HASTA SIEMPRE CHINITA:
SALUDA A TODOS DE MI PARTE
Sabía que alguno de vosotros se iría y también sabía que tú eras la mejor candidata para seguir viaje, debido a tu edad, muy alta ya para un ratoncito como tú.
Siempre que me he alejado de vosotros, siempre, uno de ustedes ha continuado camino hacia vuestro particular y maravilloso cielo. Por eso, cuando dejé esa casa, la que ha sido mi casa, nuestra casa, durante los últimos siete años, casi en un susurro te lancé un "hasta siempre, te quiero", porque algo dentro de mí me decía que sería la última vez que nos veríamos por aquí abajo.
Sin embargo, al salir por la puerta del hogar, mantenía la esperanza de volver pronto y de que, aún, estuvieses esperando mi retorno en tu rosada rueda, trotando y trotando, a la búsqueda de alguna golosina verdosa que te lleváramos a tu mordiente boca.
Sé que muchos de los que ésto lean se dirán: "¡qué tontería!, ¡todo esto por un simple ratón!" No les culpo por ello ya que no tuvieron el placer de descubrirte, la dicha de conocerte ni la alegría de compartir espacio, tiempo y recuerdos junto a un ser tan tierno y "ecéz" como tú.
Ahora, cuando un frío y triste SMS me ha traído la noticia de tu muerte, regresa hasta mi mente aquel día de cálida primavera en que, durante un paseo por las populosas ramblas barcelonesas, Rafa te descubrió, solita, dentro de un transportín rojo. Los dos te miramos embelesados, pero hacía muy poco tiempo de la marcha de Atila, tu antecesor y yo no me había recuperado aún de su pérdida. Así que, egoístamente, dije que no a la posibilidad de comprarte.

Paseamos y paseamos subiendo las Ramblas hasta Plaza de Cataluña, luego el Paseo de Gracia y, finalmente, cuando descendíamos por los letales escalones del metro, Rafa se paró y me dijo: "voy a por el ratoncito". Se giró y, pasando de mi opinión, se largó en tu busca.
Enfadada y molesta, ofendida y a regañadientes, asfixiada y muerta por el calor, no os esperé y, sola, me adentré en la boca del lobo hasta montarme en el gusano loco del oscuro subsuelo capitalino.
Una estación, otra más y así hasta siete. Llegué a casa, me desnudé, me metí en la ducha y, cuando me di cuenta, estaba preparándote la jaula, buscando las mejores virutas, lavando uvas y preparando semillas.
Cuando apareciste, dentro del colorado transportín, te bauticé como "Mao", creyendo que eras un macho. Pronto te hiciste a tu nueva situación yte lanzaste a tu rueda loca, girando y girando sin cesar.
Recuerdo también cuando, hace un año más o menos, te descubrí un inmenso quiste en el pecho. Como un par de posesos, corrimos contigo hasta "Exotics", centro que, hasta el día de hoy, regentan los mejores profesionales veterinarios con que me he topado y eso que conozco ya a unos cuantos.
La diligente y simpática Neus, tu doctora, nos confirmó que de macho nanai, que eras toda una señorita y, desde entonces, te pasaste a llamar "Chinita". Nos indicó un tratamiento antibiótico que deberíamos seguir contigo, en casa, cada 12 horas. ¡Tenía que darte de beber, por medio de dos jeringuillas dos líquidos distintos! ¡Y pesabas 22 gramos! Sólo el intentar agarrarte ya nos supondría toda una odisea porque eras más rápida que el ojo humano. Pero lo haríamos.
Y lo hicimos y ese fue el comienzo de una maravillosa amistad. Te encantaba estar en mis manos.

Con sumo cuidado, te atrapaba con una servilleta de papel, te dábamos tu tratamiento y luego, para que te relajaras y volvieras a tu hogar de virutas con un bello recuerdo, ahuecaba las palmas de mis manos y te hacía una cuevita donde te refugiabas. Incluso me permitías besarte y, acurrucada contra mis valles, te dejabas dormir, protegida y segura.
Pero por más que hicimos y, aunque el quiste bajó de tamaño, era necesario operarte. Neus nos sorprendió al preguntarnos si estábamos seguros de hacerlo porque la operación costaba dinero, además de que implicaba un riesgo al tratarse de un bichito de tan pequeño tamaño. Pregunté hasta cuánto ascendía el costo, imaginando una suma estratosférica y pensando para mis adentros: "aunque estemos a caldo y naranjas durante tres meses, la operamos". Cuando nos dijo que se trataba de 30 euros, no comprendí nada.
Nos explicó que mucha gente, muchos dueños supuestamente responsables, optan por no seguir adelante cuando comprueban que la intervención es más cara que el coste de la compra del propio ratoncito. No podía creerlo: ¡por 30 euros dejaban morir, retorcido de dolores, a un ser vivo, a un miembro de la familia! 30 euros que te gastas al ir al cine y comprarte unas cuantas golosinas y palomitas. ¡Qué vergüenza de especie, ésta a la que pertenezco!
Eras una luchadora nata y saliste perfecta de la operación. Contigo aprendí que los roedores tenéis una capacidad tremenda de recuperación porque siete horas para vosotros son como una semana humana -por eso nos parece que vivís tan poco y por ello vuestro acelerado ritmo de vida- y a las seis horas de operarte ya estabas en casa, de regreso, con tu cicatriz, tus puntos y más feliz y activa que nunca.

Acabo de descubrirme una sonrisa en el rostro al evocar todos estos maravillosos y únicos momentos que nos permitiste compartir contigo. Desde que me enteré de tu marcha, no he podido llorar. Fíjate qué cosas. Yo, que soy una llorona integral, que de pequeña lloraba viendo Drácula porque "ese señor nunca puede dormir bien", la que siempre llora en las finales deportivas aunque se trate de un Marte FC - RC Júpiter, que ni me va ni me viene, aún no me he podido romper con tu subida a los cielos.
Me hubiese gustado estar a tu lado. Seguramente, habría sido yo la que te hubiese descubierto, tal y como estabas: dormidita dentro de tu casa, en medio de esa camita de virutas y paja que te construías, pegada a tu ratón rojo de fieltro. Sí, ese que metiste tú sola a través de los túneles hasta llegar a tu mansión y que tanto lamías, peinabas y acicalabas. Mehabría gustado que hubiésemos ido los dos a ofrecer tu precioso cuerpecito a la madre Gaia al mismo parterre que se ve desde la que fue mi ventana y que, ahora, le hace las veces de cama eterna a tu forma orgánica.
Mi mente y mi alma no cesan de viajar en el tiempo y el espacio y, justo en este momento, en que te vuelvo a ver, recorriendo toda la casa dentro de tu gran bola transparente, es cuando mis ojos comienzan a derramarse en una danza de lágrimas incansables que itentan seguir el ritmo de los sonidos que provocas al chocar contra los distintos muebles.
Te has ido y, sin embargo, estás aquí, en mí, conmigo, es el milagro del amor quien lo hace posible. Son estas lágrimas las que me vuelven a gritar, una vez más, que siempre permanecerás a mi lado y, del mismo modo mágico, estarás junto a él.

La misma vida que nos unió, ha decidido que separemos nuestros caminos, pero vosotros, los seres que tanto hemos amado y que tanto nos habéis dado, nos vigiláis y esperáis, felices, serenos y tranquilos, jugando y correteando entre las raíces del viejo Sabius, ese gigantesco, anciano, noble y maravilloso roble que preside vuestro hogar celestial.
Chinita, diles a todos que os amo, que os recuerdo constantemente. Cada día me acuerdo de Lenin, de Ewa, de Nano, de Beckham, de Raulita, de Guanche, de Atila, de Coco, de Vicky, de Lara, de Pitu, de Pi, de Tomeu, de Uro, de Misha 1, de Arturito, de Chinito...A todos os extraño y todos os llevásteis un trocito de mi corazón: el más acogedor, cálido, dulce y amoroso.
Puede que, dentro de poco, la vieja Luna, marche también hasta donde hoy te has ido tú. Ya tiene más de 17 años y esa cantidad, para una perra es casi un milagro. Te encargo que la cuides mientras yo no pueda cuidaros a cada uno de vosotros.
Sed felices, continuad iluminando vuestra, ya maravillosa, senda de luz y recibid este ingente caudal de besos disfrazados bajo la forma de desbordadas lágrimas.
Te quiero, Chinita. Gracias por compartirte. Gracias por ayudarme a ser mejor. Hasta luego.
30-04-05.jpg)
(Texto escrito en la madrugada del 27 al 28 de Junio del 2007)


































































































churru dijo
Uuuuf, te entiendo bien Clito. Yo he tenido como 10 hamsters (a veces de uno en uno, a veces dos, y una vez 5 de golpe porque la pequeña que compré pensando que era macho, venía con 4 regalitos dentro). Hace como 4 años que dejé de tenerlos, cuando murió el último, porque me daba demasiada pena, cada 3 o 4 años, pasar por lo mismo. Regalé jaulas, bola, rueda, para no caer en la tentación otro año.Seguro que Chinita tuvo una buena vida y te está agradecida por ello.
30 Junio 2007 | 12:49 AM