En la mañana de ayer, el Sur de España sufrió un movimiento sísmico de 6,3 grados en la Escala Richter. Terremoto que se dejó sentir, incluso, en Madrid, en pleno centro peninsular y sacudió las provincias de Sevilla, Málaga, Cádiz y Huelva.
Media hora después del temblor, el servicio de emergencias andaluz había recibido, al menos, una veintena de llamadas de personas pero ninguna de esas llamadas informó de daños graves ni de posibles víctimas. Y aquí es donde aparece mi reflexión.
Hace pocos días, otro terremoto, exacto a éste, sacudió la isla indonesia de Java, causando, en esa ocasión más de 4.600 muertos. Incluso la naturaleza y sus efectos destacan la existencia de ciudadanos de primera y de ciudadanos de segunda.
Si España fuese un país de los llamados "subdesarrollados" -menos los complejos hoteleros que sí que andan desarrolladísimos para los orondos turistas europeos en la gran mayoría de "infrapaíses"- posiblemente, en estos momentos, tendría que estar escribiendo sobre la trágica desaparición de miles de vidas. Sin embargo somos unos privilegiados que nos sentamos ante "la caja boba" a contemplar cómo mueren "los pobres" mientras nos zampamos la hamburguesa, casi sin pensar. Como si de una película de evasión se tratase.
Cada día se muere. Sí. Es cierto. Cada día, los muertos de primera son testigos de la romería de muertos de segunda que intenta alcanzarles y que, aún osa preguntarles "por qué".
Descansen en paz...Los que puedan permitírselo.