Porque siempre me quedo con ganas de volver...

De volver a pisar sus calles.

De volver a sentir los mimos de mis padres.

De volver a traspasar los gruesos muros de mi amado convento.

De volver a jugar con Lupo.

De volver a darle la cena a mi abuela.

De volver a descubrir lugares un tanto olvidados.

De volver a observar la acuosa danza de mis bonitas carpas.

De volver a recorrer vetustos callejones.

De volver a emocionarme al tropezar con la viva mirada de madera de un crucificado.

De volver a dialogar y a maullar con Misha.

De volver a engordar con las recetas de siempre, tras convertirlas en nuevas.

Porque siempre, por tiempo que sus rincones me abracen, me quedo con ganas de volver a pisar la añorada lava volcánica.

Por estos sentimientos, siempre tan a flor de piel, hoy os regalo una gran parte de los recuerdos que me he traído de mi último viaje.

Porque sí.

Porque siempre me quedo con ganas de volver...