lovely weekend
12 Julio 2008 | 12:22 AM