CARTA ABIERTA A GUANCHE: ¿DÓNDE ESTÁ MI CONEJITO?
Hoy hace dos meses que te fuiste y no pude despedirme de ti porque las circunstancias de la vida me llevaron hasta mi islita volcánica.
Hoy hace dos meses que te lloré todo un océano de momentos inolvidables, de silencios compartidos, de cruzadas miradas, de distancias rotas y de dolorosas separaciones.
Habías caído enfermita al poco de irme de Barcelona. Pensábamos que lo superarías (al menos yo lo pensaba) y, de ahí, ese terrible mazazo que la voz de tu amor imposible me propinó desde el hilo telefónico, al contarme que te habías marchado.
Hoy, cuando ya hace sesenta días de todo aquello, quiero recordar tu llegada hasta mi vida. Estoy segura de que reconocerás la anécdota porque, además de vivirla en primera persona,la comentamos muchas veces en voz alta, haciendo memoria de aquellos primeros instantes juntos.
Una fría tarde de un 6 de Enero, Rafa apareció con un precioso centro de plantas. Asomada a la ventana, lo espiaba desde las alturas y observaba, desilusionada, sus andares tímidos a causa de tan florido regalo. Ya sabes que me encantan las plantas, pero me había hablado tanto de unos preciosos gazapos que veía en la tienda de animales, que pese a mi temor por no haber sido adoptada por ningún conejito antes, vivía ilusionada con difrutar de uno de vosotros durante muchos años.

-"¿Y mi conejito? ¿Dónde está mi conejito?", fueron mis palabras en cuanto Rafa traspasó la puerta de casa.
Con su preciosa sonrisa socarrona me miró y replicó:
-"¿En serio que lo quieres?"
-"Pues claro. Sí..." -contesté.
Y Rafa volvió a salir a la calle.
Cuando te vi me pareciste el ser más tierno que había visto en toda mi vida. Eras una bolita de algodón color blanco con manchas marrones y crema. ¡Y tus características orejas!¡Tan largas y tan caídas!
Inmediatamente te agarré, me senté en el sofá, te puse sobre mis muslos y, casi al instante, te me measte encima.
Fueron pasando los días, las semanas, los meses y comprobaba que le habías elegido a él como dueño. A mí me tolerabas, pero a Rafa le adorabas. Lo tuve claro: tenías que ser una hembra.
Te hiciste adulta. Viajaste a Tenerife con nosotros y fuiste el centro de atención durante todo el trayecto. Aún recuerdo, en la cola del control de seguridad de El Prat a una madre que reprendía a una niña de unos 5 ó 6 años porque "cómo va a ser un conejo, será un gatito". Sonriendo, me acerqué a la nena, giré tu transportín e ignorando por completo a la madre, confirmé las sospechas de la chiquilla que era todo ojos mientras te escudriñaba.

También volaste hasta Mallorca durante la época de obras en el edificio. Fue en ese viaje cuando te quedaste preñada, "sorprendentemente" de Tomeu, el conejo de la familia balear. Yo seguía sospechando tu condición de fémina pero los demás te tomaban por macho, por culpa de tu carácter dominante y territorial.
Una noche, ya todos en Barcelona, observé una pequeña masa rosita que se agitaba sobre el forraje de tu jaula: ¡qué ignorantes éramos! Trajiste a este mundo a cinco maravillas, cuatro de las cuales debieron de dar una fiesta en el cielo de Sabius, el viejo roble, cuando te observaron llegar hace 8 semanas.
No te voy a mentir. A ti no puedo, ni quiero.
El pasado 24 de Marzo, cuando llena de ilusiones regresé hasta el que fue nuestro hogar y me topé con la urna que abraza tus restos orgánicos, me derrumbé. Una vez más me pregunté: ¿dónde está mi conejito?. Me abracé a la pequeña cajita de madera y la empapé con lágrimas de cariño, de dolor, de perdón, de soledad, de cansancio, de derrota, de ausencias.
Una prima muy lejana tuya, ya ocupaba tu espacio, pero no tu lugar, porque eres irremplazable.

Durante muchos días volvía a hundirme cada vez que me sorprendía a mí misma dirigiéndome a ella con tu nombre. "Guanchona", le decía, en vez de Chispa.
Ayer viniste a verme. Estando absolutamente distraída haciendo otras cosas, sin pensar en ti, te vi, sin más, comiendo heno, como siempre lo hacías: tranquila, silenciosa y elegantemente. Fue cuestión de un segundo o dos. Pero aquí estabas y, de hecho, tu ojo izquierdo me miró. Fue todo tan normal, tan natural, que no caí en que "era imposible". Sólo al ver a Chispita sobre el sofá del salón, haciendo de las suyas, reaccioné y me dirigí, hacia el que fue tu cuarto. Ya no estabas. Sin embargo, ya daba igual. Me habías mostrado que estás bien, serena, relajada, como fuiste mientras compartiste tu tiempo y espacio con nosotros.
Hoy quiero pedirte perdón por los momentos que nos robé a ambas para hacer cosas sin importancia.
Hoy quiero decirte "lo siento" por todos esos momentos en que sentí celos de ti por lo maravillosamente bien que te cuidaba, mientras que a mí, me dejaba a un lado.
Hoy quiero darte las gracias por permitirme ser mejor al crecer a tu lado en muchas planos.
Hoy quiero decirte que no me he ido, que no te vas porque, siempre, iremos la una junto a la otra.
Hoy sé dónde está mi conejito y me alegro de que tengas un cielo tan maravilloso como el que te mereces.
Te quiero mucho, Guanche. Te extraño cada día. Cuida mucho de Pitu, Vicki, Coco, Pi y de Tomeu. Sed felices a la sombra del viejo Sabius. Un día volveremos a reir todos juntos y ya no existirán exilios, lágrimas amargas ni sacrificios.
¡Hasta pronto, conejita mía!


































































































el-hombre-del-tibet dijo
La verdad que bonita era ,pero ya sabes la vida y la muerte actuan por su cuenta y sin miramientos.
un beso tesoro
3 Mayo 2007 | 12:59 AM