(...)"Gilgamesh le dijo, a Utnapishtim el Lejano: «Cuando te miro, Utnapishtim, tus rasgos no son extraños; incluso como yo eres. Tú no eres extraño; antes bien, como yo eres. ¡Mi corazón te había imaginado como resuelto a batallar,pero descansas indolente sobre tu dorso! Dime, ¿cómo te sumaste a la Asamblea de los dioses, en tu busca de la vida?»
Utnapishtim dijo a él, a Gilgamesh: «Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta y un secreto de los dioses te diré: Suruppak, ciudad que tú conoces y que en las riberas del Éufrates está situada, esa ciudad era antigua, como lo eran los dioses de su interior, cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio.
Estaban Anu, su padre, el valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, y su irrigador, Ninigiku-Ea, también estaba presente con ellos. Sus palabras repite a la choza de cañas: "¡choza de cañas, choza de cañas! ¡Pared, pared! ¡Choza de cañas, escucha! ¡Pared, vibra! Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, demuele esta casa, construye una nave! Renuncia a las posesiones, busca la vida. ¡Desiste de bienes mundanos y mantén el alma viva! A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas. El barco que construirás, sus dimensiones habrá que medir. Igual será su amplitud y su longitud. Como el Apsu lo techarás".
Entendí y dije a Ea, mi señor:"mi señor, lo que así ordenaste tendré a honra ejecutar. Pero, ¿qué contestaré a la ciudad, a la gente y a los ancianos?"
Ea abrió su boca para hablar, diciendo a mí, su servidor: en tal caso les hablarás así: "He sabido que Enlil me es hostil, de modo que no puedo residir en vuestra ciudad, ni poner mi pie en el territorio de Enlil. Por lo tanto, a lo Profundo bajaré, para vivir con mi señor Ea. Pero sobre vosotros derramará la abundancia, los pájaros selectos, los más excelentes peces. La tierra se colmará de riqueza de cosechas. Aquel que en el ocaso ordena las vainas verdes, verterá sobre vosotros una lluvia de trigo".
Al primer resplandor del alba, la tierra se juntó a mi alrededor. Los pequeños llevaban brea, al paso que los grandes transportaban el resto de lo necesario.
Al quinto dia tendí su maderamen. Un acre entero era el espacio de su suelo, diez docenas de codos la altura de cada pared, diez docenas de codos cada borde del cuadrado puente. Preparé los contornos y lo ensamblé. Lo proveí de seis puentes, dividiéndolo así en siete partes. El plano de su piso dividí en nueve partes.
Clavé desaguaderos en él. Me procuré pértigas y acopié suministros. Seis "sar" de betún eché en el horno, tres "sar" de asfalto también eché en el interior, tres "sar" de aceite los portadores de cestas transportaron, aparte de un "sar" de aceite que la calafateadura consumió y de los dos "sar" de aceite que el barquero estibó.
Bueyes maté para la gente y sacrifiqué ovejas cada día. Mosto, vino rojo, aceite y vino blanco di a los trabajadores para beber, como si fuera agua del río, para que celebrasen como en el Día del Año Nuevo. Abrí ungüento, aplicándolo a mi mano.
Al séptimo día el barco estuvo completo. La botadura fue ardua, hasta el punto de que hubieron de cambiar las planchas de encima y de debajo, hasta que dos tercios de la estructura entraron en el agua.
Cuanto tenía cargué en él. Cuanta plata tenía cargué en él. Cuanto oro tenía cargué en él. Cuantos seres vivos tenía cargué en él. Toda mi familia y parentela hice subir al barco. Las bestias de los campos, las salvajes criaturas de los campos. Todos los artesanos hice subir a bordo.
Samas me había fijado un tiempo: "cuando aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envíe una lluvia de tizón, ¡sube a bordo y clava la entrada! Aquel tiempo señalado llegó: "aquel que ordena la intranquilidad nocturna, envía una lluvia de tizón". Contemplé la apariencia del tiempo. El tiempo era espantoso de contemplar. Subí al barco y clavé la entrada. Para clavar todo el barco, a Puzur-Amurri, el barquero, cedí la estructura con su contenido.
Al primer resplandor del alba, una nube negra se alzó del horizonte. En su interior Adad truena, mientras Sullat y Hanis van delante, moviéndose como heraldos sobre colina y llano. Erragal arranca los postes; avanza Mnurta y hace que los diques sigan. Los Anunnaki levantan las antorchas, encendiendo la tierra con su fulgor. La consternación debida a Adad llega a los cielos, pues volvió en negrura lo que había sido luz. Durante un día la tormenta del sur sopló, acumulando velocidad a medida que bufaba sumergiendo los montes, atrapando a la gente como una batalla.
Nadie ve a su prójimo, no puede reconocerse la gente desde el cielo. Los dioses se aterraron del diluvio, y, retrocediendo, ascendieron al cielo de Anul. Los dioses se agazaparon como perros acurrucados contra el muro exterior. Istar gritó como una mujer en sus dolores, la señora de dulce voz de los dioses gime: "los días antiguos se han trocado, ¡ay!, en arcilla, porque hablé maldad en la Asamblea de los dioses. ¿Cómo pude hablar maldad en la Asamblea de los dioses, ordenando batalla para destrucción de mi gente, cuando yo misma di a luz a mi pueblo? ¡Como el desove de los peces llena el mar!"
Los dioses Anunnaki lloran con ella, los dioses, humildemente, están sentados y lloran, con los labios apretados, uno y todos.
Seis días y seis noches sopla el viento del diluvio, mientras la tormenta del sur barre la tierra. Al llegar al séptimo día, la tormenta del sur transportadora del diluvio amainó en la batalla, que había reñido como un ejército. El mar se aquietó, la tempestad se apaciguó, el diluvio cesó.
Contemplé el tiempo: la calma se había establecido ytoda la humanidad había vuelto a la arcilla. El paisaje era llano como un tejado chato. Abrí una escotilla y la luz hirió mi rostro. Inclinándome muy bajo, senteme y lloré, deslizándose las lágrimas por mi cara. Miré en busca de la línea litoral en la extensión del mar: en cada catorce regiones emergía una comarca montañosa.
En el Monte Nisir el barco se detuvo. El Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, impidiéndole el movimiento.
Un primer día, un segundo día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, impidiéndole el movimiento.
Un tercer día, un cuarto día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, impidiéndole el movimiento.
Un quinto y un sexto día, el Monte Nisir mantuvo sujeta la nave, impidiéndole el movimiento.
Al llegar el séptimo día, envié y solté una paloma. La paloma se fue, pero regresó. Puesto que no había descansadero visible, volvió. Entonces envié y solté una golondrina. La golondrina se fue, pero regresó. Puesto que no había descansadero visible, volvió. Después envié y solté un cuervo. El cuervo se fue y, viendo que las aguas habían disminuido, come, se cierne, grazna y no regresa. Entonces dejé salir todo a los cuatro vientosy ofrecí un sacrificio.
Vertí una libación en la cima del monte. Siete y siete vasijas cultuales preparé. Sobre sus trípodes amontoné caña, cedro y mirto. Los dioses olieron el sabor, los dioses olieron el dulce sabor. Los dioses se apiñaron como moscas en torno al sacrificante. Cuando, al fin, la gran diosa llegó, alzó las grandes joyas que Anu había labrado a su antojo: "Dioses, tan cierto como este lapislázuli está en mi cuello, no olvidaré, recordaré estos días, sin jamás olvidarlos. Vengan los dioses a la ofrenda, perono acuda Enlil a la ofrenda, porque, sin razón, causó el diluvio Y a mi pueblo condenó a la destrucción".
Cuando finalmente llegó Enlil, y vio el barco, Enlil montó en cólera. Le invadió la ira contra los dioses Igigi: "¿escapó algún alma viva? ¡Ningún hombre debía sobrevivir a la destrucción !"
Ninurta abrió la boca para hablar, diciendo al valiente Enlil: "¿Quién, salvo Ea, puede maquinar proyectos? Sólo Ea conoce todo". Ea abrió la boca para hablar, diciendo al valiente Enlil: "tú, el más sabio de los dioses, tú, héroe, ¿cómo pudiste, irrazonablemente, causar el diluvio? ¡Al pecador impón sus pecados, al transgresor impón su transgresión! ¡Sin embargo, sé benévolo para que no sea cercenado ! ¡Sé paciente para que no sea desplazado! En lugar de traer tú el diluvio, ¡ojalá un león hubiera surgido para disminuir la humanidad! En lugar de traer tú el diluvio, ¡ojalá un lobo hubiera surgido para disminuir la humanidad! En lugar de traer tú el diluvio, ¡ojalá un hambre hubiera surgido para menguar la humanidad! En lugar de traer tú el diluvio, ¡ojalá una pestilencia hubiera surgido para herir a la humanidad! No fui yo quien reveló el secreto de los grandes dioses. Dejé que Atrahasis viese un sueño,y percibió el secreto de los dioses. ¡Reflexiona ahora en lo que le atañe!"
A esto Enlil subió a bordo del barco. Cogiéndome de la mano, me subió a bordo. Subió mi mujer a bordo e hizo que se arrodillara a mi lado. De pie entre nosotros, tocó nuestras frentes para bendecirnos: "hasta ahora Utnapishtim fue tan sólo humano. En adelante Utnapishtim y su mujer serán, como nosotros, dioses. ¡Utnapishtim residirá lejos, en la boca de los ríos!"
Así me cogieron y me hicieron residir lejos, en la boca de los ríos. Pero ahora, ¿quién por ti convocará los dioses a la Asamblea, para que encuentres la vida que buscas? ¡Ea!, no concilies el sueño Durante siete días y siete noches».
Mientras allí se sienta sobre sus nalgas, el sueño le aventa como el torbellino. Utnapishtim dice a ella, a su esposa: «¡Contempla a este héroe que busca la vida! El sueño le envuelve como una niebla». Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano: «tócale para que el hombre despierte, para que regrese salvo por el camino que le trajo, para que por la puerta que salió pueda regresar a su país». Utnapishtim dice a ella, a su esposa: «puesto que engañar es humano, él procurará engañarte. Anda, prepara obleas para él, ponlas junto a su cabeza yseñala en la pared los días que duerme».
Elaboró para él obleas,las pusojunto a su cabeza yseñaló en la pared los días que dormía. La primera oblea se ha secado. La segunda se estropeó. La tercera está húmeda. La superficie de la cuarta blanquea. La quinta se cubre de moho. La sexta aún conserva su color reciente. La séptima, en cuanto le tocó, despertose el hombre.
Gilgamesh dijo a él, a Utnapisthim el Lejano: «¡apenas el sueño me ha invadido, cuando me tocas y me despiertas!».
Utnapishtim dice a él, a Gilgamesh: «vamos, Gilgamesh, cuenta tus obleas, que los días que dormiste sean conocidos de ti: tu primera oblea se ha secado, la segunda se estropeó, la tercera está húmeda; la superficie de la cuarta blanquea; la quinta se cubre de moho, la sexta aún conserva su color reciente. La séptima en este instante te despertaste».
Gilgamesh dijo a él, a Utnapishtim el Lejano: «¿qué] haré, Utnapishtim; a dónde iré, ahora que el Despojador hace presa en mis miembros? En mi alcoba acecha la muerte, ¡y doquiera que pongo mi pie está la muerte!»
Utnapishtim dice a él, a Urshanabi, el barquero: «Urshanabi, ¡así el desembarcadero no tenga contento en ti, así el lugar de travesía a ti renuncie! ¡A aquel que vaga en su playa, niégale su playa! Al hombre que trajiste aquí, cuyo cuerpo está cubierto de suciedad, la gracia de cuyos miembros pieles desfiguraron, lleva, Urshanabi, y condúcele al lugar del baño. Que se libre de su suciedad con agua limpia como la nieve, que se despoje de sus pieles y el mar las arrastre, que la belleza de su cuerpo se pueda ver. Haz que renueve la banda de su cabeza, deja que se ponga un manto para vestir su desnudez, que llegue a su ciudad, que concluya su viaje. ¡Así su manto no tenga color de moho, siendo totalmente nuevo!»
Urshanabi le llevó y condujo al lugar del baño. Se lavó la suciedad con agua limpia como la nieve. Se despojó de sus pieles, el mar las arrastró, para que la belleza de su cuerpo se viese. Renovó la banda que ceñía su cabeza, se puso un manto para vestir su desnudez, para que llegase a su ciudad, para que concluyese su viaje. El manto no tenía color de moho, siendo totalmente nuevo.
Gilgamesh y Urshanabi subieron a la barca, lanzaron la barca a las olas y zarparon.
Su esposa dice a él, a Utnapishtim el Lejano: «Gilgamesh vino aquí, penando y esforzándose. ¿Qué le entregarás para que regrese a su tierra?»
A aquello, él, Gilgamesh, levantó su pértiga, para acercar la barca a la playa.
Utnapishtim dice a él, a Gilgamesh: «Gilgamesh, viniste aquí, penando y esforzándote. ¿Qué te entregaré para que regreses a tu tierra? Revelaré, oh Gilgamesh, una cosa oculta,y un secreto de los dioses te diré: esta planta, como el cambrón. Sus espinas pincharán tus manos como la rosa. Si tus manos obtienen la planta, tú hallarás nueva vida».
En cuanto Gilgamesh oyó esto, abrió la cañería, ató piedras pesadas a sus pies, le bajaron a lo profundo y vio la planta. Cogió la planta, aunque pinchó sus manos. Cortó las piedras pesadas de sus pies. El mar le lanzó a la orilla.
«Urshanabi, esta planta es una planta aparte, por la que un hombre puede reconquistar el aliento de su vida. La llevaré a la amurallada Uruk, haré comer la planta. Su nombre será "El Hombre se hace Joven en la Senectud". Yo mismo la comeré y así volveré al estado de mi juventud».
Después de veinte leguas comieron un bocado. Después de treinta leguas más se prepararon para la noche.
Gilgamesh vio un pozo cuya agua era fresca. Bajó a bañarse en el agua. Una serpiente olfateó la fragancia de la planta, salió del agua y arrebató la planta. Al retirarse mudó de piel.
A esto Gilgamesh se sienta y llora. Las lágrimas se deslizan por su cara. Cogió la mano de Urshanabi, el barquero: «¿para quién, Urshanabi, mis manos trabajaron? ¿Por quién se gasta la sangre de mi corazón? No obtuve una merced para mí. ¡Para el león de tierra logré una merced! ¡Y la marea la llevará a veinte leguas de distancia!(...)"
(Traducción de parte de la Tablilla XI perteneciente al "Poema de Gilgamesh", o "La Epopeya de Gilgamesh", de autor anónimo. Gilgamesh o Gilgamés es un personaje legendario de la mitología sumeria. Según el documento llamado Lista de reyes sumerios, fue el quinto rey de Uruk hacia el año 2650 antes de Cristo.)








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