CANARIAS DECLARADA

ZONA LIBRE DE

CULTIVOS TRANSGÉNICOS

La semana pasada el Consejo de Gobierno de Canarias acordó declarar mi Comunidad Autónoma como zona libre de cultivos transgénicos integrada al foro comunitario "Agrupación de Regiones Libres de Organismos Genéticamente Modificados". Y como diría un campechano vecino de las islas: "¡y bastante que me alegro!"

Si por algo me muestro absolutamente contraria al cultivo de plantas transgénicas es, sobre todo, porque dichas explotaciones conllevan la desaparición de las tradicionales, lo que está implicando la aniquilación de multitud de variantes de hortalizas, legumbres y frutas que, hasta hace pocos años, consumíamos de un modo habitual y natural.

Con esta iniciativa lo que se pretende desde el gobierno canario es, precisamente, eso: defender ante las instituciones comunitarias que las regulaciones sobre cultivos modificados genéticamente tengan en cuenta las estrategias productivas y medioambientales de las diversas regiones de la Unión Europea, es decir, que no se produzca un menoscabo de los cultivos y producciones tradicionales de cada zona en pro de los transgénicos.

Según el acuerdo, se hará valer en el seno de la Comisión Nacional de Bioseguridad, como criterio general para la autorización de cultivos modificados genéticamente en Canarias, su impacto negativo sobre las estrategias productivas del conjunto del sector agrario canario.

El comunicado indica que Canarias es uno de los lugares con mayor densidad de endemismos de todo el planeta: "el mayor número de extinciones y los problemas más agudos para proteger la Biodiversidad mundial están en islas, y todos esos problemas han surgido por la introducción de especies o agentes foráneos con capacidad de dañar o alterar sus ecosistemas y especies nativas".

Hay que recordar que cuando hablamos del archipiélago canario nos referimos a un territorio singular, caracterizado por su reducido tamaño, expuesto a los vientos alisios constantes, con una orografía montañosa y, por todo ello, con gran riesgo de dispersión del polen de las plantas.

La única pega de este acuerdo, para mí, es que lo que no se prohibe es la importación de productos transgénicos para su posterior elaboración en Canarias. Sin embargo, no me quedan dudas: hemos dado un gran paso hacia la protección de nuestro territorio.