ME ENAMORA LA LLUVIA...
Llueve tras los vidrios y, una vez más, las hadas de mis ventanas sonríen a cada una de esas minúsculas gotitas transparentes. Me gusta ver cómo se deslizan, las gotas celestes, siempre hacia abajo, como las lágrimas dulces que surcan una mejilla llenando de recuerdos imborrables a un alma en lucha. Me gusta observar cómo mis hadas se nutren de su fresca humedad y se regalan divertidas salpicaduras del siempre anhelado líquido elemento.
Me embriaga el olor a tierra mojada que la pertinaz llovizna regala a todo aquel que sepa descubrirlo y valorarlo en su justa medida. Me embriaga porque ese aroma constituye un guiño de renaciente vida. Es un aroma que me devuelve recuerdos de nidos rebosantes de pollos, de mágicas amapolas a punto de estallar en color y de infantiles y plásticas botas saltando sobre charcos rotos en mil y una carcajadas.
Me enamora la lluvia porque su tintineo, a veces, rotundo e, incluso, atronador, consigue arrastrarme hasta aquel sofá de tonos mostaza, salpimentado por centenares de pequeñas flores, de la que, otrora, fue mi casa. La casa en que crecí y en la que construí los pilares de la mujer que hoy soy. El mismo sofá sobre el que me tumbaba en días oscuros, húmedos y fríos, como este de hoy, y en el que, arrebujada bajo algunas de las colchas que mi abuela confeccionaba, volvía a soñar con primeros besos robados, con viajes aún no realizados y con mis años futuros, todavía más numerosos que los años ya pasados.
Me encanta el sonido que este manto acuoso logra crear al derramarse sobre la superficie terrestre. Los pasos de los viandantes parecen susurrar, gracias a la lluvia, viejas leyendas a punto de ser olvidadas. El ruido del tráfico se convierte, merced a las anegadas calles, en un concierto de chasquidos y bocinas, en un rumor acariciante entre limpiaparabrisas y gabardinas chocando contra metálicas, duras y frías superficies.

Me enloquece la lluvia, incluso por ese halo a triste nostalgia con el que ilumina a mi siempre incansable corazón. Con su sola presencia logra que salve distancias y tiempos y, como la niña pequeña que siempre seré, corra, sin pensar en los tropiezos y caídas, hacia los brazos abiertos, de par en par, de todos aquellos a quienes amo y quiero y a los que tengo tan lejos.
Gracias a la lluvia reconozco la tersura de la piel de mi madre en cuanto parpadeo.
Gracias a la lluvia observo mi propio reflejo en el bello azul de los ojos paternos.
Gracias a la lluvia canto y tarareo esas tonadas ancestrales de siempre, que mi abuela ató a mi alma con el mismo amor que su abuela hizo con ella hace...
Gracias a la lluvia acaricio la sedosa piel de mi gato y la tremenda melena lanuda de Lupo, sin que tenga que rascarme luego.
Gracias a la lluvia acompaño en sus eternas singladuras a mis escamosas carpas, redescubriendo las mismas piedras y reconociendo las mismas algas.
Gracias a la lluvia me es posible, sin ni siquiera cerrar los ojos, escuchar el repiqueteo de los tacones de mis botas sobre los vetustos adoquines de mi amada Laguna, mientras doblo la esquina de mi querida Concepción y sonrío a las altas palmeras de la plaza.
Gracias a la lluvia penetro en mi propia burbuja de sentimientos y vivencias y, ligera como una pluma, vuelo y me traslado hasta lugares remotos que, sin embargo, al tropezarme con mi propio reflejo sobre el goteante cristal, descubro que se hallan aquí mismo, a mi lado, pegados a mí, porque jamás se fueron, porque nunca les dejé...Porque están en mí.
¿Y a ti? ¿A ti también te enamora la lluvia?











catalaneta dijo
Si Clito a mi tambien, pero a su tiempo... claro que es justo ahora el tiempo de lluvias, pero es que este año tengo ganas de flores, ganas de piar de pajaritos.
Disfruta de esos pocos dias que en tu islita llueve.
Besitos
18 Abril 2008 | 02:09 AM