LA HISTORIA DEL OSO FRITZ

Fritz fue abandonado, como tantos otros peluchitos, al pie de un contenedor, justo enfrente de la puerta de un edificio, de cierto paseo de Barcelona, en el distrito de Nou Barris. Era muy triste verle solito, desconsoladito y desamparado, esperando la hora de que llegara el camion de la basura a llevárselo, para siempre, olvidado por todos.

Era un oso grande. Quizá por eso, sus antiguos amos se deshicieron de él. Quizá por eso, no se esforzaron en abrir la tapa del contenedor para tirarlo dentro (lo cual hubiera supuesto su sentencia definitiva) o, simplemente, haciendo gala de un último gesto compasivo, decidieron darle una oportunidad, por si alguien pasaba por delante y, al verlo, se decidía a adoptarlo.

Y ocurrió... Cuando menos se lo esperaba, Fritz fue arrastrado por la frente hasta un portal y montado en un viejo ascensor que se paró en el último piso, el piso sexto. ¿Era posible que alguien le quisiera, aún sucio, siendo tan grande y estando tan viejito?

Cuando quiso darse cuenta, Fritz estaba metido en una bañera: ¡¡¡sus patotas empezaban a mojarse y a remojarse!!!

Al cabo de un rato, era frotado, de manera enérgica, al menos durante media hora, por todo su suave y orondo cuerpo. Durante el lavado, se le desprendió un ojito, pero confió en que la infalible e indolora cirugía peluchera solucionaría este inconveniente, con extrema facilidad.

Por un instante, al lavarle, su nuevo amito creyó ver, en sus ojos negros y brillantes, una mirada de agradecimiento mientras le frotaba por todas partes. Fritz empezaba a darse cuenta de lo que estaba ocurriendo:¡¡¡había sido adoptado!!!

Ahora, en el momento de relataros este cuento de una noche de verano, Fritz reposa en la bañerita, en su primera fase de secado. De momento, tuertito, pero con su ojito despegado a buen recaudo, bien guardado.

¡Qué suerte has tenido, Fritz! Pese a que yo ya no habite el mismo espacio que tú ahora, aunque no pueda abrazarte cuando, de nuevo, te sientas fresco, limpio y seco, sé que tu amito, ése que me ha remitido a través del correo electrónico, tu propia historia, te cuidará perfectamente.

Te mimará y atenderá como yo le enseñé y como él ya sabía pero había olvidado. Porque Fritz, debes saber que la mayoría de hombres y de mujeres, al cumplir años asesina al niño que todos llevamos dentro, creyendo, de forma errónea, que ser adultos implica dar la espalda a la ternura, a lo noble, al juego, a la fantástica realidad, a la imaginación y a la magia. Eso fue lo que les ocurrió a tus anteriores dueños.

Me gustaría poder llegar a conocerte algún día, Fritz. Me gustaría poder llegar a devolverte todo lo que me has aportado de bueno, sin tú siquiera saberlo, en una madrugada solitaria de domingo. Madrugada de temores, dudas, interrogaciones, esperanzas y "comezón de ideas y sentimientos".

Mientras, sé que todos tus compañeros de estanterías, sillones, mesas y camas te hablarán mucho de mí y, además, lo harán de la forma más "ecéz" posible. Os quiero. Siempre os querré y os llevaré aquí adentro: en la parte más amada, infantil, inolvidable, cálida y mágica de mi adulto corazón.

(Escrito en la madrugada del 14 al 15 de Julio del 2007)