Hace un año me hallaba envuelta en un halo de sensaciones extrañas. Por un lado, la alegría de iniciar un viaje hasta Escocia, junto a mi amor de vidas, con la ilusión compartida de una final futbolera periquita, me inundaba. Por otro, el pensar que esa aventura supondría despedirme, tal vez para siempre, del hombre a quien tanto había amado y de la forma de vida llevada durante los últimos siete años, me taladraba el corazón.
Durante los días previos a nuestro viaje, poco caso hice de noticias e informativos. Cuando me embarco en una aventura hacia un destino desconocido hasta entonces, mi viaje se inicia mucho antes y, de este modo, me encontraba buceando entre preparativos, mapas, guías, webs varias, sueños, ilusiones, escritos y maletas. Así que fue por mi madre por quien me enteré de tu desaparición, pero, envuelta en aquel maremágnum de sentimientos, de compras y de ultimar detalles, lo cierto es que poco caso hice del hecho noticioso que, tristemente, protagonizabas.
Los días en la tierra de tus antepasados, en la preciosa Escocia, fueron maravillosos. Sus habitantes, siempre risueños, afables y educados, nos trataron mejor que bien; sus paisajes nos enamoraron; el clima nos encantó y admiramos y nos place tanto su cultura, historia, tradición y costumbres, que imaginarnos viviendo en la neblinosa y húmeda Escocia se nos antojaba, casi, casi, el paraíso.
El día del partido, una vez "disfrazada de bandera andante", nos lanzamos a las calles de Glasgow para mezclarnos entre las masas de periquitos que, como nosotros, hasta allí habían volado para animar al RCD Espanyol de nuestros amores. Recuerdo el momento, la calle, el instante en que, al doblar una esquina, vi a un grupo de rubios niños, repartiendo algo, a lo lejos.
A medida que nuestros pasos nos acercaban hasta ellos logré reconocer tus regordetes mofletes estampados en blanco y negro sobre el grueso anorak que les protegía de las frescas temperaturas escocesas. Una vez más, allí estabas.
Durante las jornadas previas habíamos visto tu rostro en tantos escaparates, en tantos buzones, en tantas paredes, que ya sabíamos a la perfección cómo te llamabas, dónde habías desaparecido y la edad que tenías en esos momentos.
Una de las niñas más pequeñas, esa que debía rondar, como tú en aquel tiempo, los tres años de vida, me miró y muy seria me dio algo. Al instante, una jovencita adolescente se me acercó y me dio más cosas. Fotos tuyas, pegatinas, panfletos y recordatorios como los que poblaban hasta el más remoto rincón del país habían acabado también entre mis manos. Por unos segundos, los cánticos futboleros se difuminaron y sólo el silencio de la angustia que provoca el no saber qué decir corrió, cual marabunta, sobre los ancianos adoquines.
Guardé todo en la mochila y, sobre todo, guardé con extremo cuidado la pequeña foto-recordatorio que me dio la nena chiquita que tanto se parecía a ti misma.
Hoy, un año después, todavía desconocemos tu paradero.
Se han escrito ríos de tinta con respecto a tu caso. He leído todo tipo de hipótesis, he visto decenas de videos, he escuchado centenares de posibles explicaciones. Personalmente me debato entre la explicación que me procura el raciocinio y que me lleva a pensar que hace un año que ya no estás por aquí abajo como Madeleine McCann y las sensaciones que me procuraron esos sueños míos hace meses y que no pienso hacer públicos porque tampoco son del interés de nadie.
Hoy, 365 días después de que algo malo te sucediera, aquel pequeño retrato que una manita inocente, protegida por un guante de lana malva, me entregó, sigue en mi altar tinerñefo.
Allí estás, junto a mis santos protectores, junto a las imágenes de mis bichitos queridos, junto a las urnas de Lara y Luna, pegada a mis budas y talismanes propios. Allí, al lado de mis velas e inciensos, sigues y continuarás por siempre. Porque en aquellos días mágicos y tristes, en medio de mi alegre desolación, tus preciosos y únicos ojos se transformaron, para mi persona, en un faro de fe, quietud y esperanza. Es por ello por lo que, siempre, reposarás en una parte de mi corazón.
Hoy, doce meses después de que algún adulto te cambiara la existencia de un modo, hasta ahora, increíble, estoy aquí para recordarte y para pedirte algo.
Allá donde estés, allá donde te encuentres, ilumina a los que buscan una explicación a tu marcha involuntaria. Haz que los culpables de lo que te haya podido pasar cometan el error necesario para dar contigo y que el peso de la justicia humana pueda caer sobre ellos. Lógralo para que, así, puedas existir en paz y continuar con tu aprendizaje, con tu luz y con tu sonrisa, a través de la aventura del SER.
Fuiste el primer rostro infantil que apareció en este espacio de un modo casi perenne. Al tuyo le siguieron las caritas de otros menores que han corrido similar "suerte" que tú. Incluso, alguna faz adulta se ha unido a las vuestras. En este blog permaneceréis hasta que den con vosotros. En mi alma os mantendréis siempre gracias a la fuerza que vuestras miradas me regaláis al contemplaros cada día.
Ojalá no transcurran otros 12 meses antes de que aparezcas. Ojalá lo que has vivido te sirva y sirva a los tuyos como aprendizaje para ser mejores. Ojalá que tu candidez y ternura abrace a todo el que te contemple.
Hasta siempre Maddie. Gracias por todo lo que me has dado y me das a diario.








TODAVIA NO PUEDO CREER QUE YA HAYA PASADO UN AÑO DESDE QUE ESTA HERMOSA NIÑITA DESAPARECIO.
RUEGO A DIOS POR SU PRONTA APARICION
UN ABRAZO
Mara, sí, aunque nos parezca mentira, ya ha pasado un año.
Muchas gracias por tu comentario, por tus oraciones y por tus nobles deseos. Vuelve por aquí cuando gustes.
Otro abrazo para ti.
Un año ya y sin noticias de dónde está.
Yo tambien espero que la persona que se la llevó cometa un error que sirva para dar con ella.
Tienes un corazón enorme.
besitos.
Es una pena que sigan pasando estas cosas...que esa niña no aparezca...
UF!
Gracias por tus palabras.
Si pasas por mi página verás la tristeza que me embarga hace unos dias...
Un besazo preciosa, sales muy linda en esa foto!
Kilifa, cuando me planteo lo que ha de ser el no saber dónde, ni cómo está un ser amado, se me estremece hasta el último de mis poros. :(
Besotes y feliz día, bella madre:).
-------------------------------------------------
Meigan, no me des las gracias por ser como soy. Me paso por tu página a diario: a veces te dejo unas letras y otras, prefiero no hacerlo para no cansarte, jeje.
¿Linda en esta foto? ¡¡¡Necesitas una revisión oftalmológica urgente!!!:::PPP
Un fuerte abrazo, preciosa princesita de cuento:).