¿La sonrisa?... Un vago recuerdo perdido en el túnel del inexistente tiempo.

¿Las manos?... Ramas muertas que, crujientes, se astillan bajo el más mínimo roce letal.

¿Los ojos?... Torrentes que se desbordan en pos de una laguna de calma que, jamás, se llega a pisar.

¿La mente?...Vacío de necios, plenitud de fantasmas y reino de la silenciosa y mordaz nada.

¿La boca?... Un desierto erial donde la dulzura se transformó en un espinoso tallo sin rosa.

¿El corazón?... Pestilente masa putrefacta, ajada, herida y maltratada por quienes tanto la hirieron y por el olvido al que le envió su, agotada y perdida, dueña.

¿La espalda?... Rota bajo el peso de la aplastante realidad que el reflejo del espejo, una vez más, se empeña en escupir a la cara sin rostro.

¿La piel?... Sucio y rajado tapiz, macilento y descolorido diseño encubierto, que usas para alejar lo que descubres, al echar el pestillo de tu alma.

El alma, hoy, decidió vagar errante, huyendo de mí, escondiéndose tras la esquina del último vericueto que, un desconocido diseñador, se atrevió a firmar con mi nombre.

Noches de risas, días de oscuridad...

¿Y mañana?...

¡Quién sabe lo que sucederá mañana!

¿Acaso conoces tú el mañana?