Cada día, al abrir tus bellos ojos verdes y tropezar con una marea de animales de peluche que te preguntan por qué me dejaste ir... me vas a echar de menos.

Cuando, aún adormilado, te acerques hasta la cuadrada cocina y te prepares tu diario jugo de naranja, como siempre lo he hecho para ti... me vas a echar de menos.

Al cerrar, a tu espalda, la puerta del que siempre sentiré el hogar perdido y notar la ausencia del aroma del perfume que, como si de un sagrado ritual se tratase, rociaba sobre tu cuello y tus preciosas manos... me vas a echar de menos.

Durante tu largo recorrido hasta tu lugar de trabajo, ahora en silencio, sin el timbre del teléfono móvil diciéndote que te extraño y te quiero, por medio de breves mensajes... me vas a echar de menos.

A la hora de tu descanso, cuando abras tu mochila para alcanzar la reparadora merienda y eches en falta a algún pequeño mensajero de trapo que lleve hasta tu alma la lectura de un breve recado que te recuerde todo lo que te amo...me vas a echar de menos.

Cuando la veas a ella. Cuando la beses de forma casi furtiva. Cuando la abraces discretamente. Cuando la poseas de manera plena. Cuando te rías a su lado. Cuando le acaricies el cabello. Cuando el deseo por su cuerpo se apodere de tu alma. Cuando la saborees por completo. Cuando le susurres un te quiero... me vas a echar de menos.

En el regreso a casa, al imaginar por un instante que yo te estaré esperando, con la sonrisa radiante, vestida de amor, dispuesta a acogerte entre mis fuertes brazos, mientras el aroma de una sabrosa cena nos envuelve... me vas a echar de menos.

Al jugar con nuestros bichitos. Mientras Chinita se relaje con tus suaves cosquillas. Cuando les pongas el húmedo apio a los emplumados cantores. En ese justo momento en que Guanche gire, contenta, alrededor tuyo, pidiéndote su ración de rico pienso... me vas a echar de menos.

Cada vez que El Rifle traspase la meta contraria, en ese instante en que la euforia preside cada garganta en Montjuic. Cuando escuches a Jaime y a Javier mentar a "los otros" y, José Carlos, vuelva a acertar de pleno con cada uno de sus inteligentes y enternecedores comentarios...me vas a echar de menos.

Noche tras noche, madrugada a madrugada, al meterte entre las cálidas sábanas y me busques a tu izquierda, susurrándote un "ven conmigo", mientras agarro tu mano, para dormir asida a ella... me vas a echar de menos.

Cuando te tropieces con don Miguel en la escalera. Al cruzarte con un perro por la calle. Cuando te sientes a ver un rato de tele. Al entrar al messenger. Cuando leas algún nuevo libro. Al jugar una nueva partida del Age o de los Sims. Cuando te cocines unas papas arrugadas. Al soñar con un lago chileno. Cuando te hablen de Canarias. Al llegar Navidad. Cuando te tomes un ardiente caldo. Al entrar a este blog que tan malos recuerdos te trae. Cuando mires un globo con una flor pintada que sonríe feliz. Al sentir como mi ausencia lo llena todo... me vas a echar de menos.

¿Y yo? Yo...