"HASTA LOS OVARIOS DE LA COCTELERA", PRIMERAMENTE TITULADO: "BUITRES GREÑUDOS, IMSERSO´S BOYS Y LA RUBIA ESCRIBIENTE..."
Hoy comienza la Expo del Agua en la preciosa Zaragoza y tal y como estoy, embutida en un tubo de metal al que llamamos avión, soportando olores ajenos, me vuelvo a preguntar por qué a muchas personas les cuesta tanto disfrutar de una refrescante ducha y de un higiénico y jabonoso restregón. No sé de dónde proviene. Desconozco si este hedor a sudor añejo lo emite el ejecutivo guaperas que me ha tocado a babor, si lo suelta el caballero obeso de delante o si es el matrimonio de abuelos, que no ha parado de dar la lata justo detrás mío, quien lo derrama a diestra y siniestra.
¡Hay que ver cómo nos volvemos de impertinentes a medida que cumplimos años y van cayendo las hojas del calendario vital! Que si nos han dado la última fila, que si le pedí a la señorita que nos pusiese junto a la ventanilla y ésta está ciega, que si...
¡Soy una santa! ¡Si es que no se puede ser tan buena! Me he cambiado dos veces de asiento para que los abuelos aposenten sus orondas posaderas, a gusto, adelantando su posición (redoble de tambores, por favor) nada más y nada menos que ¡¡¡¡una fila!!!! De la 35 han pasado a la 34. Claro que, con tanto cambio y recambio me he ganado el ocupar yo solita dos asientos, los rechazados por los septuagenarios, sin que nadie me moleste y lo mejor de todo: ¡sin putrefactos aromas!
Sólo espero que, si mi salud neuronal me permite valerme por mí misma a sus edades -si es que llego- mi memoria no se halle tan maltrecha como para no recordar a quiénes no debo parecerme.
¡Lo que me faltaba! Uno de los presuntos apestosos, el joven gigante greñudo, se ha quedado quieto, tras salir del baño, en medio del pasillo, observando. Me he sentido espiada y al mirar hacia arriba lo he visto, cual buitre leonado, haciéndome una radiografía de mis músculos pectorales para, a continuación, sonreirme y mantenerse ahí, esperando conversación.
Yo, que para casi todo el mundo soy la simpatía y la amabilidad personificadas, reconozco que puedo ser la más antipática en un momento dado, si lo creo necesario. Sospecho que la mirada con la que contesté a su patética actitud no fue todo lo invitadora que esperaba, puesto que corrió a sentarse junto al otro presunto apestoso, sin girar las cervicales para mirar hacia aquí, cosa que, anteriormente, no cesaba de hacer.
Tengo que estar más hambrienta de lo ya habitual en mí porque van a empezar a pasearse con los carritos de las vituallas plásticas recalentadas y -"oh, cielos, Leoncio, ¡qué horror!"-¡¡¡me está oliendo a gloria!!!
El gigantón greñudo se ha levantado y, tomando al pasillo por un probador de una gran almacén cualquiera, ha sacado una camisa arrugada de su bolsa de mano y, tatatachán, se la ha colocado, bien colocadita, sobre la camiseta de punto sudada y presuntamente apestosa. ¡¡¡Qué asco, por Dios!!! ¿Será que me estoy volviendo más tiquis miquis de lo que me parecía?
¡Genial! Ahora ha ido al baño de nuevo y, tras salir de él, se ha apalancado a mi vera, en el pasillo, de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho, mirando fijo hacia acá. ¡Cómo me gustaría que leyese estas líneas para ver si se corta un tanto y de una santa vez se rinde!
¿Qué le sucede a este tipo de hombre buitrón? ¿Acaso sus entendederas no aciertan a adivinar que me interesa menos entablar contacto con su personita que saber el resultado de las primarias peperillas?
¡Hay que ver lo poco que trabajan las azafatas ahora! Cuando yo era chica (chica de tamaño, si es que lo fui alguna vez, que de género, oiga usted, desde que me extrajeron del seno materno) las azafatas no paraban de ir y venir de aquí para allá. Sin embargo, en la actualidad, la mitad de los vuelos largos se los pasan charlando. Aquí están, sentadas a mi espalda, adosadas a la puerta de cola, la dos auxiliares encargadas de nuestra cabina: de cháchara, dándole a la húmeda, desde hace más de media hora.
Una de ellas le contaba a la otra, a la rubita, que en julio va a asistir en Barcelona, junto a su chico, a un concierto de una cantante "irlandesa" que toca el arpa muy bien, en Barcelona. A ver si la gente se entera, de una santa vez, de que Loreena Mckennitt no es irlandesa, ni escocesa, aunque sí tenga raíces de ambos lugares. Loreena es americana, canadiense para más señas. También yo espero poder disfrutarla en ese mágica cita estival.
Ya sé a quién se me parece el buitre. Teniendo en cuenta que es un hombre-pájaro (según la fisonomía clasifico a las personas como monos, osos, perros, ratones o pájaros) ya llevo un buen rato dándole a vueltas a con qué otro "pájaro famoso" me recuerda. Se trata de Gene Wylder, el cómico, director y actor de cine, famoso por protagonizar la comedia ochentera "La mujer de rojo". Hace un par de madrugadas me dormí entre carcajadas, precisamente, con su "No me chilles que no te veo". La emitieron en uno de los innumerables canales de televisión por cable a esas horas en que, hasta a los vampirillos, se nos cierran los párpados.
El buitre greñudo, al fin, se ha cansado y, derrotado, ha vuelto a aposentarse sobre su actual nido. La azafata morenita, que permanece todavía por estos lares, sin hacer nada de nada, me ha mirado y sonreído cuando el sujeto en cuestión se ha largado y, elevando los ojos al cielo, me ha dirigido un susurrante: "pobre"...Espero que lo dijese por mi educadita y resignada paciencia y no por haberle dado calabazas al viajero pretendiente. Chicos, en serio, ¡qué lo de Emmanuelle en el avión era y es puritita ciencia-ficción!
ABSOLUTAMENTE INSOPORTABLE
(Parte del texto escrito durante el vuelo Tenerife Norte- Barcelona del pasado viernes, 13 de junio)




































































































milagobios dijo
Hola guapetona:
Aquí te dejo dos fotos de los miembros de La Coctelera para que te puedas ir haciendo una idea de por qué las cosas van como van:
http://www.flickr.com/photos/furilo/1406307226/in/photostream/
http://www.flickr.com/photos/furilo/118807185/in/photostream/
16 Junio 2008 | 01:29 AM