Canta el gallo del despertador de mi teléfono móvil. Miro mi reloj de pulsera: son las 07:45 horas canarias. No entiendo. ¿Cómo es posible que suene justo una hora antes de lo que lo puse? ¡Seré tonta! Claro, tiene la hora peninsular y no la he cambiado. Vuelvo a rodar sobre mí misma, bajo la suave manta. Con suerte, igual me duermo. Entreabro un ojo. Hace unos instantes estaba pagando la factura de un hotel en algún lugar del extranjero. Un sueño viajero, ¡qué raro!.

Ya hay luz solar. La mañana y las cortinas burdeos impregnan mi dormitorio de una atmósfera rojiza que me recuerda alguna escena de "Lo que el viento se llevó". Quizá sea la del incendio que acaba con Tara, vete tú a saber. Nada, imposible, una vez despierta, por más que lo intente, no vuelvo a dormirme, así que, al baño y a la ducha.

¿Cómo es posible que haya personas que, aun disfrutando de agua corriente no soporten remojarse? Me pasaría media vida bajo este chorro cálido. Sin embargo en esta casa el termo es eléctrico, así que he de economizar el agua si no quiero acabar temblando bajo una ducha gélida.

Esta manía mía de no secarme y salir chorreando un día me dará un disgusto: ¡tremendo resbalón al pisar el suelo! Me encanta el tacto de la túnica de raso sobre mi piel chorreante. Misha ronca hecho un ovillo sobre el sillón de mimbre del cuarto de la tele. Iré a ver si Lupo quiere comer, que desde que se fueron mis padres no ha probado bocado y, para colmo, ayer logró arrancar un trozo de hoja y se la comió para purgarse, vomitando luego una masa espumosa de babas, bilis, pelos y planta.

Tengo que acabar con la decoración del nuevo acuario. Debo recordar buscar en el super alguna lámina para la pared posterior. Nada, Lupo no quiere comer. Su comportamiento es de lo más normal, pero no come. Si no ingiere nada hoy lo llevaré mañana al veterinario a ver qué pasa, pero antes le tomaré la temperatura.

¡Tanto que inventan y la leche de soja sigue teniendo este sabor asqueroso! Por más sacarinas que le eche, por más calena en polvo que le añada, mantiene este regusto amargo al final que me obliga a fruncir el ceño. Bueno, al menos podré emperifollarme tranquila, mirando el correo y buceando un poco por la red. Le pondré el desayuno a Misha y a los peces.

Creo que hoy hará calor, ¡qué asquito! Hace demasiado sol para la hora que es. Sacaré a Lupo antes de irme para el dentista.

He sido el minutito de recreo de los obreros de ambos edificios en construcción que hay en mi calle. Armada con mis cascos y M80, con Lupo como loco por verse en la calle y parapetada tras las gafas de sol, no he escuchado ninguna de las barbaridades que han dicho. Tampoco hace falta oirlas para imaginárselas: suelen tener poca imaginación. Van listos si piensan que me voy a azorar o a cambiar de acera. Ya pueden largar sapos y culebras por esas bocas que no lograrán que varíe mi ruta. A la vuelta más, caballerotes.

Son las 11. Tengo hora con Don Enrique a las 12, pero me iré ya, que encontrar aparcamiento es dificilísimo.

Ni un sitio. Daré otra vuelta a ver si hay suerte. Nada. Otra vuelta más. Los homínidos del bar comienzan a quedarse con la copla y ya son dos los apostados en la puerta, cuales buitres leonados. No sé qué pasa en esta tierra que los varones están de un salido supino. ¡Qué bien y ahora cortan el tráfico por obras en una calle! Cualquiera de mis bichos tiene la mirada más despierta e inteligente, durmiendo, que el obrero al que han apalancado dirigiendo el tráfico mientras la apisonadora va y viene. ¡Qué harta estoy de los años electorales! ¡Qué ganas de que llegue el 9M, que salga quien sea y se acaben las obras y arreglos hasta dentro de tres años!.

¡No me lo creo, acaba de salir uno dejándome el sitio libre a menos de 100 metros de la consulta!¡Bien! Son las 11:40. Allá vamos.

Paso a consulta ya. Perfecto, a ver si acabamos pronto. ¡Leñe, no me acordé de cuánto tumban a uno en el dentista y traigo falda corta! En fin, lo peor que puede pasar es que se le vaya medio ojo y me quede con un agujero en la encía.

40 minutos en posición de pino-puente. ¡Ni el entrenamiento de los astronautas, oiga usted! Revisión de tres empastes y limpieza. 120 euros menos y hasta dentro de tres meses...Y ahora el mal trago del día: a Alcampo a luchar contra marujas y demás jaurías. Con suerte estarán ya preparando la comida para, hinchadas como piñatas, sentarse a ver algún programa de corazón y/o telenovela y acabaré pronto.

¡Yupi, los aparcamientos están casi vacíos, lo que significa que no hay casi nadie! ¡A comprar!

Dos nuevos cojines para Lupo, comida para Misha, la lámina de la pecera, otra planta para decorarla, pan ácimo, ensaladas, palines, halls, tónicas, un portadocumentos nuevo -un hombre me ha saludado y no le conozco de nada- tomates, fósforos, velitas, agua, salsa de tomate, sorbete helado de café...No hay salchichas veganas por ningún lado, sólo unas hamburguesas vegetales con peor pinta que Sara Montiel recién despierta. No sé si preguntar si tienen tofu en aluna otra sección. Visto el careto de los reponedores sospecho que no sabrán ni de qué les hablo y me observarán como si estuviera loca o si fuese extranjera por preguntar cosas raras, así que miraré por mí misma. Nada, tendré que ir mañana a la tienda de La Laguna a por algo de tofu o de seitán. Bueno, otros 100 euros menos.

¡Dios, qué calufón dentro de mi vampus-móvil! La gente se pasea en cholas, tops y bermudas, ¡qué asquito de tiempo! Para casa, ¡ya!

¡Qué raro, me tropiezo con la vecina justo cuando voy reventada cargando todo! Lo mejor es que en vez de ayudar, busca conversación.

-Hola mi niña, dame un besito. ¡Qué guapa estás y qué cargadita vas! ¿Tus padres ya se fueron de viaje? ¿Te quedarás mucho esta vez? ¿Y Lupo? Me tiene loca, ¡es tan guapo!...

Y mis muñecas a punto de reventar.

Colocar la compra. Ir a saludar a Roca. Ponerle comida a Misha y a los peces. Mirar que no haya mensajes en el teléfono fijo. Sacar a Lupo. Reirme con los obreros porque ya es que se asoman todos mientras M80 me vuelve a librar de sus "gracietas". Darme un remojón. Mandar un par de SMS. Grabar cosas de la tele. Acabar de decorar el acuario. Jugar con Lupo. Preparar las cosas que he de llevarle a mi abuela. ¡¡¡Por fin Lupo ha comido!!! Comenzar a emperifollarme otra vez. Revisar el blog y visitar a algunos blogueros. Llamar a la residencia para que no le den la cena a mi abuela. Chachi, están Sandra y Carmen, nos reiremos un rato. Preparar la tortilla con pavo, el termo de café descafeinado y sacar la natilla para llevarle a mi abuela. Meter en la bolsa sendas cajetillas de tabaco para Sandra y Carmen. Recordar llevar los regalitos que le traje a mi abuela. Limpiar el cajón de Misha.

Al final me he olvidado los regalos. Bueno, se los traeré el domingo. La tienen muy guapa hoy. Me gusta mucho ese conjunto de punto marrón. Cantamos, nos besamos, reímos, nos agarramos las manos. ¡Ojalá pudiera ver al menos! Siento la presencia de Inés en el cuarto que ocupó durante más de cuatro años al coger la mesita de ruedas para darle la cena a mi abuela. Sandra me cuenta cómo murió Inés el lunes pasado.

Un plato de puré, la tortilla que le traje, la natilla y voy a por un yogur de arándanos a la cocina. Si yo cenase así, no cabría por la puerta y, sin embargo, mi abuela se consume cada día un poco más. Bromeo con Carmen, la cocinera. Le tiene pánico al avión y por eso casi no ha salido de Tenerife aunque tiene familia en Badalona y en Sevilla. Le digo que se lance tres cubatas, cuatro tranquimacines y a sobar durante el vuelo. Se parte de risa conmigo.

Son más de las siete de la tarde. Tengo que ir a comprar inciensos y aceites para quemar. Me despido de mi abuela hasta el domingo. Nos llenamos de besos y volvemos a reirnos.

Aromas de coco y de vainilla para quemar. Me llevaré también esta jirafa de peluche y este gnomo de resina, olvidados por todos. A ver si con suerte aparco pronto.

¡No me lo creo, un sitio casi en la puerta de casa!

Lupo se disparata y salta como lo haría mi adorada Lunita al ver que agarro su cadena para sacarle. Cada día tengo más claro que ella es la que se encarga de Lupo mientras que Lara cuida de Rocky. No hay descanso posible: los de la obra ya se han ido de fin de semana pero ahora son como quince los obreros que abarrotan la acera por fuera del centro de cursos de construcción. Ya se están dando codazos unos a otros y lo mejor es que más de uno podría ser mi hijo...¿Será el clima?

Cae la tarde. Me gusta pasear de noche con Lupo, mientras las calles se visten de oscuro y se desnudan de gentes. Otro hombre me saluda y juro no haberle visto en la vida. ¿Tendré un clon y ni me he enterado? Estoy cansada. Mis tripas me recuerdan que estoy con dos cafés con leche (de soja asquerosita) y alguna que otra galleta de canela (no tienen leche de vaca) desde anoche. Pese al cansancio continúo el paseo.

Volver a casa. Llenarla de aroma de coco. Llamar por teléfono. Ponerle la cena a los pescados y a Misha. Hacerme una sesión de fotos a ver qué tal va esta webcam nueva. Sacar las ensaladas de la nevera. Fregar cacharros. Darme una ducha. No le daré a Lupo de cenar, quiero que ordene su alimentación, que mis padres lo tienen muy mal acostumbrado. A cambio le daré el peluche que le compré en Alcampo. Se vuelve loco de contento con su primer oso peludo. Después de todo sigue siendo un enano de siete meses.

Son las diez de la noche...¿Y qué escribo hoy para el blog?