...Y SIN CEREBRO TE QUEDARÁS DE TANTO VER LA CAJA BOBA.

Tengo que estar haciéndome vieja porque comienzo a alucinar con según qué títulos y a flipar con según qué bodrioproductos que nos prometen, de antemano, el oro y hasta al moro.

Antes de ayer me enteré, gracias al 20 Minutos, de que Bea, la fea de la cadena del "cinco lobitos" está a punto de transformarse en guapa, millonaria, empresaria y enamorada feliz.

Os confieso que esta serie es de las pocas cosas que veo de la oferta ofrecida por la pequeña pantalla: me parece entretenida, bien interpretada y me evade durante cerca de una hora. Eso sí, para no perder mis sanas costumbres, la grabo y la veo cuando no tengo nada mejor que hacer. Lo de pasar de disfrutar de cosas interesantes o necesarias por sentarme delante de la tele, hace tiempo que ya no va conmigo.

Pues bien, como os decía, la fea está llegando a su esperadísimo final y, en cuanto desaparezca a comer perdices con su amado Alvaro, nos esperan tetonas siliconadas a porrillo. Os explico.

Se está preparando, ya, una adaptación de un culebrón colombiano que lleva por nombre Sin tetas no hay paraíso.

Su argumento trata de una joven de 14 años, cansada de ser pobre y que asiste a la escuela secundaria sin grandes espectativas de futuro. La chica decide, entonces, seguir los pasos de sus amigas y aquí viene lo bueno: quiere unos implantes de silicona en el pecho para conseguir un "buen novio mafioso" que la mantenga económicamente y le regale ropa lujosa y joyas. Como diría una antigua compi mía de radio: "¡ojoplática me quedo!"

Para lograrlo, la protagonista acaba convirtiéndose en prostituta y, de ese modo, sacar el dinero suficiente y lograr operarse.

¡Cuánta hipocresía socio-política hay que tragarse a diario! Luego usarán dinero público para campañas de concienciación contra la obesidad y la anorexia.

Si ya era poco el machaque continuo, desde el universo publicitario, de lo indispensable de poseer un cuerpo 10 -entendiendo un cuerpo 10 como uno sumamente delgado, pero con implantes por todos lados-, entre fritangas varias y bocatas basura, ahora resulta que la meta máxima para una adolescente es poseer dos pelotas de balonmano a ambos lados del esternón.

Cada día lo tengo más claro: ¡meteoritoooooooo!, ¿por dónde andas?