IDEAS VOLADORAS...
De nuevo embutida en uno de estos tubos motorizados de acero, rodeada de almas extrañas que, sin embargo, siento cercanas de un modo u otro.
Otra vez rumbo a la tierra que me vio nacer y que tanto añoro tras pasar casi media vida fuera de ella.
El vuelo promete ser movidito. Acabamos de despegar y ya andamos atados a los cinturones y con los cinturones. La península está llena de frentes tormentosos y las turbulencias nos acompañarán, al menos, hasta que la dejemos atrás. Como más vale prevenir, ya me encuentro dando buena cuenta de mi primer paquete de "palines" -así los llamo yo- que, con el estómago lleno, pese a que, erróneamente se crea lo contrario, se hace casi imposible un mareo de los gordos.
Me han sentado junto a una jovencita, lectora de "El País", ese diario de tirada nacional que mi madre adora y con el que yo me sonrío, plena de sorna, al igual que hago con todos los demás.
Mi vecinita se ha quedado frita, con sus brazos cruzados sobre el estómago, la sien izquierda apoyada contra el cristal blindado y los cascos de su MP3 caídos sobre sus hombros. No entiendo cómo la gente se sorprende tanto cuando llegas a un lugar y saludas. Me enseñaron que la buena educación nunca está de más, así que al llegar a mi asiento -el 23B- sonreí a la vez que, mirándole a los ojos, le decía un simple "hola". La señorita en cuestión abrió mucho los ojos, como hace Pancho bajo las aguas herreñas y emitió un sorprendente, timorato y sorpresivo "ah, hola". Luego, silencio y distancia. Un aislamiento sensorial que, por otro lado, agradezco mucho para, así, poder disponer de estas más de tres horas de vuelo como me dé la real gana.
Más allá del angosto pasillo, a mi derecha, un matrimonio de guapos con su niño no tan guapo.
Tengo hambre de tiranosauria bulímica. Llevo días a supermegahiperextradieta porque en casa me espera la famosa tortilla-ruedadecamión de mi padre. ¡Qué ganas de que llegue la noche y poder ponerme hasta las cejas, con la sabrosa tortilla, mi ensalada -si no hay ensalada, no como jamás- y mis Godiva comprados en El Prat!

Esta muchachita empieza a despertarse. Tendré que estar más atenta por si me pilla "hablando" de ella.
El azafato me recuerda a Carlos, un antiguo conocido del MIRC. Pero no puede ser porque él, aunque trabajaba en el aeropuerto- se dedicaba a labores de mantenimiento de aviones y cacharros volantes diversos. ¡Qué tiempos! Pareciera que han pasado siglos desde esas épocas de administración de canales de chat políticos y "pseudosesudos".
La gente continúa asombrándose de que alguien escriba en vez de leer. Yo sigo asombrándome ante el asombro de ellos.
¡Genial! El comandante nos comunica que varían la ruta por cuestiones de viento. En vez del caminito habitual sobrevolando Valencia, Murcia y Marruecos, atravesaremos la Península Ibérica volando hasta Madrid y luego proseguiremos viajando hasta Cáceres, Portugal y, al fin, otearemos a mi amado Atlántico. Calculo que unos 200 minutos de travesía, minuto arriba minuto abajo.
Son más de treinta los días que pasaré en mi islita. Algunos en compañía y la gran mayoría en total tranquilidad, disfrutando de Lupo, Misha, mis peces, el silencio del hogar familiar, el zumbido del ordenador y de las torretas ventiladores y, ¡quién sabe!, puede que también goce de las escaramuzas varias con las que nos recrea la existencia "la señora" que vaga errante por nuestros pasillos. 
Confío en que, en esta ocasión, no le dé por tocar en la puerta de mi dormitorio a las 6 de la mañana. Menos mal que a estas alturas de la película, después de todo lo vivido y de todo lo soñado, estoy casi curada de espantos. Eso sí, más de uno/a se moriría de miedo si tuviese que quedarse solo/a en casa durante una de "las noches locas" de la señora.
Mi vecinita de asiento comienza a dar la lata nada más despertarse: primera levantada para que la niña vaya al baño. Cada vez que tengo que "removerme" dentro de un avión, recuerdo la escena del "encuentro erótico-festivo" que vive Emmanuelle junto a un desconocido bajo una manta compartida, semitumbaditos ambos en los asientos de un aeroplano similar a éste, durante una de las escenas de la famosísima peli del mismo nombre y ¡es que me parto de risa! ¡Eso sí que es ciencia ficción y no Matrix! Además, he viajado pegadita a Silvia Krystel, la actriz que encarnaba al mito erótico de los 70 y la señora no es chiquitina que digamos. Delgada sí que es -o era-, pero como un arcabuz de larga. Si no supera los 180 centímetros de estatura le faltan bien pocos. Por tanto, "actos impúdicos" con esas piernazas y estos minúsculos habitáculos aéreos, como que no. Y menos aún, sin que le pongas al jerez los riñones a quien se siente justo delante, a base de rodillazos y patadas a tutiplén.
Se aproxima el carro de las vituallas. Me pediré unas patatas para ir haciéndole sitio a las papas de mi papá. Toca descanso.
Puede que prosiga luego o puede que esta perorata viajera acabe aquí. Igual me lío con Lara, los Sims, o Harry gracias a que mi consola me acabe abduciendo por el divertido agujero negro de los videojuegos. Si es así, ya sabéis a quién debéis elevar vuestras gracias: "oh divina Nintendo DS"...




































































































juegossexuales dijo
Un viaje hacia el país de nunca jamás, volando. Un sitio, donde te dejes llevar por la fantasía. Si cuando yo digo que el Edén, es cosa de españoles y que se encuentran en nuestras islas.
Pues yo estoy a dieta de 1750 calorías. Así que te acompaño, pero no a por la hipermegaextrabsoluta tortilla de tu padre. Más bien en la ensalada, si le pones Rúcula, que la consumo como si comiese pipas.
¿Tengo peligro?
¿Por qué todas me lo decís? Espera a leer el nuevo post. Aunque has que omitir la parte de los pies. Más masaje, para que disfrutéis de la variedad de las caricias, nuevas caricias con nuevos instrumentos.
Besos de chocolate, muy muy despacio y sensuales
MSX
- PD.- La banda sonora magistral.
2 Junio 2008 | 12:34 AM