No es tristeza ni melancolía.

No es rabia ni malhumor.

No es inquietud ni falta de fantasía.

No es sueño ni ningún temor.

Se trata de simple y llana desgana, que posee mis adentros hoy.

Desgana de días largos, luminosos y plenos de calor, con calles llenas de terrazas y de gentes en procesión.

Son ya un par las jornadas que vivo con la desgana en mi corazón. Me hace sentirme ausente y plena de reflexión.

Desgana de pies desnudos allí donde mire, sin remisión.

Desgana de voces altas, abiertas ventanas y hortera parasol.

Desgana de ácidas ensaladillas, de vinos y de porrón.

Desgana de ruines hedores y de gotas de sudor.

Son ya dos las jornadas que se clavó la desgana en mi razón. Me hace sentirme ajena y carente de intuición.

Desgana de piscinas llenas y de "jennies de ascensor".

Desgana de noches cortas y de victorioso sol.

Desgana de abanicos que se agitan con gran tesón.

Desgana de guiris rojos en busca de un revolcón.

Son ya un par las jornadas que siento con desgana en mi interior. Me hace sentirme extraña y repleta de emoción.

Desgana de transistores en playas y peste a bronceador.

Desgana de metros llenos de orcos en busca del mejor color.

Desgana de helados derretidos y de sangrías de ofertón.

Desgana de niños sueltos, como jaurías, sin progenitor.

Son ya dos las jornadas que se ancló la desgana en mi habitación. Me hace sentirme única y llena de desazón.

Desgana de infernales incendios que asolan lo más bello y mejor.

Desgana de noticias de monstruos pululando entre tú y yo.

Desgana de aeropuertos a tope de zombis sin dirección.

Desgana de montes mancillados por manteles a cuadros y un ruido atronador.

Son ya un par las jornadas que vivo la desgana en mi mismo yo. Me hace sentirme aislada y carente de comunicación.

Desgana de fuentes yermas por sequía y desertización.

Desgana de asfixiantes siestas en busca de la sombra mejor.

Desgana de pruritos y alergias por culpa del insano calor.

Desgana de saber que hay por delante meses que aún los pasaré peor.

No es soledad, ni pena.

No es siquiera desamor.

No es que me falte algo.

Ni que me sobre tu voz.

Se trata de simple y llana desgana, que posee mis adentros hoy.