UN AÑO SIN TI:

UNA ETERNIDAD JUNTAS
Hoy hace un año que, sin avisar, decidiste continuar tu viaje eterno.
Hoy hace un año que te llevaste un trocito de mi alma para, juntas, reposar a los pies del viejo y precioso Sabius, ese anciano roble que preside nuestro celestial prado, aprovechando la sombra que sus tupidas ramas os ofrecen.
No puedes hacerte a la idea de cuánto me alegra saber que ese trocito de mi esencia se halle echado junto a ti, sereno, confiado, reconfortado por tu cariñosa y enternecedora compañía.
No puedes ni imaginar cuánto seguimos echándote de menos cada vez que abrimos la puerta de la cocina y no te descubrimos pegada a Luna, bajo la mesa de cremosa madera. Mamá incluso ha llegado a escuchar tu respiración olisqueando por debajo de la puerta y a sentir, claramente, cómo rascabas los azulejos blancos, afanada por llamar la atención y lograr, así, un paseo extra.
Pero tú y yo sabemos, perfectamente, lo bien que te sientes en nuestro cielo otoñal, disfrutando de los alegres y pizpiretos rayos solares que se abren paso entre las hojas de ese verde y vivo techo natural. Junto a ti, el resto de animalitos que te precedieron y, esas otras partes de mi ser que, junto con ellos, esperáis el reencuentro eterno.
Cada día, en mi altarcito particular, ahí donde reposa la pequeña y bonita urna donde tus cenizas orgánicas permanecen velando mis sueños y espiando mis días, arden inciensos y velitas como recordatorio de todo lo bueno que nos regalaste y como ofrenda a los dioses por habernos permitido el que nos poseyeras, del modo tan bello como hiciste, durante unos cuantos años.
¡Qué ganas tengo de abrazarte!
¡Qué nostalgia de poder acariciarte esa tripa con mamas de menos por culpa de los temores benignos que sufriste!
¡Qué ilusión me hará traspasar la entrada del túnel de vidas y observar tus orejotas, brincando, al tiempo que saltas, enloquecida de contenta, a mi alrededor!

Lo siento, Lara, te había prometido no derramar ni una sola lágrima hoy, al escribirte este recordatorio vital y, sin embargo, ya ves, justo al dar forma al párrafo anterior, un río de amorosos sentimientos se me ha derramado mejillas abajo. Ya sabes que soy una llorona.
Lo mejor de todo, es que puedo volver a verte frente a mí, sentada sobre tus patas traseras, ladeando tu preciosa carita y gimoteando, diciéndome: "no llores, tontita, si estoy aquí, a tu lado, contigo".
Y es cierto: estás aquí, dentro de mí. Es la magia del amor eterno. Es el milagro de los infinitos lazos que, una vez, nos unieron y ya, siempre, nos mantienen atadas y libres, la una al lado de la otra.
Te amo, Lara.
Sé feliz, mi
vida.
Hasta pronto.




































































































Shaky Laden dijo
Hola es muy trizte cuando perdemos a un compañero de la vida como lo son las mascotas, me da mucha ternura ver como la recuerdas, por lo que veo en la foto era muy bonita...
Un abrazo!
2 Septiembre 2007 | 12:34 AM