Y EN SU FERRARI BLANCO SE ALEJÓ...

Hay temas que, aunque no sean tan importantes como a veces creemos, sí que merecen, siempre, calma, sosiego y una cierta perspectiva para ser tratados como se debe. Por ello y porque anoche se me hizo tardísimo -para qué andarnos con excusas- decidí aparcar hasta hoy el adiós a la liga de fútbol y a los resultados obtenidos por el equipo de mis amores: el RCD Espanyol de Barcelona.

Si tuviese que elegir una expresión para definir lo que mis chicos fueron capaces de hacer sobre el césped a lo largo de estas cuarenta jornadas, sin duda alguna sería esa de "vivir para ver". Tras una primera vuelta casi, casi perfecta, donde junto con el Villarreal nos situamos como equipo revelación de la temporada, vinieron las heladas nieves y la dicharachera primavera. A cada cual peor.

De estar en cabeza pasamos a vivir la peor segunda vuelta de los 108 años de historia que los periquitos sostenemos, ya, sobre nuestras alas. Si alguien necesita pruebas para constatar que todo en la vida tiene su cara y su cruz, que somos ying y yang, que se dé un garbeo por los números del Español. Tras una primera vuelta con sólo dos derrotas, en la segunda fueron catorce los equipos que nos vencieron en los correspondientes partidos.

Cierto es que nuestra plantilla no es de las más amplias del campeonato y que las lesiones nos machacaron a partir de noviembre, pero no es menos cierto que lo peor, para mí, no han sido los pésimos resultados, sino la desgana, la apatía, el desorden y la falta de actitud, de profesionalidad y de vergüenza demostrada por muchos de nuestros jugadores sobre el césped.

Sí, falta de vergüenza, con todas las letras. Porque no se puede tomar a la afición por tonta. Porque los que vamos al estadio cada dos semanas, los que seguimos los encuentros por la caja boba, los que, incluso, nos desplazamos junto con el equipo más allá de nuestras fronteras, algo entendemos, sabemos y conocemos de fútbol y ya hace meses que vengo diciendo que en nuestro vestuario había -y hay- más que mar de fondo.

Semana a semana he sido testigo desde las gradas de Montjuïc de cómo determinados jugadores -internacionales y nacionales- se empecinaban en driblar a todo el que se le pusiera enfrente, aun disponiendo de apoyos a su vera. Una vez pasa, dos puede pasar, pero cuando esa actitud se repite SIEMPRE, no existe más explicación que la de que el/los jugador/es en cuestión, no guarda/n buenas relaciones con el resto de compañeros. Y cuando eso pasa en un equipo, el equipo como tal deja de existir y se transforma en una lanzadera de individualidades que, jamás, llevan a buenos resultados.

Malos gestos hacia el entrenador cuando cambiaba a más de uno, caminar y no esforzarse por llegar a los balones, recriminaciones entre ellos, no sudar la camiseta, son signos inequívocos de que la cosa no mejorará, sino que, al revés, irá a peor. Y para muestra, lo que hemos vivido.

La última "cabriola" sucedió ayer. Después de que Ernesto Varlverde decidiera cambiar a Albert Riera por su pésimo juego, el jugador mallorquinista, no sólo pasó de continuar en el banquillo, apoyando con su presencia al resto de compañeros y mostrando el imprescindible respeto hacia los allí presentes, sino que montó ráudo y veloz sobre su archifamoso Ferrari blanco y puso pies en polvorosa hacia otros lugares y horizontes.

Cuando me enteré de ese gesto, aún en las gradas de Montjuïc, con el balón rodando, gracias a los periodistas radiofónicos locales, no podía dar crédito a lo oído. Pero así fue.

Desde estas líneas hago público mi más íntimo deseo de que el señor Riera sea vendido lo antes y mejor posible. Si por mí fuera, lo vendía con un lacito de celofán para que estuviese más mono si cabe. Eso sí, también le acompañarían en sus paseos definitivos fuera del club blanquiazul, Valdo, Luis García, Kameni, David García, Lacruz, Torrejón, De la Peña y Ewerthon...Y todos con sus lacitos de celofán y su Ferrari teledirigido para que estén bien contentos.

A ver cuándo se entera la directiva de que gestos como el de Riera y actitudes como las contempladas, semana tras semana, en el campo de juego, no pueden tolerarse JAMÁS.

Teniendo como disponemos, de una de las mejores canteras de Europa -este pasado domingo desfilaron durante el descanso varios equipos femeninos y masculinos de nuestras categorías inferiores, que han quedado campeones- , ¿para qué gastarnos los euros con mercenarios que no viven nuestra camiseta como algo suyo?

El ser perico , el sentirse perico es mucho más que un sentimiento, por tanto, que los 22 señores que nos representen tengan, como premisa básica, el sentirse periquitos ante todo. Prefiero quedar en el puesto 16 dándolo todo en el terreno, que quedar la 12, como este año, visto lo visto.

Confío en que en un futuro cercano el RCD Espanyol dé definitivamente ese salto de calidad que todos los periquitos anhelamos desde hace tiempo. Borrón y cuenta nueva.

VISCA L´ESPANYOL SEMPRE!