MUERE FRANCISCO UMBRAL

Son casi las siete de la mañana canaria y me acaba de despertar un sueño TREMENDO, que espero no sea premonitorio, en el que he vivido un movimiento sísmico tan terrible y tan duradero que, al recuperar la consciencia, no sabía si había ocurrido en realidad o se trataba de sólo eso: una vivencia onírica.

Sin embargo, como me conozco un poquito y como no es la primera vez que lo soñado se vuelve tangible, me he lanzado hacia la búsqueda de información y me he topado con la noticia del fallecimiento del gran Paco Umbral.

Para alguien como yo, que ha hecho del mundo de la palabra, su universo vital, su marcha ha constituído un mazazo que,aunque esperado, ha provocado el temblor de montañas de recuerdos, vivencias y lecturas.

El gran escritor y articulista Francisco Umbral ha fallecido, en el Hospital Montepríncipe de Boadilla de Monte (Madrid), por un fallo cardiorrespiratorio, pasada la una de la madrugada a los72 años.

Su bufanda blanca al cuello y sus gafas de pasta, le otorgaban cierto aire bohemio que, unido a una personalidad arrasadora, a una voz profunda y carismática y a incontables participaciones televisivas, le hicieron muy conocido entre el gran público.

El autor madrileño ha sido una de las figuras literarias más relevantes de España en las últimas décadas, con numerosos reconocimientos, entre los que destaca el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996, el Premio Cervantes de 2000 y Mesonero Romanos de Periodismo en 2003. Su salud comenzó a resentirse en ese mismo año, el 2003, cuando se le extirpó una parte del colon y, posteriormente, sufrió una grave neumonía.

La capilla ardiente será instalada a partir de las 14:30 horas en el mismo hospital, donde es velado por su mujer, María España, y otros allegados, en la más estricta intimidad. Será incinerado, mañana miércoles, en una ceremonia civil, por expreso y propio deseo.

CLARO EJEMPLO DE FORMACIÓN AUTODIDACTA

Nacido el 11 de mayo de 1935, en Madrid, pasó su infancia y adolescencia en Valladolid donde comenzó su pasión por la lectura, centro de su vida y de la que aprendió de forma autodidacta. Sólo pisó un centro de enseñanza desde los 10 a los 11 años. Entonces le echaron y nunca más volvió.

Dio sus primeros pasos como periodista en "El Norte de Castilla", dirigido por Miguel Delibes, donde comenzó a escribir en 1958.

Tras su llegada a Madrid, a principios de los 60, empezó a colaborar en "La estafeta literaria" y "Mundo Hispánico". Después también colaboró con "El País", "Diario 16" y, hasta el día de hoy, en"El Mundo".

Entre sus más de 80 libros publicados, destacan "Las ninfas" (1975), "Mortal y rosa" (1975), "La noche que llegué al Café Gijón" (1977), "Trilogía de Madrid" (1984), "Madrid 1940: Memorias de un joven fascista" (1993) y "El socialista sentimental" (1999).
Sus últimas obras han sido "Madrid, tribu urbana" (2000); "Un ser de lejanías" (2001); "¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary?" (2003); "Los metales nocturnos" (2003); y "Días felices en Argüelles'" (2005).

Su prolífica labor fue reconocida también con galardones como, entre otros, el Premio Nadal (1975) por "Las ninfas", Premio César Ruano de Periodismo (1980), Premio Mariano Cavia de Periodismo (1990), Premio de la Crítica de 1991 en narrativa castellana por "Leyenda del César visionario", Premio Nacional de Periodismo (1994) y el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos.

Hoy hemos perdido a uno de los más grandes columnistas y articulistas y a un incisivo y, sin embargo, lírico narrador de historias.

Hoy se nos ha ido uno de los personajes estrella de la transición española: un monstruo de la rutinaria observación diaria, capaz de otorgarle, luego, el mejor de los ritmos, con la maestría que sólo las plumas mágicas son capaces de transmitir.

Hoy, el Canon de Pachelbel, quizá la composición musical que más versiones y variaciones ha "sufrido" a lo largo de la historia, se disfraza con un tapiz de melancólicas, sonoras, orgullosas y dulces letras, para servirle al escritor de alfombra lectora, que le indique el camino a seguir hacia su eterna nebulosa de sentimientos por contar y vidas que crear.

Hoy soy yo la que intenta alcanzar el fruto del consuelo para ofrecérselo a mis desconsoladas y entristecidas Musas.

Gracias por todo lo que nos regalaste, maestro. Gracias por llevarme hasta Madrid hace ya unos cuantos lustros. Gracias por intentar enseñarme a entremezclar letras que logren, a veces, emocionar a los corazones ajenos. Gracias por las carcajadas provocadas en nuestros rostros y por las lágrimas que, ahora mismo, se deslizan por mis mejillas. Gracias por tu ironía, tu inteligencia y tu elegancia. Gracias por ser un faro en este camino diario de soledades por compartir y de susurros sobre los lóbulos del espíritu.

Descansa en paz. Ayer Emma Penella se te adelantó para esperarte sobre el mortal escenario vital. Caminad juntos, disfrutad del último chocolate con churros y no dejéis de brillar.

Hasta siempre, Paco.