Embutida en un Airbus 300 rumbo a la Ciudad Condal, entre vaivenes por culpa de las turbulencias, que nos recuerdan que sólo somos unos insignificantes bichitos retando al divino Eolo, me sorprende algo que, desde los cascos que me cubren los oídos y despiertan mis somnolientos sentidos, me susurra Billy Bob Thornton.

La película se llama "El granjero astronauta" -al menos por estos lares hispanos- y, aunque pensé que se trataría de un bodrio insoportable y pese a que el doblaje es el típico sudamericano-yanquinoso, esta última frase me ha lanzado hasta mi nueva libreta de apuntes: "en un punto de la vida dejamos de creer que somos capaces de cualquier cosa y yo aún creo en los sueños", -dice el bueno de Billy.

En realidad no la susurra, sino que, al contrario, la grita. Nos la grita a todos los que le contemplamos desde dentro y/o desde fuera del guión. Pero a mí, que sé perfectamente de lo que habla, me suena como un dulce y amoroso susurro.

Una vez más, me pregunto por qué a todos los que creemos y sabemos que somos sueños andantes -y como tal vivimos y nos comportamos en consecuencia- se nos tacha siempre de locos, raritos, especiales o anómalos. También en la narración de esta historia ficticia, al personaje interpretado por Thornton se le critica el perseguir la consecución de sus sueños y entre sus vecinos le catalogan como el tarado del pueblo.

¿Por qué la gran mayoría de adultos contempla como algo absolutamente lógico y normal que los niños sueñen despiertos y, sin embargo, hay que renunciar a ello cuando se crece?

Hace ya bastantes lustros que me negué a dejar de sentir la magia de un silencio compartido...

Me niego a no derramarme en lágrimas cuando mi alma necesite desbordarse en forma de pertinaz lluvia. Me niego a no mecer a María y a Eduardo, cada noche, al irnos a dormir, justo en ese preciso instante en que sé que son sus risas las que me acunan a mí. Me niego a no cuidar de las mariposas de mi barriga cuando el hombre deseado roza con su piel las mejillas de mi espíritu amante.

Me negué, puede que hace milenios ya, a no sentirme yo misma en todo momento. Por más que duela. Por mucho que cueste. Por duro que sea el camino en demasiados momentos.

La peregrinación hacia los lavabos, a mi espalda, no cesa ni por un segundo. El Sol continúa deslumbrando a las ventanillas de mi izquierda. ¿O tendría que decir "babor"?

Los más curiosos espían por encima del respaldo de mi asiento, intentando leer lo que la rubia pechugona escribe, mientras una dulce sonrisa se dibuja en su rostro: ¿por qué a la mayor parte de la gente le sorprende, tanto, ver a alguien escribiendo?

El hilo musical del avión me regala en estos momentos otra mágica sonrisa: la banda sonora de "Braveheart" -esas notas que jamás me canso de escuchar-, danza entre mis tímpanos. Recuerdos de viajes. Recuerdos de toffees. Recuerdos de lagos. Recuerdos de leyendas vivas. Recuerdos de ilusiones conjuntas. Recuerdos de fútbol y de lágrimas compartidas... Cariñosos recuerdos que intenta romper una señora de más de setenta, que escudriña mi escote y cuyo gesto, al hacerlo, denota que no parece demasiado satisfecha con él.

"Aquí es donde viven los sueños", -se grita a sí mismo el granjero astronauta, una vez que ha palpado, hasta hartarse, su viaje imposible.

El espejo del minúsculo baño de a bordo me devuelve mi ropio rostro cuando evoco esa otra frase extraída del cinematográfico guión. Mirándome a los ojos y viendo a través de mi propia esencia, le repito a lo que soy, a lo que siento, a lo que percibo, a lo que pienso, a lo que sueño, la misma expresión que el protagonista de tan tejana escafandra: "¡Estoy aquí!"

El vuelo se acaba. El piloto empieza la maniobra de descenso.
El chico a mi izquierda sigue enfrascado (o intentando parecerlo) en la lectura de la prensa diaria. Un pompis con vida propia casi me lanza hacia le exterior de la nave. La señora portadora de semejante culamen ni siquiera pide disculpas por su empujón trasero...¿Qué más da? Continúo sonriendo al dejar que la magia del saberme mágica me inunde por completo.

(Escrito el 18/10/2007)