LOS MONOGRÁFICOS DE CLITO:
¿Sabías que el trigo, el arroz y el maíz son casi el doble de caros que hace un año y que en algunos países también se han duplicado los precios de la leche y la carne?
¿Sabías que en el pasado año 2007 los cereales experimentaron un alza del 41%; los aceites vegetales, del 60% y los productos lácteos, del 83%?
¿Sabías que esta tendencia no se ha frenado, sino que se mantiene y que, por ejemplo, entre marzo de este año y el mismo mes del 2007, el valor de venta del trigo (materia prima para el pan) se disparó un 130%?
¿Sabías que hasta 70 productos agrícolas diferentes han aumentado su precio en el mercado internacional en un 37% en el último año?
Sin duda alguna estamos viviendo una crisis de dimensiones globales. Los datos que te he mostrado más arriba son obvios y han sido ofrecidos por la ONU, concretamente los hizo públicos la FAO, organismo perteneciente a la ONU y dedicado a todo lo referente a agricultura y alimentación.
A través del presente artículo y de informaciones provenientes de multitud de lugares de la red y de distintos medios de información digitales como pueden ser los diarios "20 Minutos" , "El País" y "El Mundo", intentaré mostrarte las causas de todo ello, hacia donde nos abocamos y las posibles soluciones existentes para este terrible problema que conlleva la muerte de multitud de seres vivos.
No existe una causa concreta, sino muchas causas concretas, para que se produzca una crisis tan grave como la que vivimos actualmente. Las más importantes son:
Es justo en esta causa en la que más me explayaré puesto que creo que es aquella en la que, todos, podemos ayudar aportando, diariamente, nuestro granito de arena por medio de cambios voluntarios y libres en nuestras costumbres y usos gastronómicos y nutricionales. Os explico.
La actual y masiva demanda de grano, mayor que nunca, se debe, principalmente, a tres factores:
El problema no es tanto la falta de alimentos en el mundo, como la imposibilidad de acceder a ellos.

Para que te hagas una idea de la gravedad de esta cuestión, a continuación te transcribo una entrevista publicada hace un par de semanas en el periódico "El País" donde Jeremy Rifkin, Presidente de la Fundación de Tendencias Económicas, explica la extrema importancia del consumo excesivo de carnes y derivados animales.

La industria de la carne es la segunda causa del calentamiento del planeta. Siempre se habla del efecto de la construcción de edificios y del consumo que hacemos en ellos. Por supuesto, se habla del transporte, pero nunca se habla de la industria de la carne. Pues bien: el consumo en edificios es la primera causa; la industria de la carne, la segunda, y el transporte, la tercera.
Sí, de metano, producido por sus flatulencias; de CO2, el que se genera para que ellas coman y el transporte de su carne a los mercados. Estamos destruyendo el Amazonas para alimentarlas. Hay que producir 900 kilogramos de comida para obtener un kilogramo de carne.
Hay que tener en cuenta que hay una relación entre los crecientes precios de la energía, los costes de la comida y el cambio climático. La ONU ha hecho un informe llamado Feed versus food [Forraje frente a comida] en el que se concluía que el 39% de los campos del mundo se utiliza para animales. Otro 47% es alimento para las personas. El otro 15% es para productos industriales. Estamos utilizando el campo para alimentar a los animales cuando hay 2.700 millones de personas que gastan más de la mitad de su dinero en comida.
¿Qué propone entonces?
Deberíamos empezar a pensar en gravar con impuestos la producción de alimentos para ganado y animar a producir comida para hombres. Igual que hemos puesto límite al dióxido de carbono, tenemos que frenar el consumo de carne.
Pero los granjeros tienen que ganarse la vida.
Por supuesto. Éste es un tema que quiero que quede claro. Hay que hacer la transición de manera que no afecte a los granjeros. Por eso son tan importantes los incentivos para el cultivo de alimentos para personas.
Esta teoría la hizo usted pública a principios de los noventa con su libro Beyond the beef [Más allá de la carne]. ¿Por qué nadie le hace caso?
Sí, es una historia vieja. Es muy triste que ni siquiera un líder mundial se haya preocupado de ello. Sólo hay dos personas que estamos hablando de ello. Rajendra Pachauri [el presidente del Panel Internacional del Cambio Climático y Premio Nobel de la Paz en 2007 junto con Al Gore] y yo. Ah, y Paul McCartney, que está muy involucrado y ha propuesto el lunes verde para que el primer día de la semana todo el mundo haga dieta vegetariana.
¿Por qué están tan solos?
Porque concierne a la industria global de la ganadería y habría que cambiar los hábitos de la gente. Fíjese que precisamente su dieta, la mediterránea, que se basa en tomar grandes cantidades de fruta y verdura y muy poca de carne, es perfecta. El problema es que en países como el mío se consumen cantidades de carne inadmisibles. Tomamos incluso más proteínas de las que podemos digerir.
¿Usted come carne?
No. Se puede decir que soy vegetariano al 95%. Empecé en 1977, pero bebo leche y tomo un poco de pescado.

Los críticos del uso del biodiesel como combustible alternativo (sustituto de un petróleo cada vez más escaso) señalan que, puesto que la producción de grano en los países ricos no es suficiente para satisfacer la demanda, se recurre a plantar grandes extensiones de monocultivos en Asia, América Latina y África para producir combustible, con los costes que ello implica, tanto en términos sociales como en cantidad de comida. En Brasil, por ejemplo, la producción de etanol a partir de la azúcar de caña ha conllevado deforestación de hectáreas y hectáreas de selva y bosque.Los defensores del biodiesel, por su parte, argumentan que se trata de un paso necesario ante la crisis energética, y que supone una transición en el desarrollo tecnológico de fuentes de energía más limpias y menos problemáticas.
En cualquier caso, la industria biotecnológica, conectada en muchos casos con la petrolera, y necesaria para la producción de este combustible, sería la principal beneficiaria. Según la FAO, de los 152 dólares que costaba una tonelada de cebada de media hace siete años, ha pasado a los 204 de media este año. Y la tendencia marca que los precios seguirán subiendo.
Además de todo lo anterior, hay que recordar que los países que poseen cantidades almacenadas de grano, ante el riesgo de quedar desabastecidos, han restringido su venta. Tampoco ayuda la política arancelaria de los miembros de la UE y de otros países desarrollados.
VÍCTIMAS Y VERDUGOSComo siempre, los principales afectados son los países pobres y sus pobres habitantes, especialmente los que viven en las ciudades, y, concretamente, los habitantes de las grandes urbes de los países menos desarrollados, ya que son los que, con salarios muy bajos, se enfrentan a los precios más altos de los alimentos importados. Frente a estos millones de personas que se limitan a sobrevivir tenemos a los grandes beneficiados.
En primer lugar, hay que señalar a las multinacionales que copan los diferentes eslabones de la cadena de producción, transformación y distribución de los alimentos, y, en general, a los grandes granjeros y a las compañías de los países ricos (o emergentes en el mercado internacional) y grandes productores. En concreto a los de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá y Australia. También es cierto que algunos granjeros pobres de estos países se están beneficiado de los precios altos.
¿Pero cómo se vive de manera concreta esta crisis es las distintas áreas y naciones? Aquí tenéis unos cuantos ejemplos.
En México, por ejemplo, el precio de las tortillas (tortitas de maíz, básicas en la dieta del país) se disparó a principios del 2007, con incrementos de hasta un 25%. Como consecuencia subieron también otros productos básicos como la leche, el azúcar o los huevos.
En Egipto los precios de los alimentos más básicos se han incrementado hasta un 50% en el último año. El Gobierno ha incluido a 10 millones de personas en su red de asistencia social.
En Estados Unidos el mercado minorista llegó a imponer restricciones a las ventas de arroz ante la falta de cantidad suficiente. En muchas zonas del país, las lluvias han hecho peligrar cosechas enteras y los granjeros se están planteando cambiar los cultivos por soja.
India ha restringido la exportación de casi todos los tipos de arroz que produce. Ante el temor de una escasez generalizada, ha eliminado asimismo las tasas que gravaban la importación de productos como el aceite o el maíz.
El ciclón que devastó Birmania hace semanas disparó los precios de los alimentos básicos y del combustible en uno de los países más pobres y aislados del mundo. El precio del arroz llegó a duplicarse en algunos mercados de Rangún. En la zona afectada por el desastre se cultivan más de dos tercios de la producción total del cereal del país.
En Tailandia, los precios del arroz se han multiplicado por tres entre enero y abril. El país es el principal exportador del mundo de este cereal.
El precio del arroz ha subido en Vietnam un 20% desde principios de este año. Ello, unido a una fuerte inflación general, llevó al Gobierno a prohibir la salida de este cereal hasta el mes de junio. No obstante, Vietnam, uno de los mayores exportadores del grano, espera tener una cosecha récord en la región del Mekong.
En Australia, la sequía, que dura ya seis años, ha reducido las cosechas de arroz en un 98%.
Rusia llegó a congelar por ley los precios de la leche, los huevos, el aceite y el pan.
Afganistán pidió la incluisión de dos millones y medio de personas más en en el Programa de Alimentos de la ONU. Las cartillas de racionamiento volverán a verse en este país por primera vez en más de 20 años.
China ha limitado sus exportaciones y ha impuesto cuotas a la importación. Sufre una inflación del 18%.
En Bangladesh los salarios no han subido en los últimos 12 meses, periodo en el que se ha duplicado el precio del arroz.
En Filipinas, que en los últimos 20 años ha perdido el 50% de su tierra cultivada como consecuencia del ¿desarrollo? urbano, el gobierno pidió a varias cadenas de comida rápida que ofrecieran raciones con la mitad de arroz.
En Nigeria se produce muy poco trigo, pero la población cada vez consume más pan debido, en parte, al impacto del marketing realizado por los exportadores estadounidenses. El consumo de pan per cápita se triplicó en este país entre 1995 y 2005, desplazando a otros alimentos tradicionales. En el último año, el precio del pan en Nigeria se ha incrementado en un 50%. La demanda de trigo también se ha incrementado notablemente en países como Túnez, Venezuela o India.
En Italia, el pasado mes de septiembre se llevó a cabo una huelga por parte de los consumidores, que dejaron de comprar pasta durante un día. El precio del grano disparó el de la harina, que en un solo año había subido un 11%. Como consecuencia, los espaguetis, por ejemplo, estaban un 27% más caros.
En España, el año pasado los productos indispensables en la cesta de la compra experimentaron subidas muy fuertes (el pan,un 6,1% interanual; la carne de ave, un 6%; la de vacuno, un 5,7%). El pasado mes de abril la carne de pollo reflejó una subida del 12,93% con respecto a abril del 2007, y los huevos, del 10,74%. La subida de precios se va trasladando al resto de la cadena, y podría provocar el cierre del 30% de las explotaciones ganaderas de todo el país, según las empresas del sector. Por otra parte, la escalada de los precios de las materias primas agrícolas ha provocado que unas 30 plantas de producción de biodiésel y bioetanol, inauguradas en los últimos dos o tres años en España, estén prácticamente paralizadas en la actualidad.


También se han registrados disturbios provocados por la carestía de los alimentos en Camerún, Costa de Marfil, Mauritania, Etiopía, Senegal, Burkina Faso, Madagascar, Pakistán, Filipinas, Indonesia…
Aún nos quedan reservas, pero es cierto que cada vez son menores. El Programa Mundial de Alimentos ha advertido que las reservas de alimentos en muchos países se encuentran al nivel más bajo de los últimos 30 años y, en algunos casos, de los últimos 60 años, “en gran parte porque se consume más de lo que se produce”. El pasado febrero, esta agencia de la ONU se vio obligada a pedir 500 millones de dólares (317 millones de euros) de urgencia a la comunidad internacional ante el agujero que el alza de los precios ha dejado en su presupuesto.
En este 2008 el Programa Mundial de Alimentos tiene previsto alimentar a 73 millones de personas en todo el mundo y las previsiones son poco optimistas. Según el Banco Mundial, la crisis no se va a resolver en unas semanas, ni siquiera en meses, sino que durará, al menos, siete años. Es decir, que estaremos padeciendo precios altos de alimentos al menos hasta el 2015. Desgraciadamente, los nuevos hábitos alimenticios no van a cambiar de la noche a la mañana, China y la India van a seguir creciendo, el precio del petróleo continúa alto y tiene proyecciones de seguir subiendo, los problemas climáticos van a continuar…Entonces, ¿existe una solución viable?
La primera decisión de la ONU fue hacer un llamamiento, como indiqué más arriba, en particular a las naciones industrializadas, para que aporten con urgencia al Programa Mundial de Alimentos la suma de 500 millones de dólares para equilibrar su presupuesto ante los nuevos precios internacionales de los productos básicos alimentarios. Por su parte, Estados Unidos ha ofrecido una ayuda directa de 700 millones de dólares.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, está creando un equipo de trabajo para combatir la crisis compuesto por los directores de todos los organismos de Naciones Unidas relacionados, así como por representantes del Banco Mundial.

La UE, asimismo, ha propuesto recortes en las ayudas agrícolas directas para dedicar ese dinero a políticas de desarrollo rural (en España, de los 897.170 productores que reciben ayudas, solamente un 23% se vería afectado). Además, apuesta por una mayor vigilancia a los supermercados o ayuda agrícola a los países más necesitados.
Algunos gobiernos están enviando tropas para distribuir comida en barrios pobres, otros han ordenado un incremento de los salarios, otros han prohibido las exportaciones de grano, pero las soluciones a la crisis ni cuentan con consenso ni son fáciles ni inmediatas. En cualquier caso, deberán adoptarse a escala global. Las más factibles serían las siguientes:
Un granjero africano medio, por ejemplo, usa diez veces menos fertilizantes que uno occidental. Un granjero en la India produce el triple de comida que uno africano en la misma cantidad de tierra; uno chino, siete veces más.
Esta mejora, no obstante, debe hacerse sin caer en un uso indiscriminado de pesticidas o en la destrucción de los modos de vida y de producción agrícola locales, en favor de formas de explotación de tipo occidental que acaben beneficiando tan sólo a algunas empresas (casi todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales; las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos), en lugar de a los interesados.
La apuesta por la modificación genética de las semillas y por los alimentos transgénicos como solución a la crisis es polémica. Conlleva graves riesgos ecológicos, plantea problemas éticos y puede dejar el control de la producción en manos de una élite.
AZOTE DEL HAMBRE, LA CRISIS ALIMENTARIA

Mientras casi la mitad de la población mundial tiene problemas de alimentación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) cifra en 1.600 millones el número de adultos con sobrepeso en todo el mundo de los que 400 millones son diagnosticados de obesos, según los datos del 2005.
Con los datos en la mano, de los 6.700 millones de personas que se estima que viven en el mundo, casi 3.000 (más de un 44%) tienen problemas alimenticios, ya sea por exceso o por defecto. ¿Qué perspectivas de cambio hay en cada una de las partes?
El problema de la crisis alimenticia tiene un matiz común con el de la obesidad: la mercantilización de los alimentos. Mientras las variaciones al alza del mercado alimentario es el problema para las zonas subdesarrolladas, el hecho de que los alimentos se hayan convertido en un producto de consumo masivo en el mundo urbano supone la otra cara de la moneda: sólo así se entiende el auge de la comida rápida, el consumo desenfrenado de productos industriales y los frecuentes desórdenes alimenticios.Por otro lado, el aumento de la alimentación hipercalórica, rica en grasas y azúcares, es un problema que afecta especialmente a la población infantil, entre la que el consumo de dulces industriales y bollería ha conseguido que la cifra de menores de 5 años con problemas de sobrepeso llegara a los 20 millones en 2005, según la OMS.

Según la FAO, con 30.000 millones de dólares anuales se podría erradicar el hambre del planeta. Personalmente creo que la solución pasa por dos dimensiones: una personal (control del peso, dieta equilibrada, cambio de hábitos alimenticios y aumentar la actividad física) y otra concerniente a los poderes públicos que se nos escapa de las manos a los ciudadanos de a pie. Así y todo, en tu rutina diaria puedes ayudar a paliar la crisis y a conseguir una alimentación más sana, justa y quitativa para todos si llevas a cabo las siguientes pautas:
Tirar menos comida a la basuraHacerlo no ayudará de forma directa a alimentar bocas en otra parte del mundo, pero supone un cambio en la conciencia sobre los hábitos alimenticios y un ahorro de dinero que puede emplearse en ayudar a solucionar el problema. Limítate a cocinar las cantidades que vayas a consumir y, si sobra, en vez de tirarlo guárdalo en la nevera y cómelo al día siguiente.

























































































nodistortion dijo
maaaadre mia del amor hermoso! que largo pero que impactante!
buen texto! o.O
10 Julio 2008 | 01:25 AM