Dicen que a San Francisco de Asís lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (católicos, protestantes y ortodoxos) todos estarán de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, incluso muchos no cristianos ni creyentes, lo quieren y lo admiran.

A San Francisco de Asís lo quieren los pobres, porque él se dedicó a vivir en total pobreza, pero con gran alegría.

A San Francisco de Asís lo estiman los ecologistas porque él fue el amigo de las aves, de los peces, de las flores, del agua, del sol, de la luna y de la madre tierra.


NACIMIENTO Y CONVERSIÓN

Nació en Asís, Italia, en 1182, bajo el nombre de Giovanni.Su madre se llamaba Pica y fue sumamente amada por él durante toda su vida. Su padre era un rico comerciante de paños que formaba parte de la burguesía de Asís y que viajaba constantemente a Francia a las ferias locales. Entre algunas versiones, fue la afición a esta tierra la que motivó que su padre le llamara después como Francesco o el francesito.También es probable que el pequeño fuera conocido después, de este modo, por su afición a la lengua francesa y los cantos de los trovadores. Francisco recibió la educación regular de la época en la que aprendió latín.

De joven le gustaba asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.

En sus años juveniles la ciudad ya estaba envuelta en conflictos para reclamar su autonomía del Sacro Imperio. En 1197 lograron quitarse la autoridad germánica, pero desde 1201 se enfrascaron en otra guerra contra Perugia, apoyada por los nobles desterrados de Asís. Francisco salió a combatir por su ciudad y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que aprovechó para meditar y pensar seriamente en su vida.

Al salir de la prisión se incorporó otra vez al ejército de su ciudad y se fue a combatir. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche, en sueños, sintió que le presentaban el cambio de lo que él había obsequiado: unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.

Francisco no llegó al campo de batalla porque enfermó y, en plena enfermedad, oyó que una voz del cielo le decía: "¿por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?". Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y disfrutar, sino a meditar, en serio, acerca de su futuro.

La gente, al verlo tan silencioso y meditabundo, comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: "sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe". Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, es decir, de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús... Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.

Paseando un día por el campo, encontró a un leproso lleno de llagas y, venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó. A partir de entonces empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.

SEGUIMIENTO DE CRISTO

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia en ruinas de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía: "Francisco, repara mi casa, que está en ruinas". Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián y se fue a su casa, vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le llevó dinero al capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba temiendo la reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone.

Su padre, al darse cuenta de la conducta de su hijo, fue molesto en su búsqueda, pero Francisco estaba escondido y no lo halló. Un mes después fue él mismo el que decidió encarar a su padre. En el camino a su casa, fue mal recibido por la gente que lo encontró, y creyéndolo un lunático, le lanzaron piedras y lodo.

Su padre le reprendió severamente, tanto que le encadenó y lo encerró en un calabozo. Al ausentarse aquel por los negocios, la madre le libró de las cadenas. Cuando regresó, fue ella quien recibió sus reprimendas y fue otra vez en búsqueda del muchachoa San Damiano, pero Francisco se plantó con calma y le reafirmó que enfrentaría cualquier cosa por amor a Cristo. Pedro, más preocupado por lo perdido en su patrimonio, acudió a las autoridades civiles a forzarle a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de ya no pertenecer a la jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la iglesia.

Se sometió ante la llamadade la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, se quitó los atuendos ante los juzgadores, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre.El Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida.

Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: "¿usted quién es? Él respondió: "yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey". Los otros no entendieron qué les quería decir con ésto y le dieron una paliza.

Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián y, para ello, empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.

En la Porciúncula fue donde Francisco empezó su comunidad. Porciúncula significa "pequeño terreno". Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas a 4 kilómetros de Asís. Los Benedictinos le dieron permiso para irse a vivir allí y a él le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Virgen.

En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él por medio del Evangelio de ese día, que consiste en el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: "id a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No llevéis dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiaros. Lo que gratis habéis recibido, dadlo también gratuitamente". Francisco tomó esto al pie de la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta.

El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: "mi Dios y mi todo". Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula.

El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez.

Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba. En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: "no les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio". Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula.

Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. Uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.

Bajo la pobreza demandada por Francisco, los frailes hacían sus labores diarias: atendiendo leprosos, empleándose para monasterios, casas particulares y trabajando para granjeros. Pero las necesidades cotidianas hacían la colecta de limosna inevitable, lo cual alentaba a hacerlo con alegría por haber elegido el camino de la pobreza. Comenzó también la expansión del mensaje evangélico, para ello los organizó a viajar de dos en dos.

Clara, una joven noble de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco y, abandonando su familia, huyó para comenzar una nueva vida, abrazando la pobreza y viviendo más de cerca el Evangelio. Junto con Clara, Francisco fundó la orden de Hermanas pobres de san Damian.

Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado "El Capítulo de las esteras", se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos.

Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, mientras no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.

En 1219 se embarcó hacia el oriente, pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo, donde los cruzados estaban bajo la orden del duque Leopoldo de Austria. Allí, Francisco les previno que había sido alertado por Dios a no realizar ningún ataque. Ante sus palabras los soldados se burlaron de él. El resultado de la batalla fue un desastre. Continuó su estadía y el aprecio hacia su persona crecía, incluso algunos caballeros abandonaron las armas para convertirse en frailes menores.

Tomó como misión la conversión de los musulmanes. Para ello se acompañó del hermano Illuminato para adentrarse en esas tierras. Al encontrarse con los primeros soldados sarracenos fue golpeado, pero inmediatamente pidió ser llevado ante el Sultán, siendo éste al-Malik al-Kamil.

Según las crónicas de Buenaventura el poverello, en su afán de convertirle al cristianismo invitó a los ministros religiosos musulmanes a adentrarse con élen una fogata, para así demostrar cuál religión era la verdadera, peroellos rehuyeron ante la propuesta. Francisco se ofreció a entrar solo y retó al Sultán a que si salía ileso seconvirtiera e incitara a su pueblo a hacerlo,pero el Sultánrehusó la posibilidad de hacerlo. Al final, sus pretensiones se frustraron. Tiempo después obtuvo del sultán de Damasco (hermano de al-Malik) permiso para visitar Siria y Tierra Santa.

Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió. Por no cuidarse bien de las calentísimas arenas del desierto de Egipto, enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego.

MENSAJERO DE PAZ Y BIEN

San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, el Cántico del Hermano Sol en el cual alaba a Dios por el sol y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación:

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria,
el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer
de ti mención.

Alabado seas, mi Señor, con todas
tus criaturas, especialmente el hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana
luna y las estrellas, en el cielo las has
formado luminosas y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano
viento, y por el aire y el nublado y el sereno
y todo tiempo, por el cual a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana
la madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores
y hierba.
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que
perdonan por tu amor, y soportan enfermedad
y tribulación.

Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la
muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente
puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados
aquellos a quienes encuentre en tu santísima
voluntad, porque la muerte segunda no les
hará mal.

Alabad y bendecid a mi Señor, y dadle gracias
y servidle con gran humildad.

Amén.

Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia.

Su saludo era "Paz y bien". También fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad, después de organizar el primer nacimiento viviente en Greccio.

Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: "El Amor no es amado". Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.

Siempre quiso identificarse con Cristo y su Evangelio, y buscaba una respuesta de Dios que confirmara esta aventura a la que tantos hermanos se habían unido. Finalmente, esta respuesta llegó el 17 de septiembre de 1224 en el monte Alvernia, cuando el Señor le regaló las llagas de su pasión.

El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios.

CONTEXTO HISTÓRICO

En el siglo XII se concretaron cambios fundamentales en la sociedad de la época: el comienzo de las cruzadas, el incremento demográfico, la afluencia del oro (entre otros), influyeron en el incremento del comercio y el desarrollo de las ciudades. La economía seguía teniendo su base fundamental en el campo, dominado por el modo de producción feudal, pero los excedentes de su producción se canalizaban con mayor dinamismo que en la Alta Edad Media. Aunque todavía no se estaba produciendo una clara transición del feudalismo al capitalismo y los estamentos privilegiados (nobleza y clero) seguían siendo los dominantes, como lo fueron hasta la Edad Contemporánea, los burgueses (artesanos, mercaderes, profesionales liberales y hombres de negocios) comenzaban a tener posibilidades de ascenso social.

La iglesia, protagonista de ese tiempo, también se vio influída: eran no pocas las críticas a algunos de sus ministros que se preocupaban más por el crecimiento patrimonial y sus relaciones políticas de conveniencia.
Debido a ello, diversos movimientos religiosos surgieron en rechazo al estado de la iglesia en esa época o se dedicaron a vivir más de acuerdo a los postulados de una vida pobre y evangélica. Algunos de ellos crecieron fuera de la institución y vivieron a su manera. Éstos fueron rechazados hasta el punto de considerarles herejes. Los Cátaros, por ejemplo, predicaban entre otras cosas el rechazo a los sacramentos, las imágenes y la cruz. Otras organizaciones, como la creada por Francisco de Asís, por el contrario, nacieron bajo sumisión a la autoridad católica.

LA FAMILIA FRANCISCANA

Los seguidores de San Francisco son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica, y está formado por religiosos (primera orden), religiosas (segunda orden) y laicos (tercera orden).

El Espíritu y el devenir de los tiempos han hecho que el árbol de la familia franciscana se ramifique en numerosas órdenes religiosas y grupos que quieren seguir los ideales del pobre de Asís.