VUELA ALTO, CARLOTA. VUELA LIBRE Y FELIZ.

Son bastantes los minutos que llevo intentando afrontar cómo usar las palabras para que no sean sólo el dolor, la rabia y el temor al qué será los únicos protagonistas de ellas. Y es que tú te mereces mucho más que eso.

Ahora mismo, cuando las lágrimas derramadas, además de las contenidas, amenazan con reventar mi cerebro...Ahora mismo, cuando la náusea me invade de un modo claramente físico...Ahora mismo, cuando incontables preguntas destrozan mi alma de la forma más terrible...Es ahora cuando, a pesar de todo, sólo deseo que el amoroso recuerdo de tus trinos me abrace por entero.

Hoy, la fatalidad ha querido hacerse dueña de esta casa a través de tu muerte inocente, provocada por otro inocente ser.

Cuando Rafa me despertó, destrozado, diciéndome que Rocky te había matado, salté de la cama como un resorte, no dando crédito a lo sucedido. Pero la más cruel de las realidades se adueñó de mis ojos cuando te descubrí allí, inmóvil, con tus preciosas plumitas mojadas, sobre la manta dibujada con huellas perrunas, que, tantas veces -y de un modo tan tierno- le sirvió de cálido lecho.

Ya sabes que, para mí, vosotros, los animalitos, sois seres sagrados. Ya sabes que os vivo como una parte básica de mi propia existencia. Ya sabes que por amor y respeto hacia vosotros hace unos cuantos años que decidí dejar de nutrirme de vuestros cuerpos. Ya sabes, por todo ello, que, con tu muerte, estoy y estamos sufriendo dos pérdidas: la de la periquita tan bella que eras, que tan buena madre fue y tan bien nos acompañó durante años y, por otro lado, la muerte de la inocencia de Rocky que, además, implica ahora mismo el choque de una serie de sentimientos encontrados que, va a cambiar la vida de todos.

Tu llegada a nuestras vidas fue, también, a través del dolor puesto que, una serie de fatales "casualidades" (las entrecomillo porque ya sabes que no creo en la existencia de ellas) provocaron que Eva, tu antecesora, se nos escapase. Así que te compramos a los pocos días cuando observamos que Fito -tu compañero de jaula, de vida y padre de tus crías- se entristecía al saberse solo de nuevo.

Al principio le "sacabas las uñas" constantemente, asestándole tremendos picotazos cuando intentaba un acercamiento. Los mismos picotazos que nos obligaban a ponernos guantes cada vez que deséabamos agarrarte para algo. Recuerdo ahora mismo, cómo hace unos meses, tras mi regreso a esta casa, te quise coger para acariciarte un poquito y me pillaste un trozo de mano de tal modo que te quedaste colgada de ella, triturándomela con el pico y, claro, buena de mí, me limité a quejarme y a aguantar el dolor hasta que, con mucho cuidado, logré zafarme de tu fortísimo pico.

¡Nos diste tanta felicidad a través de tu papel como madre!

Antes de ti, nunca había criado pollitos de aves. Por eso, siempre recordaré como un instante mágico, esa noche en que, mientras Rafa se lavaba los dientes, se acercó con los ojos muy abiertos y me dijo que se oía un piar débil, de pollito, proveniente del dormitorio donde habíamos depositado vuestra jaula, para que estuviéseis tranquilos a la hora de empollar aquellos primeros huevitos. Era Raulito, tu primogénito, quien, aún dentro del cascarón, luchaba por abrirse camino y salir al exterior.

Después de Raulito vinieron Beckham, Nano y Coji. Hasta que nació este último, Coji, no supimos los riesgos que entrañaba criar y cruzar a periquitos arlequines como eras tú. En realidad sois una especie de mutaciones emplumadas que, por vuestra propia naturaleza, sufrís una serie de discapacidades físicas. Por eso Coji nació como lo hizo. Por eso fue bautizado con ese nombre. Por eso luchamos tanto con y por él, mientras tu observabas sus progresos diarios a la hora de valerse por sí mismo, incapaz de erguirse sobre sus maltrechas patitas. Por eso tuvimos que separaros y dejarle solito en una jaula preparada y acolchada para que su discapacidad física no le dañara. Por eso te pasabas el día pegadita en la pared de tu jaula, adosada a la pared de la suya, charlando con tu chiquito y entonando bellas trinadas de forma conjunta.

El estómago vacío se me encoge bajo la forma de un molestísimo hipo, pero sólo pensar en comer me provoca al vómito. El cansancio me consume. Me siento agotada, como si hubiese corrido una maratón o como si me hubiesen pegado una paliza. Pero sigo aquí, en este teclado a través del que intento llegar hasta ti una vez más.

Hora y media más. Una conversación telefónica con Tenerife, muy triste y muy cercana. Una ducha. Cuatro analgésicos juntos. Fatigas, mareos, náuseas y vómitos. El lunes vendrán a por Rocky. El plan inicial era tenerle en Barcelona hasta que se curase para que luego viviera en Tenerife. Siempre deben cumplirse los planes iniciales. Con el tiempo sé que le veremos como merece y le sentiremos "ecéz" de nuevo. Ahora mismo, no podemos darle el cariño necesario sin que el dolor interfiera entre nosotros, así que, por su propia felicidad, debe ir a Tenerife. Dentro de unas semanas regresaré a mi islita y puede que permanezca meses en ella. Ojalá todo salga bien.

Carreras hasta el cuarto de baño, náuseas convulsas, vómitos, el asqueroso sabor de la bilis en la boca.

Esta noche bajaremos los tres a enterrarte: Rocky, Rafa y yo. Pasarás a formar parte de la misma madre tierra que nos dio la vida. Ocuparás el mismo terreno que los bichitos que te precedieron. Siempre tendré motivos para regresar hasta esta ciudad, una vez lleguen los tiempos (presiento que muy próximos) de abandonarla de un modo definitivo. Siempre tendré motivos para recordarte tan bella como siempre. Siempre te amaré.

Seguiré escribiendo sobre ti en mejores momentos. Comienza a oscurecerse todo a mi alrededor, de lo mareada que me siento. Creo que el vómito volverá a adueñarse de mi persona en breves momentos. Mejor me tumbo un rato.

Te quiero Carlota. Te queremos.