HOY QUIERO ESCRIBIR DE TI...
Hoy no me apetece escribir de mí, ni de nada en general. Hoy deseo darte a conocer al mundo entero. Hoy quiero que todos te conozcan y que sepan de tu existencia. Hoy necesito gritarles que te amo y que te llevo dentro, aunque no te halles a mi lado.
Hoy quiero escribir de ti porque mereces que la gente sepa de tu vagar por esta tierra que se te quedaba pequeña a la hora de ir en busca de la felicidad anhelada.
Hoy quiero escribir de ti y de esos rizos dorados que adornaban tu pálida piel y tus sonrosadas mejillas cuando, con apenas dos años de edad, te subieron encima de aquella anciana silla de madera y te sacaron esa primera imagen con la que todos pudieron suspirar al contemplar los dos profundos océanos azules que presidían tu rostro.
Hoy quiero escribir de ti y de tu primer viaje en solitario, con apenas cuatro años de vida y una maleta de cartón por toda compañía. Hoy vuelvo a imaginar cómo sería y lo que te supondría esa singladura, mediante la que surcaste un atlántico abismo, que te llevó a conocer a esa familia que tanto amaste y que tan bien recuerdas.
Hoy quiero escribir de tu niñez por la verde Galicia, de los potes de tu abuela, del periódico de tu abuelo, de los juegos con tus primos, de la casi olvidada bicicleta que, por entonces, formaba parte de tu presente, de la ausencia de tus padres y de tu hermana, de los primeros amigos del cole, de las putas que se te insinuaban cuando, llegado a la adolescencia, te ibas convirtiendo, día a día, en el apuesto y guapísimo hombre que luego fuiste.
Hoy quiero escribir del regreso a tu isla, a nuestra islita, siendo ya un joven atleta y un magnífico estudiante, de tus marcas en salto y lanzamiento de disco, de tu submarinismo a pulmón libre, de tus vacaciones en el pueblo, junto a los que eran tus padres y tu única hermana pero a los que, a veces, sentías más lejanos que aquellos a quienes dejaste en tierras celtas.
Hoy quiero escribir de tu internado en los escolapios, de tus primeros escarceos amorosos, de tu fuerte y rebelde carácter que tanto te hacía chocar con muchos, de tus primeros bailes agarrados, de tu pasión por el cine, de tus tiempos de futbolista que se vieron truncados por un asma que ya te acompañó siempre, de tu amor por el dibujo, de tus primeros amigos, de tu fe y de tus sagrados principios.
Hoy quiero escribir de aquella noche de verano en la que miraste de distinta forma, de un modo diferente, a la que hasta entonces había sido compañera circunstancial de juegos de tu hermana. Hoy quiero soñar con lo que te supuso estrecharla entre tus fuertes brazos, por vez primera, mientras la música y su madre os escudriñaban sin pausa alguna. Hoy quiero imaginar la cara que hubieses puesto si una voz desconocida te hubiese susurrado al oído que esa chiquilla tímida y presumida, bella y coqueta se convertiría en tu compañera vital.

Hoy quiero escribir de tu tesón y tu lucha continuos por mejorar y poder darle a los tuyos lo mejor de lo mejor, de tus noches de guardia envuelto por olas gigantescas, de tus innumerables e íntimas cartas a la que ya era tu esposa y que guardo bajo siete llaves para que, el día en que no pueda disfrutaros, sí tenga la oportunidad de descubriros del todo y, así, volver a amarnos como siempre lo haremos.
Hoy quiero escribir e intentar evocar, por medio de estas líneas impresas, los sentimientos que debieron recorrerte cuando una noche, al entrar en el comedor del petrolero de turno, te sorprendieron con una tarta y con un telegrama, recibido por el radiotelegrafista unas horas antes, confirmándote que, por fin, habías sido padre de una niña que se encontraba al otro lado del mar.
Hoy quiero escribir sobre tus viajes por todo el globo: desde Alaska hasta el Golfo Pérsico, desde Gibraltar hasta Venezuela, desde Rusia hasta Panamá. Hoy necesito perderme, una vez más, por el universo de recuerdos que tu afable voz ha formado en mi alma al relatarme aquella anécdota en las terrazas de verano de Singapur, la sorpresa que te supuso observar a las jóvenes paseando llenas de polvos de talco en Maracaibo, lo preciosa e idílica que te parece la costa noreste estadounidense, la belleza arrolladora de Sudáfrica, la sensualidad extrema de las mujeres indias y la depresión que te trajiste durante tu primera visita a ese increíble país.

Hoy quiero escribir y sonreir al cerrar mis ojos y lograr revivir aquel primer contacto con tu aroma, aquellos primeros besos y caricias que debiste procurarme cuando, teniendo yo algo más de un mes de vida, por fin, pudiste agarrarme con tus pequeñas pero fuertes manos y acurrucarme sobre tu generoso y contento corazón.
Hoy quiero escribir sobre ti y escuchar tus seguras pisadas a mi espalda, mientras hago que estudio, por el infinito pasillo de la que fue nuestra casa. Casa que nunca te gustó y que tan cómplice fue de mí misma. Hoy quiero volar hasta poder calzarme mis zapatillas de punta sabiendo que, en cualquier momento, descubriré tu orgullosa mirada por un resquicio de la puerta entrecerrada del estudio de ballet.
Hoy quiero escribir sobre ti y caerme al suelo de las risas cuando Rosinita, por culpa de tener los ojos vendados, te regale unos buenos escobillonazos, al confundirte con la piñata que has colgado en la terraza de mi cuarto, como hacías durante cada uno de mis cumpleaños infantiles.
Hoy quiero escribir sobre ti y que volvamos a zambullirnos con nuestras aletas, nuestras gafas y nuestros tubos, entre las aguas de nuestro adorado Atlántico, cuando tú eras mi rey Neptuno particular y yo la pequeña princesa heredera de tu reino encantado.
Hoy quiero escribir sobre ti y espiarte con el rabillo del ojo, sin que te des cuenta, como siempre hice cada vez que nos adentrábamos, juntos, en la semipenumbra de un siempre mágico cine.
Hoy quiero escribir sobre ti y que las carcajadas vuelvan a asfixiarme cuando me dejes caer sobre la cama, de forma inesperada, al echar hacia un lado tus fuertes rodillas, hasta entonces transformadas en las jorobas de un camello, gracias a la magia del juego compartido.
Hoy quiero escribir sobre ti y sobre tu entrega, sobre tu amor sin barreras, sobre tu valentía al darte, sobre tu atrevimiento al dejarlo todo para acompañarla a ella cuando las tinieblas de la enfermedad, de la sinrazón y del más negro de los desalientos atraparon su alma, su mente y su cuerpo.
Hoy quiero escribir de ti y de lo mucho que me has enseñado al tenerte de modelo, de compañero, de amigo, de maestro, de guía y consejero.

ahora que tus piernas empiezan a caminar más lento,
ahora que te miro y veo en ti a mi abuelo,
es ahora cuando te extraño y cuando más te echo de menos.
por kilómetros y millas que separen nuestros cuerpos,
como ya sabes, no existen distancias para los corazones llenos.
Llenos de AMOR con mayúsculas,
llenos de recuerdos plenos,
llenos de charlas y risas,
llenos de compartidos silencios.
por medio de estos renglones que escupen hoy mis adentros.
Porque hoy es un día especial,
porque anhelo el reencuentro
de mis ojos con los tuyos
y de pasear envueltos
por tus chistes y mis gracias,
bajo el acariciante y sedoso sol

una infinitud de cariños y una galaxia de besos.
Para que los abras y atesores cuando venga el desaliento
de esos días que son grises y que llegan desde lejos,
cuando tu niña está triste, insoportable y en silencio.
Para cuando se siente a tu vera el futuro incierto
de no comprender qué le pasa a la princesa del cuento.
Hoy quiero escribir de ti y confesarte en silencio que,
tú sigues dentro del cuento siendo ese rey encantado
que me dio vida y momentos.
Rey al que amo y adoro
como a quien me dio nacimiento
en un mundo que, aun cruel,
sé que he de recorrerlo entero,
para, algún día, ser yo
la que te dedique otro cuento.





































































































catalaneta dijo
Felicidades para tu papi y para ti por ser como eres, por amarle como le amas.
Besitos
25 Abril 2008 | 12:45 AM